Salam Aleikum

¿Quién no recuerda lo que hacía el 11 de septiembre de 2001? ¿Alguien recuerda algo relevante entre el 28 de agosto y el 7 de septiembre de 2011?

En esas fechas se desarrolló la Conferencia Mundial sobre el Racismo, en Durban, República Sudafricana. Antes ya se habían celebrado dos, ambas en Ginebra, en 1978 y 1983. En 1998, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el año 2001 como «Año Internacional de la Movilización contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia». Desde entonces, se han celebrado nuevas conferencias en 2009 (Ginebra), 2011 (Nueva York, Estados Unidos) y 2021 (también en Nueva York), aunque también han recibido el apelativo corto de Durban II, III y IV, respectivamente. La conferencia de 2009, denominada Conferencia de Examen de Durban y conocida más popularmente como Durban II, se celebró entre el 20 y el 24 de abril en Ginebra (Suiza) con el fin de evaluar el cumplimiento de las metas establecidas ocho años antes. Fue boicoteada por Alemania, Australia, Canadá, Estados Unidos, Israel, Italia, Nueva Zelanda, los Países Bajos y Polonia. La República Checa canceló su asistencia el primer día y otros 23 países de la Unión Europea enviaron delegaciones de segundo nivel. Los países occidentales habían expresado su preocupación de que se utilizara la conferencia para promover el antisemitismo y leyes contra la blasfemia percibidas como contrarias a los principios de libertad de expresión, y que por el contrario la conferencia no abordara la discriminación contra las personas homosexuales.

La conferencia cubrió varios temas controversiales. Entre los cuales estuvo el debate en torno a las reparaciones por el comercio transatlántico de esclavos, así como la ciudadanía de segunda clase de la población palestina en Israel. Dos delegaciones, la de Estados Unidos y la de Israel, se retiraron de la conferencia debido a objeciones con un borrador del documento final que equiparaba al sionismo con el racismo. Estuvo presidida por Kofi Annan, Secretario General de la ONU, y por Mary Robinson, entonces alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y anteriormente presidenta de Irlanda.

Del 28 de agosto al 2 de septiembre se reunieron los representantes de más de 3.000 organizaciones no gubernamentales procedentes de los cinco continentes. En cuanto a los jefes de Estado y de gobierno, se reunieron del 31 de agosto al 7 de septiembre. Se buscaba que las ongs, los representantes de sindicatos, las ligas campesinas, las comunidades religiosas, etc, se desahogasen de alguna para rebajar la presión antes de que se abriera la conferencia intergubernamental.

Utilizamos como fuente principal el libro de Jean Ziegler «El odio a Occidente. La memoria herida de los pueblos del Sur«.

Recomendamos encarecidamente su lectura porque

argumenta clara y contundentemente el odio que sienten los pueblos del Sur hacia Occidente, basándose en datos y hechos culturales, políticos y económicos actuales y de la historia.
Es un libro de muchísimo interés para entender el colonialismo y la explotación del Tercer Mundo por parte occidental.

Ziegler destaca (pg.100) que hay cuatro sistemas de dominación que ha usado Occidente, por orden cronológico:

Las conquistas. «A partir de 1492, los occidentales descubrieron las Américas y tomaron posesión de sus tierras. Destruyeron o cargaron de cadenas a poblaciones hasta entonces «desconocidas«».
El comercio triangular. «… y la deportación masiva de negros africanos hacia el continente americano despoblado por la matanza de los indios«.
Sistema colonial. En África y Asia durante todo el siglo XIX, y antes. «La ocupación militar garantizó el acceso directo a los recursos mineros y agrícolas. La destrucción de las civilizaciones autóctonas por parte de los misioneros cristianos y apóstoles del universalismo republicano quebró las resistencias. Eso facilitó enormemente la introducción del trabajo forzado«.
El mercado occidental. «En la percepción de los pueblos del Sur, el actual orden del capital occidental globalizado, con sus mercenarios de la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, sus sociedades transcontinentales privadas y su ideología neoliberal, representa el último, y de lejos el más asesino, de los sistemas de opresión. … La violencia ejercida por la famosa «Mano invisible» del mercado, la monopolización de las riquezas por parte de las oligarquías transcontinentales, perpetúa, agravandolos, los tres sistema de opresión anteriores«.

Al hacer que la primera conferencia precediera al encuentro de los jefes de Estado y de gobierno, los organizadores pretendían que la conferencia de la sociedad civil tenía que desempeñar el papel de válvula de seguridad y permitir que los representantes de los sindicatos, las ligas campesinas, las comunidades religiosas, etc., se desahogasen de alguna manera para rebajar la presión antes de que se abriera la conferencia intergubernamental.

