
Comenzamos el año con un nuevo ministro de Hacienda que se parece demasiado a Nosferatu, el maligno, con nuevas bajadas de pantalones de las cúpulas sindicales, y con una seria amenaza para los supersticiosos, ya que en este año se acabará el mundo según las predicciones mayas.
Si esa predicción fuera cierta, que triste resultaría ver finalizar algo tan hermoso sin antes haberlo transformado para hacerlo más justo. Confiemos en que los mayas se equivocaron y en que vamos a tener oportunidad y espacio tiempo para cambiar el mundo. Quizás los mayas no predijeran la finalización, sino un conjunto de hechos convulsos que culminarán en un nuevo renacimiento de la Humanidad, en una nueva era post neolítica superadora de todos los déficit.
Se puede afirmar que un país es una democracia a pesar de que un juez en Murcia haya sido condenado a pagar 3000 euros, pecata minuta para su señoría, y no a la inhabilitación total y absoluta, después de que el sujeto practicara el acoso laboral con sus subordinados, llamara putas a las madres solteras, maricones a los homosexuales, gentuza a quienes piden la nacionalidad y demorara con nocturnidad su otorgamiento, retrasara la sepultura de difuntos porque los papeles no expresaban correctamente, a su entender, el nombre de una santa…Claro, se puede decir, pero es mentira.
Cuando termina un año y empieza otro, los medios de “comunicación” lo hacen barajando cifras. Las estadísticas del año anterior bailan en las páginas de la información general. Las lacras que suponen los accidentes de tráfico y el terrorismo machista son las reinas, pero bien poco se habla de quienes perdieron la vida en accidente laboral, y éstos no fueron pocos: 410 fallecidos, y entre accidentes graves y leves más de 400.000. Quizás esto sea poco en comparativa con lo que vendrá después de la completa desregularización laboral que acomete Rajoy y que nos va a dejar a los trabajadores en la absoluta precaridad e indefensión.
Y para cifras, las que demuestran, según la prensa de hoy mismo, que quienes saturan las salas de espera de los centros sanitarios sin cotizar a la Seguridad Social no son los inmigrantes extracomunitarios, sino, sobre todo, los comunitarios en más de un 90 por ciento. Sería este un dato precioso para desmontar los argumentos de los apócrifos que integran las bases sociológicas del PP. Pero huelga desear que eso ocurra, dado que éstos no saben leer.