
1) ¿Cómo funciona una sociedad en la que una cuarta parte de la población está desempleada? Entrevista con Armando Fernández Steinko, profesor de sociología de la Universidad Complutense, aparecida en el diario berlines Junge Welt; sobre comunismo familiar, drenaje de cerebros y la copia del modelo exportador alemán. El entrevistador es Johannes Schulten.
Las cifras del desempleo en España acaban de alcanzar un nuevo récord de casi cinco millones de personas, eso son casi el 22% de la población activa. Cómo puede funcionar una sociedad en la que casi una cuarta parte está en el desempleo?
Para empezar: no es un récord tan nuevo. Es la tercera vez que la cifra del desempleo sobrepasa en España el 22%. La primera vez fue en 1985/86, la segunda en 1993/94. No se trata, por tanto de un problema coyuntural sino de razones estructurales que anidan en la economía española aún cuando haya que tener en cuenta naturalmente la crisis financiera. ¿Cómo es posible vivir en un país en el que en 25 años se han sobrepasado por tres veces estos porcentajes? En mi opinión hay dos explicaciones importantes. En primer lugar el comunismo familiar…..
¿Podría explicar esto mejor?
En España, la familia es una institución solidaria de primer orden. Funciona al margen del mercado y relativamente bien. Varias generaciones consiguen convivir juntas sin demasiados conflictos. Esto no ha sido siempre así, pues en los últimos años de la dictadura de Franco y en los años de la transición se produjeron rupturas generacionales muy importantes en el seno de las familias españolas. Pero desde los años 1980 se ha ido implantando en las familia una especie de armonía funcional. A pesar de los conflictos latentes que siempre se dan entre generaciones, la situación social presiona para que la cosa funcione razonablemente bien. Hoy hay dos millones de familias en España en las que ningún miembro tiene un trabajo estable y en casi un millón y medio de ellas todos sus miembros están en el desempleo. Los ingresos derivados de los trabajos temporales y ocasionales –tanto los generados en la economía sumergida como en la economía no sumergida- se meten en un bote y luego se reparten dependiendo de las necesidades de cada uno.
¿Y el segundo motivo?
El altísimo porcentaje de hogares propietarios de la casa que habitan. Son los porcentajes más altos del mundo junto con los de Nueva Zelanda: casi el 90% de todos los hogares en la actualidad, el 70% de los pisos ya totalmente pagados aunque con tendencia a la caída debido a los desahucios. Esto es el resultado paradójico de las políticas sociales del franquismo que no tenían margen de maniobra económico-fiscal para hacer políticas de bienestar comparables a las de los otros países de Europa. Eso llevó al Régimen a desarrollar una política basada en la creación de propietarios con el fin de proporcionarles un mínimo bienestar y de paso afianzar los valores conservadores. Esto ha llegado a ser tan importante que incluso en las crisis de las décadas de los años 1980 y 1990 siguió aumentando el porcentaje de propietarios en España. El mercado de trabajo es rabiosamente precario, la única estabilidad de la que disponemos es la que proporciona la propiedad de los bienes inmuebles. Es un elemento central en la estrategia de vida de muchas familias.
¿Es este el motivo por el cual la protesta social sigue ausente en grandes segmentos de la sociedad? Parece como que la gente se arregla y que va saliendo del paso…
¿De que no se haya producido una especie de estallido revolucionario? Hay grandes problemas sociales pero de aquí no se derivan automáticamente reacciones políticas. España es una sociedad de clases, no una sociedad de familias. Los hijos de los ambientes profesionales urbanos tienen o están en vías de obtener un diploma universitario pero incluso ellos tienen que vivir con sus padres después de cumplir 30 años. No encuentran trabajo y si lo encuentran este no guardan relación con el nivel de conocimientos que han alcanzado en la universidad. Esto es una experiencia nueva para una generación que ha sido educada con un mensaje meritocrático: estudia duro, trabaja duro y prosperarás en la vida. Nada de eso parece que puede llegar a darse y la tijera entre cualificaciones y ocupaciones va en aumento. Es una tijera políticamente muy explosiva que, por cierto, también se da en los ambientes urbanos contestatarios de las grandes ciudades del norte de África donde se encubaron las primaveras árabes. El movimiento de los indignados se ha alimentado sobre todo de jóvenes que sufren los efectos de esta tijera que no por casualidad están profundamente decepcionados del sistema político y económico.
