
Correo Tortuga – Carlos de Urabá
Una víctima más en el sangriento prontuario del “glorioso” ejército colombiano.
El ejército colombiano, según la constitución política, tiene la sagrada misión de defender la soberanía y el orden constitucional del país. Aunque en la práctica su verdadero papel es el de salvaguardar la propiedad privada y proteger los bienes e intereses de la oligarquía.
El régimen cívico-militar colombiano cuentan con un pie de fuerza de casi
cuatrocientos mil efectivos, repartidos entre policías y militares -la inmensa mayoría pertenecientes a los estratos más bajos de la sociedad-, o sea, hijos de campesinos, obreros y trabajadores, dispuestos a ofrendar sus vidas en honor a sus patrones.
¿Cómo mantener a raya a 20 millones de pobres y a 8 millones de indigentes? No queda otra alternativa que usar a la fuerza pública para intentar contener la rebelión social.
La delincuencia también debemos considerarla una guerra popular contra el estado corrupto y opresor. En ciertas épocas del año el ejército colombiano realiza su campaña de reclutamiento
por los pueblos y ciudades del país. Buscan carne de cañón, llegan por sorpresa y
detienen a los jóvenes con el fin de comprobar su situación militar. Si carecen de
la libreta de inmediato son remitidos en camiones a los cuarteles para ultimar los
trámites de incorporación a filas. Este es en toda regla un secuestro legal y no hay
objeción posible pues de inmediato serían calificados de traidores a la patria. El
ejército necesitan sangre fresca que avive el fuego diabólico de su maquinaria
guerrerista.
Pero lo más curioso es que las batidas de reclutamiento jamás pasan por los barrios
altos, los condominios o las zonas residenciales donde habitan las clases más
pudientes. En conclusión, la defensa de la patria es una tarea exclusiva de los más
pobres.
El adoctrinamiento de los futuros soldaditos se inicia desde la escuela donde los
maestros les inculcan el amor por las armas y el espíritu nacionalista. Sin olvidar
quizás la lección más importante: el respeto a la jerarquía para que entiendan ante
quien tienen que agachar la cabeza.
Los medios de comunicación también cumplen un papel fundamental en la forja del
orgullo belicista. Porque es preciso sembrar un sentimiento de odio y de venganza;
los buenos contra los malos, los rojos contra los azules. Necesitamos elegir un
enemigo contra el cual descargar nuestras iras. El arte de matar sucita un gran
atractivo y muchos jóvenes sueñan con empuñar las armas y verse coronados igual que
sus héroes favoritos.
La libreta militar es un documento imprescindible para obtener empleo, diplomarse,
firmar contratos o tramitar el pasaporte. Todo ciudadano que se precie debe portarla
aunque también se pueden adquirir fraudulentamente comprándolas a oficiales
corruptos ( las ofertas oscilan entre 400.000 pesos y 600.000 pesos) o falsificando
documentos que certifiquen que el interesado sufre alguna enfermedad grave o está
cursando estudios superiores. Como es el conocido caso de Tomás Y Jerónimo, los
hijos del presidente Uribe, que no van a la guerra que promueve con tanto ahínco su
papacito.
Por la prestación del servicio el soldado devenga 70.000 pesos mensuales, que
teniendo en cuenta el coste de la vida es una suma irrisoria que no sirve para nada.
De ahí que la gleba tenga que poner de su propio bolsillo para mantenerse
dignamente. No olvidemos que los sacrificios son pocos con tal de pertenecer al
glorioso ejército nacional.
A los generalotes les encanta jugar con sus soldaditos de plomo, planificar las
batallas y mover las fichas sobre el tablero a su antojo. No les dejan ni tiempo
libre pues con todo el descaro los obligan a realizar labores domésticas en sus
residencias y haciendas como jardineros, cocineros, chóferes, mecánicos,
electricistas o guardaespaldas.
El soldado que tras 18 meses de serviciomilitar obligatorio desee continuar en el
ejército o la policía debe firmar un compromiso como soldado profesional cuyo sueldo
básico es de 900.000 pesos mensuales, más pagas extras, dietas, seguro médico
familiar, descuento en comisariatos o supermercados y alguna que otras subvenciones
nada despreciables. Esta es una opción muy recomendable para una juventud cada día
más agobiada por el desempleo y la falta de oportunidades.