Ziegler nos cuenta que la idea de anticipar las reuniones de la ongs para dejar despejada la vía a los gobiernos fue un fracaso total. Dice que el odio a Occidente estalló desde el primer día. «Y es que, en Durban, el estado de ánimo de los miles de representantes de los movimientos sociales estaba perfectamente en sintonía con el de la grandísima mayoría de dirigentes de los Estados del Sur».

El 2 de septiembre de 2001, en Durban, el ministro de Justicia de Costa de Marfil, Oulai Siene, subió a la tribuna. Y dijo: «Si creen que la esclavitud ha desaparecido, piénselo de nuevo. ¿Cómo entender, si no, que el precio de un producto fabricado durante largos meses y con un duro trabajo, bajo el sol y la lluvia, por millones de campesinos, lo determine alguien que está sentado en una silla detrás de un ordenador en una oficina aclimatada, sin tener en cuenta sus sufrimientos? Lo único que ha cambiado (tras la abolición de la esclavitud) son los métodos. Se han vuelto más «humanos». Ya no se embarca a los negros en barcos hacia las Antillas y las américas. Permanecen en el suelo. Transpiran sudor y sangre para ver luego cómo se negocia el precio de su trabajo en Londres, París o Nueva York. Los esclavistas no han muerto. Se han transformado en especuladores bursátiles.»

Prácticamente, todos los demás jefes de Estado del Sur formularon las mismas exigencias:

justicia reparadora
arrepentimiento de Occidente
y reconocimiento de la memoria herida de los pueblos del Sur

Como se ve, nada extraño ni exagerado. Las dos últimas exigencias se podrían cumplir fácilmente con sólo un poquito de sensibilidad y empatía histórica. Sólo requiere decisión política. La primera también es necesario (imprescindible) cumplirla para equilibrar las desigualdades que ha causado, innegablemente, el colonialismo, aunque es más complicada de concretar en actuaciones apropiadas. Requiere decisión política y organización práctica, coordinación y reuniones. Pero sin ella será imposible cumplir los Objetivos del Milenio.

Sin embargo, la reacción de Occidente fue nefasta:

aquello apestaba a desprecio colonial
¿Justicia reparadora? ¡Una exigencia absurda nacida de rencores personales!
¿Petición de arrepentimiento? Una fanfarria destinada a desviar la atención de una población argelina descontenta con su propia suerte hacia enemigos occidentales satanizados.
¿Trabajo de la memoria? Un discurso culpabilizador, o peor: un chantaje que pretende arrancar a Occidente concesiones financieras y comerciales

Por último, los representantes del gobierno de Washington abandonaron Durban al cabo de 48 horas. Los representantes de los Estados de la Unión Europea se contuvieron in extremis, después de que Nelson Mandela hubiera llamado personalmente a varios comisarios de Bruselas. Pero los jefes de gobierno y los ministros europeos rechazaron cualquier idea de compensación financiera y ni tan siquiera de pedir excusas.

En un tono cercano a la desesperación, Abdulaye Wade, presidente de Senegal, imploró la comprensión de Occidente: «Lo que queremos es que la humanidad comprenda que en un momento determinado de su evolución se con causó un perjuicio incalculable, que se cometió con nosotros una gran injusticia. Lo que queremos es que las generaciones actuales y futuras comprendan esto. A este efecto, pienso que los países desarrollados, y más generalmente la comunidad internacional, deberían hacer figurar la esclavitud y la trata en los programas escolares de los niños, en los cursos universitarios y los programas de investigación. Se deberían erigir estelas y monumentos, y realizar películas para restablecer la historia en toda su autenticidad. Los archivo, y digo bien todos los archivos, deberían ser accesibles a los investigadores de todos los países del mundo.

Bajo la presión de Estados Unidos y Gran Bretaña, Mary Robinson perdió su puesto de alto comisario en 2002.

La última tentativa de recuperación de la catastrófica conferencia de Durban se llevó a cabo en 2007. La ONU creó un Durban Review Committee, encargado de reanudar el diálogo entre los Estados Occidentales y los Estados del Sur. El embajador de Chile, Juan Martabit, diplomático de probada paciencia infinita, fue nombrado presidente de este comité. Pero después de tres sesiones celebradas en el Palacio de las Naciones de Ginebra, al borde de un ataque de nervios, Martabil dimitió.

Aleikum salam.

Fuente: https://www.politicanoviolenta.org/?p=2137

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