En otros ambientes la solidaridad familiar contribuye a frenar la protesta, aunque no a evitarla del todo. Las clases populares desarrollan hoy por hoy reacciones más conservadoras frente a la crisis. Los hijos de los autónomos con un pequeño negocio, por ejemplo, que se han ausentado menos de estos espacios de solidaridad familiar porque han tenido menos margen para hacerlo. Es imposible llevar un bar o un pequeño negocio sin recurrir de forma permanente a la ayuda familiar. De hecho, el porcentaje de personas casadas en estos ambientes de los trabajadores autónomos es el más elevado del país. Curiosamente es aquí donde han aumentando más los divorcios: las mujeres soportan cada vez menos la asimetría impuesta por el pequeño empresario-patriarca y padre de familia. También aquí reina el comunismo familiar, pero hoy por hoy se trata de un comunismo mayoritariamente conservador y, desde luego, sumamente asimétrico en términos de género.
Muchos emigran. Al menos Berlín está lleno de jóvenes españoles entre 20 y 30 años.
Son los que pueden emigrar, los más cualificados, los jóvenes que sufren esta tijera en España o que no han encontrado ni siquiera un trabajo por debajo de sus cualificaciones. Es una ola migratoria comparable a la venida a Europa de las clases medias latinoamericanas tras la crisis de los años 1980 y 1990 en sus países de origen provocada, por cierto, por circunstancias financieras también comparables. Son los que disponen de saberes, de conocimientos, de algo con lo que negociar en el mercado de trabajo, los que emigran a otros países.
La señora Merkel está buscando ingenieros españoles
Alemania se ahorra el dinero que nuestro Estado del bienestar, es decir, nuestro trabajo y nuestro endeudamiento, han destinado a formar a todas esas personas que ahora se pasean por Berlín. Sus conocimientos son ahora utilizados productivamente por las empresas alemanas y no por las españolas que no los demandan porque producen bienes y servicios de baja calidad o porque no tienen trabajo que ofrecer.
Si hacemos caso a los medios de comunicación alemanes, los españoles que pierden su trabajo están arropados por una red social relativamente segura. ¿Como funciona la protección por desempleo en España?
No hay mucha protección sobre todo si se compra con los estándares centroeuropos. Las familias sin ningún ingreso pueden solicitar una renta mínima de inserción de 400 euros mensuales. El no tener que pagar alquiler reduce efectivamente los gastos de las familias, también de las familias más pobres. La cantidad percibida por desempleo representa el 70% del salario regular. Una familia media con dos hijos percibe un mínimo de 660 euros y un máximo de 1.400 euros, aunque por un período limitado de un mínimo de 4 y un máximo de 24 meses en los casos en los que el trabajador tenía un contrato fijo. Por cada año trabajado se reciben cuatro meses de paro. La nueva reforma laboral del Partido Popular va a reducir aún más este colchón redistributivo.
Los socialistas han salido del gobierno. Aún cuando no hicieron cambios estructurales han intentado en los últimos ocho años mantener cierto equilibro social. Desde el 21 de diciembre gobierna el partido conservador de Mariano Rajoy que ha anunciado programas de recorte. ¿Cuantos recortes puede aguantar la sociedad española?
Hoy por hoy, nadie sabe con exactitud dónde están los limites de las politicas de recorte, tampoco lo saben ni los griegos ni los portugueses. Al principio, los socialistas intentaron repartir socialmente las carga de la crisis. Cuando las agencias de calificación degradaron la calificación de la deuda soberana española se produjo una situación de pánico. El resto lo hizo la presión de la Señora Merkel: ese fue el principio del final de la era Zapatero. Las políticas de reparto equilibrado de los costes de la crisis llegaron a su fin y en ese sentido no es de esperar que las políticas del Partido Popular cambien a mejor. Es el precio que tiene que pagar el centro-izquierda español por hacerse arrojado ya en los años ochenta a los brazos de los mercados financieros. Si no afrontas el problema del empleo no hay estado del bienestar sostenible por muy progresista que sea tu discurso.