Según los analistas Las fuerzas armadas colombianas se consideran una de las más
grandes de Latinoamérica. Los Estados Unidos por medio del Plan Colombia les
entregan una inestimable ayuda de 500 millones de dólares anuales. Aunque el gran
total del Ministerio de la Guerra asciende a los 21,12 billones de pesos (11.057
millones de dólares) es decir, superior a los 20 billones de pesos (10.500 millones
de dólares) que recibe el Ministerio de Educación. Definitivamente la paz no puede
competir con los beneficios económicos que genera la guerra.
La política de seguridad democrática, implementada por Uribe Vélez, es una doctrina
autoritaria cuyo principal objetivo es la defensa de los intereses de la oligarquia,
es decir, tiene que velar por el patrimonio de los hacendados, empresarios,
industriales o inversionistas extranjeros. La militarización del país es la única
alternativa para conducirlo por la senda de la prosperidad y el progreso.
Al estado colombiano no le interesa prevenir el delito, sino castigarlo, es un
estado represor que necesitan más policías, más militares, más cárceles, más fosas
comunes, más armas, más torturas, exterminio, muerte y desapariciones.
El ejército colombiano desde siempre ha simpatizado con los principios ideológicos
del fascismo. El Fuhrer, Franco o Mussolini han sido sus más destacados
inspiradores. Por eso a nadie debe extrañarle que se haya aliado a los paramilitares
provocando uno de los más abominables genocidios jamás conocidos en nuestra historia
contemporánea.
La violencia en Colombia ha dejado miles y miles de muertos, desaparecidos, heridos,
desplazados, inválidos, viudas, huérfanos, una cifra que se dispara sin que el
gobierno tenga la voluntad de detener esta espantosa sangría.
En los últimos años han salido a la luz pública el maltrato recibido por los
soldados en los cuarteles.Durante el período de instrucción los oficiales sin piedad
les aplican brutales castigos a los reclutas; se les tortura, se les viola con el
cañón de la ametralladora o se queman con hierros candentes para comprobar su grado
de resistencia. El fin principal es crear monstruos dispuestos a devorar sin
contemplación a sus enemigos.
No entendemos porqué esas madres hacendosas que crían amorosamente a sus hijos, esos
padres que se desvelan y les brindan todo su cariño, cuando cumplen diez y ocho años
se los entregan en el cuartel para que un cabo o un sargento los dome a patadas y
puñetazos. Pero bueno, así son las tradiciones de la sociedad civilizada y hay que
respetarlas.
Este es apenasel prólogo de una historia cruel y desgarradora que a continuación voy
a relatar, una historia que descubre en toda su magnitud el grado de perversión y
barbarie alcanzado por el glorioso ejército colombiano.
El año pasado mientras caminaba en la plaza de Bolívar de Bogotá encontré a un
personaje cubierto con la bandera de Colombia y una pancarta colgada en el pecho en
la que se veía impresa la foto de un soldado. El hombre al verme venirme entregó un
volante en el cual explicaba el motivo de su protesta.
“A mi hijo el cabo Raúl Antonio Carvajal Londoño lo asesinaron en el Norte de
Santander por no querer hacer falsos positivos. Al parecer fueron los mismos
comandantes que él tenía”
A continuación se presentó como Raúl Carvajal Perez, transportador del mercado de
Montería, Córdoba, y padre del suboficial del ejército Raúl Antonio Carvajal
Londoño, asesinado por sus propios mandos en oscuras circunstancias. ¿asesinado por
sus propios mandos? Esto es algo inaudito, pensé en mis adentros.
Inmediatamente entablamos una larga conversación sobre los pormenores de tan trágico
suceso. Don Raúl portaba una voluminosa carpeta donde tenía clasificados infinidad
de documentos probatorios de su infructuosa lucha por hacer justicia. En Colombia
este es el pan de cada día; las desapariciones forzadas, las ejecuciones
extrajudiciales o falsos positivos para cobrar recompensas y ganar ascensos.
¿Por qué ejecutaron al cabo Raúl Carvajal Londoño ? ¿por qué se hizo un montaje para
eliminarlo y culpar a la guerrilla?
