
Ahora que empezábamos a presumir de Valladolid como ciudad viva, moderna, creativa, incluso hospitalaria, lejos de la proverbial reciedumbre castellana, más allá del folklore truculento de la Semana Santa y el glamour de los grandes fastos de la Seminci, nos toca rectificar (perniciosa moda gubernativa) y admitir que esta es una ciudad con caspa y con un ascensor monumental en una catedral a medio hacer, pero sin permiso de la autoridad competente para hacer otra cosa en un bar que no sea destrozar los hígados, subir el colesterol o gritar OÉ, OÉ a la Roja.
Precisamente ahora que me había sumado yo a la notoria efervescencia de propuestas culturales de carácter privado y alternativo en nuestra ciudad programando un ciclo de Narración Oral para adultos en los bares, llega el Ayuntamiento con su ordenanza municipal, dos veces denunciada por vulnerar derechos fundamentales, y se lía a crujir a base de multas y sanciones a quienes, como yo, han hecho de la crisis oportunidad y se han animado a autogestionarse el vicio de la cultura.
Las sesiones celebradas dentro de este Ciclo que menciono, “doMingos de cueNto”, han sido un enorme éxito en todos los sentidos:
Por la gran calidad y variedad de estilos de los artistas participantes, venidos de diferentes puntos del país, artistas que nos representan también fuera de nuestras fronteras y que triunfan en los mejores circuitos del sector. Por la extraordinaria acogida del público vallisoletano, que ha llenado aforos (sin sobrepasarlos, faltaría más) y ha creado momentos mágicos con una escucha fuera de lo común; tanto que los narradores han marchado emocionados y Valladolid ya está en boca de todos dentro de la profesión, un Valladolid que hasta el momento había pasado inadvertido (fuera de los círculos de la “Narración Oral Escénica” que lidera Garzón Céspedes, un referente indispensable en la Narración Oral, y que todos los años organiza un Festival en el Teatro Calderón, de mucha calidad pero muy limitado a los discípulos y seguidores de su propia escuela).
Por la profesionalidad y exquisita hospitalidad de los hosteleros que colaboran. Los establecimientos fueron elegidos con estos criterios, además de la adecuación de los espacios al tipo de evento. Pienso que el lugar más adecuado para contar cuentos es una bodega… por supuesto con extintor.
Por la puerta que se abre a futuras ediciones y a múltiples colaboraciones entre diversos agentes sociales, culturales y económicos de la ciudad, aparte de los pioneros que han apoyado casi a ciegas esta primera iniciativa. doMingos de cueNto
Personalmente, por la satisfacción de recibir en mi ciudad, en mi casa, a algunos colegas con los que me une una amistad labrada a base de cuentos, brindarles un público excelente, aprender de ellos, compartir con mis vecinos algo que me apasiona, ofrecer a mis amigos hosteleros la ocasión de dinamizar sus negocios… y demostrarle a los políticos que somos gentes de bien con la suficiente madurez para levantarnos del sofá y apagar la televisión sin alterar el orden público, eso sí, ejerciendo nuestro libre albedrío, que para eso le tenemos mal que les pese.
Victoria Gullón, una de las narradoras que ha participado en el Ciclo, mujer maravillosa y maravillada, cuando fue informada de la posibilidad de una irrupción policial hizo su función con el carné metido en el calcetín. No se lo puso en la boca porque no hubiera podido cantar y contar como lo hizo. Su coraje me emocionó y me hizo evocar los tiempos de la dictadura en los que esta jovial dama de 60 años curtió su voz libre. Al despedirnos me dijo feliz: “Me llevo en la memoria dos historias que podré contar: que corrimos el riesgo de ser desalojadas y que encontré uno de los mejores públicos que jamás tuve”. Pueden elegir: la ciudad sitiada o la ciudad acogedora.
No me quedo tranquila con que hayan levantado la mano en lo que respecta a espectáculos como los que yo ofrezco. Porque esto forma parte del floreciente jardín artístico y cultural de la ciudad junto con las otras actividades “non gratas”. Nos nutrimos de la música, de la pintura, de la poesía, del teatro, de los cuentos, del mismo público, de las albóndigas especialidad de la casa… Debemos ir juntos y a un tiempo hacia un lado u otro, de distinto modo se nos secará la flor. Sería necio conformarse con salvar el culo y dejar a otros en la cuneta. Ya lo decía Brecht.
Fuente ‘Último cero’: http://www.ultimocero.com/blog/palabras-contadas/con-el-sof%C3%A1-incrustado-las-posaderas
Más información sobre los “doMingos de cueNto” (enlaces facebook):
Ciclo de narración oral: doMingos de cueNto
Más información en Tortuga y hacia otros lugares:
Redadas policiales contra actividades culturales en Valladolid
http://www.nodo50.org/tortuga/Sigue-el-carrusel-de-ordenanzas