El Partido Popular sabe esto muy bien. También sabe que la lucha contra el desempleo tiene una prioridad absoluta si quiere mantener el poder. El Ministro de Economía ha dicho últimamente que no hay Estado del bienestar sin trabajo. Tienen razón. Los socialistas no han relacionado lo suficientemente ambas cosas entre sí: se han concentrado en desarrollar argumentos redistributivos sin perder mucho tiempo en hablar cómo producir exactamente lo que luego pretende ser distribuido. Esta es una visión idealista de la realidad que al Partido Popular no le ha costado mucho rebatir. Repito, porque me parece central para entender las paradojas del sistema económico y político hispano: no hay estado del bienestar sin una sociedad del trabajo mínimamente saneada. En realidad esto es válido para todo los países. La particularidad española es que aquí es necesario intervenir en las grandes correlaciones sociales para darle una solución estructural al problema del desempleo. Algo parecido está sucediendo ahora en cada vez más países capitalistas desarrollados a medida en que avanza el neoliberalismo. La particularidad española reside en el enorme peso social que ha acumulado la renta frente al trabajo.
¿Pero dónde se pueden crear puestos de trabajo? La locomotora de la construcción está parada…
Este es un gran misterio. El gobierno apuesta por la recuperación de los mercados exteriores para crear empleo, es decir, por copiar el modelo alemán. Con esta política, los alemanes –desde luego con la colaboración activa de las élites españolas- han hecho trizas la industria española y eso es lo que parece que quiere hacer Rajoy con otros países. El Ministerio de Economía está dirigiendo hoy las futuras relaciones exteriores concentrándose en la exploración de nuevos mercados en América Latina, Asia y China para los productos españoles. Para eso va a utilizar todo lo que encuentre por ahi: la lengua hablada por 400 millones, el fútbol, los éxitos del deporte español, todo. Confía en que los países a los que dirigen sus exportaciones sigan creciendo y pretende enganchar la economía española a dicho crecimiento. Luego está la posibilidad de seguir destruyendo: destruyendo la salud humana y la tasa de natalidad evitando el cumplimiento de las más elementales normativas de seguridad e higiene en el trabajo, destruyendo el patrimonio natural, es decir, recalificando más zonas hasta ahora no urbanizables etc.
Pero España no dispone de un sector exterior competitivo, no es posible improvisar uno sin más. Para ello haría falta endeudarse y bajar los salarios….
El endeudamiento está prohibido ahora en Europa. ¿Qué puede exportar España? No hay que subestimarlo, es un problema de tiempo y de reorganización interna de la economía y de los recursos de los que se dispone. Hay muchas empresas con gente que sabe hacer muchas cosas: en telecomunicaciones, en automoción y sus componentes, en construcción naval, en maquinaria mecánica que sigue siendo un sector clave con un elevado efecto potencial de multiplicación tecnológica y algunas cosas más, muchas menos que hace 15 o 20 años, pero no son cosas despreciables. El problema es que el modelo de exportación alemán asumido por las élites europeas ha convertido a España en un importador de mercancías alemanas. Justamente ahora que tenemos que intentar cambiar las cosas en este sentido, poner en marcha una reconversión profunda de nuestra estructura productiva, de nuestro modelo energético, urbano y de transportes, viene la Señora Merkel para impedirlo bloqueando toda posibilidad de endeudamiento productivo con la disculpa de que el endeudamiento hasta ahora ha servido sólo para el consumo -por cierto, de productos alemanes-. Otra vez con la complicidad de nuestras élites políticas, insisto. En mi opinión, la elevada cualificación de la población activa y las dimensiones de nuestro mercado nacional hace posible la reconstrucción de un sector productivo propio. Lo que hace falta es inversión y eso es justamente lo que ahora nos prohibe la señora Merkel: Alemania quiere ser el único país productor y condenar al resto a su condición de consumidores. Cuando no tengamos dinero tendremos que vender nuestro patrimonio natural y cultural para poder seguir endeudándonos con el fin último de seguir comprando BMW y Audis alemanes.