Son interrogantes que poco a poco intentaremos dilucidar. Sentados al a sombra de la
estatua del libertador Simón Bolívar, don Raúl Carvajal me fue poniendo al tanto de
su odisea mostrándome infinidad de documentos originales, las cartas que presentó a
las distintas entidades y funcionarios, como, por ejemplo, a la Dra. Marisol Ariza
Piñeros Coordinadora de atención a las víctimas de la unidad Nacional de Derechos
Humanos, al Coronel Juan Carlos Gómez, del Ministerio de Defensa, a Cybbele Haupert
de la oficina del alto comisionado de las Naciones Unidas para los de derechos
humanos, con la fiscal en Cúcuta Catalina Estela Vega Rodríguez, a la Dra. Catalina
Sánchez del comité de la Cruz Roja internacional, a Miisloz Kusz y Paula Berlutti de
la oficina de derechos humanos de las Naciones Unidas, a Marta Lopez Bayón de la
Misión de apoyo al Proceso de Paz en Colombia de la OEA, al movimiento Nacional de
Víctimas, al abogado JuvenalArévalo
Quintero, del ministerio público de la Procuraduría, al Fiscal General de la
Nación, Mario Iguarán, al Presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, al
Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos,a monseñor Rubiano, de la Conferencia
Episcopal, y una larga lista que sería muy tedioso enumerar. Pero nada de nada,
todo ha sido en vano y a pesar de haber movido cielo y tierra nadie se ha dignado
darle una respuesta. En fin, para mitigar su desasosiego saca de su mochila más
arrumes de papeles que ha ido acumulando a lo largo del tiempo, letra muerta y
estéril que no sirve ni para enjuagarse las lágrimas. Simplemente le trasmiten las
condolencias, le dicen que su solicitud ya está radicada y que, por favor, vuelva
la próxima semana. Y así le van dando largas y pasan los días, los meses y los años
atrapado en un callejón sin salida.
La burocracia judicial es muy lenta y existen toneladas y toneladas de expedientes
que permanecen enmohecidos en las bodegas de los juzgados esperando que algún juez
se digne abrir una investigación. ¿Quiénes son los culpables? ¿dónde están las
pruebas periciales? ¿y los testigos? Este es un asunto muy engorroso que precisa de
un bufete de abogados que muevan el caso. Lo que significa desembolsar una buena
suma de dinero y don Raúl gana un salario mínimo con el que a duras penas mantiene a
su familia. Además, si no cuenta con influencias políticas y sociales las
probabilidades de éxito son casi nulas.
Pero don Raúl Carvajal Perez no da su brazo a torcer, él amaba a su hijo y ese amor
es el que le da la fuerza de voluntad necesaria para no claudicar. Hasta el presente
sigue con el mismo empeño pidiendo citas y entrevistas con los funcionarios o los
mandos militares, continúa escribiendo cartas o realizando sus protestas por las
calles y en las plazas públicas con la esperanza de clarificar la verdad y que se
castiguen a los culpables. Se ha acostumbrado a hacer interminables colas, a que le
pongan mala cara y a que con tono despectivo le digan que vuelva mañana. Un sello,
otro sello, una firma y más certificados y papeles para la colección. Si llama por
teléfono le contestan que de parte de quién, que llame más tarde a ver si ha
regresado. Juegan con él como si fuera una pelota, lo mandan de un lado para otro en
un vano intento por quitárselo de encima.
De repente un día, sin ni siquiera notificárselo con anterioridad, se presentó en su
casa una extraña comitiva que venía a hacerle entrega de una caja mortuoria. ¡qué
macabra sorpresa! Cuando la abrió encontró el cadáver de su hijo bañado en sangre y
con un tiro en la sien. -El cuerpo venía amortajado con la gloriosa bandera
colombiana. -Fue como si me hubieran clavado una puñalada en el corazón- me comentó
entristecido. Cómo es posible que alguien que entregó los mejores años de su vida a
la institución castrense le hayan pagado de esta manera. Tan aberrante humillación
no admite calificativos y refleja a la perfección el grado de barbarie alcanzado por
el ejército nacional.
Muchos padres y madres en Colombia se hacen las mismas preguntas que don Raúl ¿qué
le habrá pasado a mi hijo o a mi hija ? ¿Por qué lo mataron? Ya sean guerrilleros,
militares, delincuentes, narcotraficantes, el hecho es que buena parte de nuestra
juventud esta siendo sacrificada por culpa de la maldita violencia.
