Las mujeres y hombres que habitamos Madrid hemos sido convocad@s a ser testig@s de la Historia. Pero vamos a faltar a la cita, o más concretamente vamos a cambiarla. Que nadie nos espere a quienes soportamos contratos humillantes y alquileres desorbitados. Que nadie nos espere a quienes perdemos el sueño a finales de mes, a quienes sufrimos las bombas de los señores de la Guerra, las que asesinan en Iraq o en Atocha. Que nadie nos espere porque somos otra cosa.

Nada nos une con los parásitos cuya boda estamos obligad@s a pagar, nada nos une con esta ciudad militarizada y artificial que el Poder está levantando para que nada ensucie el escaparate de un hermoso cuento de hadas. En el espectáculo de una felicidad ajena, no vivida más que como admiración por la que gozan quienes viven de nosotr@s, se nos ha reservado el papel de siempre, al que ya nos tienen acostumbrad@s: Espectador@s.

Pero su Madrid, al que han citado para aplaudirles, nos es desconocido. Nosotr@s somos otra cosa. Puede que a veces no sean capaces de vernos, se pierdan entre las caras de apatía y hastío, pero siempre hemos estado aquí. Existimos en cada amanecer y al volver del trabajo que nos consume la ilusión para hacer ricos a quienes ya lo son, existimos aunque el ruido de la televisión trate de sepultarnos bajo toneladas de estúpidas promesas de bienestar medido en número (siempre insuficiente) de mercancías consumidas.

Nuestro Madrid resistió heroicamente a la barbarie al grito de ¡No Pasarán! hace más de 60 años, desobedeció a los señores de la guerra con un estallido de vida contra la muerte vestida de orden hace uno,y se guardó el dolor en el puño para salir a la calle frente al terror y la mentira hace dos meses, de nuevo contra la barbarie que se ejerce siempre contra l@s de abajo vivan donde vivan. A este Madrid, al que de verdad existe, al que paga y soporta la boda es al que han tenido la poca vergüenza de citar. Quienes sufren la explotación están citad@s a admirar la elegancia de las ropas de los explotadores; quienes viven vidas que no han elegido lo están para vitorear a quienes las deciden en su lugar.

Madrid hoy tampoco defraudará. No será testigo de la Historia porque de un tiempo a esta parte ha aprendido que es mucho más placentero protagonizarla. Confiamos en que el fin de semana de la Boda Real Madrid desertará del humillante papel que le han reservado quienes la ocuparán con su lujo y su policía, confiamos en que se afirmará de nuevo vigorosa y alegre, desafiando al miedo para llenar de nuevo sus calles de una multitud de protagonistas que no se aplauden más que a sí mism@s y sus voluntades de construir colectivamente sociedades libres e igualitarias, vidas que merezcan ser vividas.