La posición de Alemania realmente no huele bien. En el sur de Europa tenemos la impresión de que el actual gobierno alemán quiere ver al resto de Europa convertida en un campo de cenizas en el que sólo florece su propia producción y la de sus satélites exportadores (Austria, Finlandia y los Países Bajos). El resto estamos condenados a no tener nunca nada con capacidad de generar empleo, valor, de producir de forma sostenible. El resultado es nuestra transformación en países de segunda e irreversiblemente dependientes. Es la traslación de las relaciones de dependencia norte-sur en el mundo al contexto de la Unión Europea. Sólo espero que los países del sur empecemos a ponernos de acuerdo para impedirlo.
Fuente: http://asteinko.blogspot.com.es/2012/02/entrevista-publicada-en-el-diario.html
2) Anejo a la entrevista. Resumen del artículo de Armando Fernández Steinko «Los ‘nuevos autónomos’ y la hegemonía neoliberal en España».
El capitalismo popular inmobiliario español, que se inicia con el gobierno de Aznar en 1996 y concluye con la una fuerte crisis financiera doce años después, ha funcionado durante años como un importante bloque hegemónico. Esta conselación explica no sólo la estabilidad política del neoliberalismo en un país con alto desempleo como España, sino la implantación de una serie de valores y actitudes que encajan en las políticas monetarias de oferta, así como los éxitos electorales del Partido Popular que se han prolongado más allá del fin del ciclo inmobiliario en 2008.
El núcleo de esta constelación lo conforman los grandes intereses financieros e inmobiliarios del pais que consigieron acumular un importante poder político y económico durante el franquismo. Sin embargo, las oligarquías financieras del país y los grandes promotores inmobiliarios -que en parte están fuertemente unidos entre sí por lazos personales y familiares- no habrían podido generar un poder estructural e imponer sus “reglas del juego” (las políticas de desregulación del uso del suelo, los incentivos fiscales para la adquisión de vivienda) si no hubieran recibido el apoyo de amplios sectores de las clases medias y populares. La expansión del sector de la construcción hizo posible la “acomodación”. Dicho consentimiento explica en buena medida las victorias electorales del Partido Popular a partir de 1996 pero también la del Partido Socialista Obrero (PSOE) en 2008, año en el que el desempleo aún estaba en mínimos históricos debido precisamente a la inercia del dinamismo del sector de la construcción.
Dentro de esta constelación hegemónica los “nuevos autónomos” y nuevos -pequeños- empresarios vinculados al sector de la construcción ocupan un lugar central. Su densidad y rápido aumento explica en buena parte el cambio de ciclo político que se inicia en 1996, así como el avance de muchos de valores y actitudes esenciales para asegurar la legitimidad del proyecto neoliberal. La pérdida de votos al Partido Popular tras doce años de aumentos ininterrumpidos puede ser interpretado como un claro síntoma de la erosión de dicha constelación.
Desde 1981 nunca se ha dado en España un índice de paro inferior al 8 % de la población activa. La economía sumergida, que se mueve en torno al 23% del Producto Interior Bruto suaviza las consecuencias de esta situación para muchos ciudadanos, aunque no para los ayuntamientos. La cronificación del desempleo, del trabajo temporal y del trabajo sumergido les ha creado serias dificultades para financiar los servicios que se comprometen a prestar a al ciudadania. A través de la presencia de los representantes políticos locales en los órganos de gobierno de las cajas de ahorros, que antes de la crisis de 2008 gestionaba más de la mitad de todo el ahorro de los españoles, los ayuntamientos -muchas veces independientemente de su color político- apoyaron el desvío de partes sustanciales de dicho ahorro desde la economía local y productiva, a las inversiones inmobiliarias debido a su gran capacidad de crear empleo a corto plazo y de sanear las arcas municipales. La complicidad del Banco de España, de la mayoría de los gobiernos centrales y autonómicos, de los medios de comunicación y también de los espacios académicos en la legitimación de esta forma de emplear el ahorro popular, estimuló estas decisiones.