Son tantos y tantos casos de asesinatos, torturas o desapariciones que el sistema
judicial no da abasto, la impunidad capea a sus anchas y con el paso del tiempo los
delitos irremediablemente pasarán al limbo del olvido. A los familiares de las
víctimas no les queda más consuelo que poner una velita en el altar y rezar por el
ánima del difunto. Si la justicia humana falla al menos la justicia divina los puede
reivindicar.
Don Raúl por culpa de esta tragedia ha perdido su patrimonio, carece de recursos y
son muy pocas las personas que se solidarizan con su causa.Lo tratan peor que un
apestado pues, como bien se lo advirtió el coronel Juan Carlos Gomez, con su actitud
está denigrando el buen nombre de las fuerzas armadas-
-¡Pero mire lo que han hecho con mi hijo! -y enseña la foto de Raúl Antonio bañado
en sangre y con un tiro en la sien- Esto no se le hace ni al peor de los enemigos. Y
para colmo su esposa y su hijita después del funeral desaparecieron y no sabemos
nada de ellas. ¿será que también las mataron?
El hijo de Don Raúl podría ser el hijo de cualquier familia colombiana, enamorado de
su esposa y de su hija, con proyectos de futuro y apasionado con su carrera militar.
Pero un día tuvo que elegir entre ser cómplice de las ejecuciones extrajudiciales
para cobrar recompensas o mantenerse fiel a los principios éticos y morales que
había aprendido desde niño. Entonces, sin pensarlo dos veces se negó a cumplir las
órdenes y participar en esos crímenes. Una valerosa decisión que lamentablemente
sería su condena a muerte.
Así fue como el día 8 de octubre del 2006, a las 11: 30 de la mañana, en un lugar
conocido como el Alto de la Virgen, localizado entre los municipios de Tibú y El
Tarra, en el curso de la Operación Serpiente en la que participaba la unidad
Destructor Uno, agregada a la segunda división del ejército, hubo un enfrentamiento
contra supuestos guerrilleros de la columna móvil Arturo Ruiz Ont de las Farc.
-según la versión oficial de los hechos- A consecuencia del mismo cayeron víctimas
de los disparos de un francotirador el cabo Raúl Carvajal Londoño y el soldado José
Lopez Ardila. -Por “casualidad” ambos transferidos a Norte de Santander y
pertenecientes al Batallón de Infantería Antonio Ricaurte de Bucaramanga. –Aunque
los informes del el batallón número 10 José Concha de Tarra contradicen los hechos
certificando que ese día ni en los posteriores se registraron combates en la zona.
Tras ser conducido a la morgue el cuerpo del cabo
Carvajal fue examinado por un experto en criminalística del CTI quien aseguró que
el disparo que le causó la muerte se hizo a menos de dos metros de distancia.
Hasta bien entrada la tarde de ese domingo sabanero don Raúl seguía desahogando su
impotencia. Ahora resulta que por culpa de sus denuncias y protestas los jueces y
los militares vienen investigándolo a él y a su familia. -Será que los culpables
vamos a ser nosotros -se preguntaba en tono irónico.
Don Raúl me narró con nostalgia esa época en que su hijo jugaba a los policías y los
ladrones con sus amiguitos en el parque del barrio. -Raúl desde niñito quería ser
aviador. Por eso justo cuando cumplió los 18 años ingresó como voluntario al
ejército. Le encantaba vestirse con el uniforme militar y pasear altivo por las
calles despertando la envidia de la gente.
Desde el año 2005 el cabo Raúl Carvajal Londoño se encontraba adscrito al batallón
de infantería número 14, Antonio Ricaurte de Bucaramanga, bajo el mando del teniente
coronel Álvaro Diego Tamayo Hoyos.- A quien la fiscalía ha emitido una orden de
captura por el caso de los falsos positivos de Soacha. Pero intempestivamente, para
cubrir una baja en el servicio en el mes de octubre del 2006 fue enviado a la
segunda división del ejército en Norte de Santander bajo las órdenes del comandante
Pardo.