La estrategia de vida, que pilota alrededor de la propiedad inmobiliaria y que en buena medida viene impuesta por la precariedad del mercado de trabajo español y un Estado del Bienestar insuficiente, incluye en España una baja tasa de emancipación juvenil y el mantenimiento de la unidad de solidaridad familiar. Ha resultado ser muy efectiva para hacer frente a las tres grandes crisis de desempleo que ha conocido el país desde el comienzo de la andadura democrática. La crisis financiera, la propia naturaleza del sector inmobiliario que no se puede caracterizar como “sector productivo”, así como el enorme coste ambiental y energético de su expansión, está demostrando sus limitaciones y también los riesgos para la estabilidad de sistema financiero internacional.
La ola de crecimiento basado en el estímulo del consumo no mediante mejoras salariales sino por la vía del aumento del aumento del endeudameinto de las familias, sólo podía seguir funcionando si seguía respaldado por el continuo incremento del valor de los bienes inmuebles. Este esquema cuasi piramidal es similar al practicado por los gobiernos Clinton y George Bush hijo en los Estados Unidos. Con la quiebra del capitalismo inmobiliario y el rápido aumento del desempleo, muchas familias -tanto las norteamericanas como las españolas- han perdido toda capacidad de hacer frente a sus créditos, lo cual ha disparado la tasa de morosidad y provocado el colapso de todo el sistema financiero y laboral a ambos lados del Atlántico.
No toda la estructura social española se ha visto afectada de la misma forma por la expansión inmobiliaria, si bien su crisis está teniendo consecuencias devastadoras para el conjunto del país. El crecimiento exponencial de trabajadores autónomos o de pequeñas empresas familiares ligadas al sector de la construcción ha sido decisivo para la consolidación de las opciones conservadoras. Nuestra tesis es que de la evolución de sus actitudes, valores, espectativas y comportamientos políticos tras el derrumbe inmobiliario depende en buena parte la evolución política del país a corto y medio plazo.
En el momento álgido del capitalismo popular inmobiliario éste, que incluye el sector de la construcción y el sector inmobiliario, daba trabajo a 2,6 millones, un 13% de la población ocupada. En el resto del mundo, el sector de la construcción genera por término medio no más del 7% del empleo. La expansión absoluta del empleo directo en el sector ha sido extraordinaria: del 52% en tan sólo 12 años. Si tenemos en cuenta que el desempleo superaba en 1994 el 24% de la población activa, se puede concluir la importancia de este sector y de su nucleo de poder para imponer agendas políticas, ambientales y jurídicas en España.
El empleo asalariado del sector de la construcción ha crecido un 145% entre 1996 y 2008, en buena medida debido a la incorporación de trabajadores extranjeros en el sector que han pasado de tan solo 13.000 en 1996 a 500.000 en 2008: un crecimiento del 3700% en tan solo 12 años. La mayoría son “trabajadores mano” y realizan las tareas menos cualificadas y de más contenido físico. Muchos son ciudadanos no comunitarios y, con la excepción de algunos procedentes de ciertos países latinoamericanos, no tienen ninguna capacidad de influencia política aún cuando su trabajo ha sido fundamental para el aumento de la rentabilidad y para la expansión de las PYMES del sector.
El grupo políticamente relevante en este contexto es, sin embargo, el de los ocupados “no asalariados” de la construcción. Su aumento también ha sido muy importante, sobre todo el de los empresarios (+116%) la mayor parte de los cuales no tienen más de cuatro trabajadores a su cargo, muchos de ellos familiares. Esto convierte a una buena parte de estos 214.000 “empresarios” del sector en autónomos de facto asistidos por ayudantes familiares. El tamaño medio de los hogares españoles era hacia el año 2.000 de 3 personas, sin embargo la tasa de matrimonios entre los autónomos es mucho más alta que la del resto de la población, con lo cual no nos equivocamos demasiado si afirmamos que el radio de influencia económica e ideológica directa de este colectivo afecta a más de dos millones de ciudadanos y ciudadanas directamente vinculados a él a los que habría que sumar a todos aquellos vinculados a la economía informal en el sector. Este universo de 2,5 millones de personas largos constituyen el núcleo de aquella parte de las clases medias pero sobre todo de las clases populares que resultó particularmente beneficiada del boom inmobiliario. Su evolución ideológica explica el vuelco político en el país.
Nuestra hipótesis es que, aún cuando se trató de no más de 250.000 activos directos -la mayoría hombres casados o en vías de hacerlo- su evolución ideológica tiene una importancia cualitativa decisiva para la evolución del clima ideológico del país en su conjunto y que el desplome del estatus social de este grupo puede resultar decisivo para la legitimación de las políticas neoliberales. Su propia trayectoria ideológica como grupo social minoritario se extendió a otros grupos sociales debido al fuerte dinamismo del sector de la construcción que le dio soporte y reconocimiento material a dicha trayectoria.
La mayoría de los 136.000 “nuevos autónomos” como de los 115.000 también “nuevos” empresarios, proceden del mundo asalariado. La fuerte crisis de empleo de 1993/94 arrojó al paro a muchos de ellos o a sus padres y la expansión inmobiliaria se convirtió en una inesperada vía de movilidad social ascendente. Esta les abrió un nuevo horizonte vital cuya estación final era la posibilidad de entrar a formar parte la clase empresarial compuesta por unas 800.000 personas en 2004. Es un “cambio de bando” en toda regla. De asalariados de una empresas en declive, muchos organizados en unos sindicatos que no pudieron evitar su despido o el cierre de las empresas en las que trabajaban, muchos se conviertieron en (proto-) empresarios con buenas posibilidades de acabar siendo empresarios de verdad.
Se sustituyó la visión macroeconóma y macrosocial propia de las clases asalariadas, que alimentan los valores solidarios y llevan a defender políticas de demanda por el pensamineto microeconómico y microsocial propio de las clases empresariales y las políticas de oferta que se derivan de él, incluído un fuerte apego a los valores individualistas (“mi mundo es mi empresa y mi familia”, “el país es una suma de empresas y familias que piensan en términos de costes y beneficios individuales”, “hay que pagar menos impuestos para sacar adelante el negocio”, “cada uno es dueño y señor de su propio destino” etc.). Estos cambios ideológicos refuerzan la aceptación de las políticas monetaristas. Es el salto ideológico más importante que necesita dar el neoliberalismo para poder asentar su hegemonía entre sectores mayoritarios del electorado. La “comunidad política”, que funciona sobre una lógica de interés general, pierde aliados ganándolos la “comunidad económica”, la pequeña parcela de los intereses privados. La funcionalidad de este discurso altamente individualista se vió reforzada por los procesos fácticos de movilidad social que muchos antiguos asalariados empezaron a experimentar a partir de 1997: no era sólo ideología, eran mejoras concretas y palpables de la propia posición social.
Sin embargo sería un error pensar que en los ambientes de los “nuevos autónomos” es desconocida la solidaridad o que estos sólo abracen valores individualistas. Los nuevos autónomos son individualistas y fuertemente competitivos hacia fuera pero solidarios hacia dentro de su propia unidad familiar. Aquí no sólo no están bien vistas las disidencias individuales y el individualismo en general, sino que ambos son altamente disfuncionales para el negocio. El intento de los hijos, de las esposas o de los clasificados estadísticamente como “ayundantes familiares” de darle a sus vidas una salida propia no sólo no está bien visto, sino que puede resultar fatídico para el el proyecto empresarial en su conjunto. La familia es una pieza decisiva para la prosperidad de un negocio de estas caraterísticas, lo cual explica que el porcentaje de casados/divorciados sea el más alto del país precisamente entre los autónomos. Este comunismo familiar, sin el cual no se puede entender el sistema de bienestar en los países del sur de Europa, no está necesariamente definido ideológicamente: puede operar en favor de un neoliberalismo ultracompetitivo como el que acabamos de describir pero también a favor de una sociedad y una economía solidaria.
La cultura laboral del “nuevo autónomo” no incluye la lucha por mantener a raya los tiempos de trabajo con el fin de amplia el tiempo dedicado a familia, ocio y tiempo libre. Por el contrario, los límites horarios, las vacaciones reguladas o los fines de semana libres van convirtiéndose en realidades remotas, propias de un tiempo que parece históricamente superado. La frontera entre el trabajo y el no trabajo se hace más fluida y porosa, el teléfono móvil permite estar continuamente en contacto con un cliente o con un suministrador y los fines de semana hay que hacer la contabilidad o planificar operaciones comerciales. En general, las jornadas de trabajo a la semana de los autónomos -tanto los ”nuevos” como los tradicionales- son las más altas de todo el sistema sociolaboral español (más de 50 horas de media) sin que esto se transforme en actitudes de protesta ¿Contra quién protestar? Si acaso contra el Estado que recauda impuestos y descuenta una parte de los ingresos obtenidos. La falta de patriotismo fiscal y el contacto con el sector sumergido de la economía es, de hecho, permanente en estos ambientes. El 55% de los autónomos españoles cotiza la base mínima, lo cual no quiere decir que no piense en su futuro sino que más bien planifica su vida al margen de los mecanismos públicos de provisión de bienestar.