Ese día 8 de octubre del 2006 cuando el pelotón que él dirigía atravesaba una trocha
selvática,el puntero o encargado de abrir el camino a la tropa, el soldado Oscar
Agudelo Ruiz, oculto tras unos matorrales a sangre fría disparó contra el Cabo Raúl
Carvajal y el soldado José Lopez Ardila causándoles la muerte. (versión confirmada
por algunos de sus compañeros que han preferido mantener el anonimato) Como nadie
sabía de donde provenían los disparos creyeron que se trataba de una emboscada de la
guerrilla y enseguida se inició la balacera.
Seguramente el cabo Raúl Carvajal se dio cuenta de los oscuros manejos que existían
en esa unidad y se negó a entrar en el juego diabólico de las recompensas y las
alianzas con los narcotraficantes y paramilitares de la región. De este modo se
convirtió en un testigo incomodo que los podría delatar y sus mandos no tuvieron más
remedio que quitárselo de encima.
Sus superiores se inventaron un ataque guerrillero para asesinarlo vilmente. Todos
los integrantes del pelotón corroboraron la versión oficial, aunque ofreciendo
notorias contradicciones que hacen sospechar que algo turbio se fraguaba. Los
soldados declararon bajo juramento que las muertes de sus compañeros fueron causadas
por la guerrilla. Por temor a las represalias nadie se atreve a decir la verdad ante
los tribunales. Incluso ningún abogado quiere hacerse cargo del caso porque saben
que se juegan la vida. Los falsos positivos o ejecuciones extrajudiciales, la
corrupción y alianzas con los narcotraficantes tuvieron especial incidencia en Norte
de Santander, concretamente en la zona de Ocaña, la puerta de entrada al Catatumbo,
una zona selvática en la frontera con Venezuela donde se cultiva y procesa la coca.
Estos hechos delincuenciales se destaparon gracias a las investigaciones
periodisticas sobre la increíble historia de los jóvenes de Soacha ejecutados por el
ejército en Ocaña, Norte de Santander. El gobierno para contrarrestar el escándalo a
nivel internacional lo único que hizo fue pasar a situación de retiro a los
comandantes y generales responsables de las unidades que cometieron dichos
asesinatos. Por el momento en la fiscalía sólo se han judicializado a los militares
de más bajo rango.
Don Raúl tuvo las agallas de irse a protestar hasta la mismísima finca el Uberrimo,
propiedad del presidente Uribe y situada muy cerca de Montería. Allí se coló
saltándose las barreras de seguridad dispuesto a dejar sentir su indignación. Con la
pancarta de su hijo en el pecho y enarbolando la bandera colombiana, encaró al
presidente que en esos momentos se encontraba domando un caballo de paso.
-Presidente Uribe -le dijo en voz alta-¡ayúdeme, por favor, a saber qué pasó con mi
hijo, el cabo Raul Carvajal Londoño! Necesito que me ponga un abogado que reabra el
caso.
Al instante los escoltas lo apuntaron con sus ametralladoras. Don Raúl levantó los
brazos y el presidente le ordenó al jefe de la guardia presidencial, el general
Buitrago, que le tomara declaración y se hiciera cargo de la denuncia.
Uribe, como buen fariseo, le sonrió y dándole una palmadita en la espalda, le dijo-
-tranquilo hombreque yo hablo con el comandante de las fuerzas militares para que
averigüe por el caso de su pelado-
¡Qué ingenuo! Don Raúl en su desesperación fue a reclamarle al sicario, al capo que
inventó el sistema recompensas e incentivos por matar enemigos.
Recién este año, gracias a un testigo protegido por la Fiscalía General de la
Nación, se comprobaron los nexos que mantenían los militares de la segunda división
del ejército en Norte de Santander con los narcotraficantes, los numerosos actos de
corrupción y las ejecuciones de inocentes o “falsos positivos”, eufenismo con el que
se le quiere maquillar estos terribles crímenes.
Entre los culpables cabe destacar al general jefe Paulino Coronado, comandante de la
brigada 30 del Ejército, al general y ex comandante de la segunda división del
ejercito José Joaquín Cortés, al coronel Gabriel Rincón Amado, jefe de operaciones
de la brigada Móvil número 15, al Coronel Álvaro Diego Tamayo Hoyos, del batallón
Santander, Dichos mandos ante los pobres resultados que ofrecían sus unidades en la
lucha contra la subversión hicieron pasar a jóvenes, a indigentes, a campesinos o
enfermos mentales por guerrilleros caídos en combate.