Esta falta de patriotismo fiscal no quita, sin embargo, para que los autónomos le exijan a los poderes públicos que construya carreteras, asegure su Seguridad Social, deprima los salarios y facilite la optención de créditos lo más baratos posibles. Hoy trabajan con esta empresa y tienen sus clientes aquí, mañana trabajan con otra y sus clientes están en otro sitio. Son tan sedentarios como el resto de la población española, pero su día a día es una sucesión interminable de kilómetros y viajes cortos que marcan definitivamente sus vidas. Esto les hace depender del automóvil y de los furgonetas como el pez depende del agua. España es, de hecho, el principal productor de Europa de pequeños vehículos industriales y los “nuevos autónomos” son los reyes de las Ford Transit, de las Citroën Berlingo y las Fiat Doblo que circulan ininterrumpidamente por las carreteras de circuvalación de los grandes centros de consumo del país. Su dependencia de unos precios de la gasolina lo más bajos posible, de unos salarios rozando el nivel de subsistencia para esos dos o tres trabajadores que tienen contratados muchas veces y su fe en un modelo de crecimiento ilimitado en el que cada monte es susceptible de ser cubierto de chalets adosados, no emana de una especie de fanatismo desarrollista sino de la dinámica impuesta por la lógica misma de crecimiento del sector.
Pero por mucho que la nuevos empresarios y autónomos ingresaran estadísticamente en la categoría de los “no asalariados”, por mucho que ahora vivan en una casa unifamiliar en un barrio no obrero, que lleven a sus hijos a los colegios privados y conduzcan grandes coches de importación, sólo podrán consolidar su estatus, pasar a formar parte de una nueva clase social si el sector vuelve a crecer o si consiguen “enganchar” su negocio a otro sector económico en (fuerte) expansión. La consolidación del estatus social en las condiciones actuales parece difícil pues muchos están fuertemente apalancados en créditos que no son capaces de devolver.
La cuestión es qué políticas y medidas pueden generar una constelación de crecimiento comparable a la que aquí hemos analizado y que tengan capacidad de crear varios cientos de miles de puestos de trabajo en poco tiempo. Parece difícil que esto sea posible en el actual marco de las políticas económicas nacionales y europeas, sin la intervención activa de los poderes públicos (por ejemplo con financiación europea) en la puesta en marcha de inversiones públicas con con capacidad de crear puestos de trabajo. Esto no obligaría a romper con los fundamentos ideológicos que, en buena media, han esculpido ideológicamente al grupo social emergente que acabamos de analizar: las políticas de oferta, la visión microeconómica del mundo, la contrucción de una Europa más competitiva que cooperativa, la insolidaridad fiscal o el intento de generar crecimiento destruyendo (aún más) recursos naturales.
Es probable que en el momento en el que las políticas económicas le tengan que dar la espalda a estos ejes ideológicos, también acaben siendo distintos los valores y las actitudes de los autónomos que vayan surgiendo en los entresijos de una nueva economía solidaria y ambientalmente sostenible. Un programa de inversiones destinado a la reconversión energética del país podría necesitar de varios cientos de miles de trabajadores con justamente este perfil. Su organización en cooperativas y su dependencia de un programa de inversiones públicas acercaría a este colectivo a un bloque antineoliberal debilitando al mismo tiempo su identificación con los valores competitivos de la derecha.
Fuente (con tablas de datos y análisis de resultados electorales): http://asteinko.blogspot.com.es/2012/07/los-nuevos-autonomos-y-la-hegemonia.html#more
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Enlace: http://www.mientrastanto.org/boletin-108/notas/cuaderno-de-depresion-15