Al cabo Raul Carvajal , tal y como afirma su padre, lo eliminaron sus superiores
contando con la complicidad de sus compañeros. Tanta cobardía, tanta podredumbre y
tanta perversión es difícil de imaginar. Pero los verdaderos inductores de su
asesinato no son otros que el Presidente Uribe, el Ministro de Defensa para la
época, Juan Manuel Santos, y el comandante de las Fuerzas Militares, Freddy Padilla
de León ya que ellos eran los que exigían a sus subordinados una cuota semanal de
muerte y destrucción.-¡ataquen, maten y destruyan!
Si presentaban resultados positivos, como se conoce en el argot castrense, se les
premiaba con ascensos, vacaciones y jugosas recompensas en metálico. De lo contrario
podían ser castigados con una mala calificación en la hoja de vida y transferidos a
los batallones que operan en zona roja. Qué casualidad que la mayoría de los
muchachos desaparecidos en Soacha fueron ejecutados cerca de Ocaña donde tenía su
base la brigada móvil número 15, a cargo de la segunda división del ejército. Y lo
más intrigante es que allí fue donde asesinaron al cabo Raúl Carvajal Londoño.
La jerarquía militar se respeta y no queda más remedio que callar y obedecer a los
superiores. En el ejército existe un juramento sagrado bajo el cual se esconde su
tenebroso prontuario. Pero de vez en cuando surgen personajes como el cabo Raúl
Carvajal Londoño que se rebelan ante las injusticias y prefieren ofrendar sus vidas
antes que convertirse en sicarios o verdugos.
El presidente Uribe y la cúpula militar son los directos responsables de la guerra
sucia, las torturas,las desapariciones, los bombardeos contra la población civil.
Los máximos dirigentes amparados en la constitución no tienen ningún reparo en
fumigar la selva con glifosato, quemar los bosques, invadir países vecinos,
desplazar a los campesinos, arrebatarles sus tierras y condenarlos al desarraigo.
Hoy día domingo 20 de junio será elegido presidente de Colombia Juan Manuel Santos
quien fuera el ministro de Defensa y que ha sido inculpado por la justicia
ecuatoriana del asesinato de 25 personas en el bombardeo de la fuerza aérea
colombiana al campamento de las Farc en Angostura, Sucumbíos.
Juan Manuel Santos es un prestigioso psicópata especialista en terrorismo de estado
que sin lugar a dudas continuará con la política de seguridad democrática de su
predecesor Uribe Vélez. Colombia es una colonia vendida al capital extranjero, la
cabeza de puente del imperialismo en Latinoamérica, un gran latifundio gobernado por
dirigentes corruptos y mafiosos respaldados por una aplastante mayoría parlamentaria
que les otorga carta blanca para hacer y deshacer a su antojo.
Cae la noche en la plaza de Bolívar y don Raúl se despide de mí con un fuerte
apretón de manos. Con los ojos llorosos me ruega que no lo olvide y que lo tenga al
tanto de mis investigaciones. Cubierto con la bandera colombiana y luciendo en su
cabeza el quepis de su hijo se marcha con paso lerdo por las gélidas calles
bogotanas. A él le importa un bledo las amenazas e intimidaciones que ha recibido
pues no tiene nada que perder. Desde aquel fatídico día 8 de octubre del 2006 cuando
asesinaron a su hijo a él también de alguna manera lo mataron.
Don Raúl se siente traicionado, ha perdido la fe en la instituciones de su querida
Colombia y la única esperanza que le queda es que el caso de su hijo sea remitido a
la Corte Interamericana de derechos humanos, a la Corte Penal Internacional con sede
en Estrasburgo o a la Audiencia Nacional española. Él está decidido a agotar todas
las instancias y a seguir en la lucha hasta las últimas consecuencias.
Porque estos crímenes de lesa humanidad no prescriben y estamos seguros que le
llegará la hora de la justa reparación.
Al hacer pública esta denuncia somos conscientes que don Raúl pueda ser objeto de
algún atentado en su contra. Por eso no descartamos la posibilidad de pedir asilo
político en alguna embajada europea para proteger su vida y la de su familia.
Carlos de Urabá 2010
Investigador de Colombia.