Gerrarik ez!


Ni en Bardenas ni en Afganistán

22 de noviembre: Día mundial contra la guerra y la ocupación de Afganistán

Miles de kilómetros separan los terrenos de Bardenas de las aldeas de las montañas de Afganistán. En Arguedas nunca se ha oído hablar de Azizabad, ni nunca han oído los niños de esa aldea afgana el nombre de Valtierra. Los pilotos que bombardean las aldeas afganas seguramente no conocen estos nombres, aunque quizás alguno de ellos se entrenaría alguna vez en el Polígono de tiro de Bardenas. No lo sabemos, y lo que es peor, tampoco podemos saberlo, pero no sería extraño que el avión que bombardeó esa aldea el pasado 22 de agosto causando la muerte de 95 de sus habitantes, entre ellos 50 niños y
niñas, se hubiera entrenado en el polígono de tiro de las Bardenas.

El de Azizabad ha sido un caso famoso, pero sin embargo los bombardeos de aldeas son algo usual en Afganistán, sobre todo desde la intensificación de la guerra en 2007. Resultado de ello es un elevado número de víctimas civiles, un número muy difícil de
cuantificar. Sin embargo las estimaciones de diversas ONGs hablan de unas dos mil víctimas civiles en el conflicto en el año 2007, cifra que se está superando en el año 2008
(www.afghanconflictmonitor.org).

Miles de kilómetros nos separan pero los bombardeos han unido también
estas tierras, los bombardeos nos recuerdan que la guerra empieza aquí, esa guerra lejana en
la que participa también el ejército español y que es preparada también en nuestra tierra.

No podemos olvidar que el origen de la intervención de la OTAN en Afganistán está muy
lejos de los intereses del pueblo afgano. De hecho, sus valles y montañas ya fueron
escenario de la guerra fría en los años 80, y se convirtieron, sin tener arte ni parte, en el
chivo expiatorio de los atentados del 11 de septiembre. En octubre de 2001, sin ningún
refrendo de la ONU, EE.UU. inicia una guerra mediática que busca una respuesta rápida y
triunfante a la humillación que supusieron los atentados para el gobierno norteamericano.
Al mismo tiempo, con esa operación EE.UU. se aseguraba el control de una zona de gran
importancia estratégica y también económica, para el transporte de petróleo.
Poco importaba que la guerra, al igual que los atentados de las torres gemelas,
provocara sobre todo víctimas entre la población civil. Son los daños colaterales, tan
asumidos en la lógica militar. De hecho, la guerra no ha solucionado para nada los
problemas del pueblo afgano. Lo que se vendió como la liberación de la tiranía del
gobierno talibán no ha sido más que guerra, inseguridad y estancamiento económico. A las
cifras de civiles asesinados por ambos bandos hay que añadir una continua violación de los
derechos de las mujeres, situación esta que no ha mejorado con la ocupación. Además, la
guerra no ha hecho sino profundizar en el estancamiento económico, de manera que en
Afganistán solo es posible sobrevivir gracias a las redes de la economía informal, o
integrándose en las tramas del narcotráfico, ligado al cultivo y tráfico de opio.

Ni siquiera ha servido la operación para asegurar un cierto bienestar a la
población civil. El disfraz humanitario que se le quiere dar a la ocupación, con aprobación
de la ONU desde diciembre de 2001, no hace sino ocultar el caos humanitario que vive el
país. Intentan militarizar la asistencia médica, la reconstrucción del país, cuando está siendo
probado una y otra vez la total ineficacia de los ejércitos para ese tipo de labores. Es más, el
clima de guerra y la militarización no hace sino dificultar la labor de organismos
humanitarios, siendo ejemplo de esto la decisión de Médicos sin Fronteras, que abandonó
Afganistán en 2004.

El gobierno español es cómplice de esta situación. Soldados españoles
participan en la ocupación de Afganistán, prestando ayuda a las tropas de la OTAN que
están en primera línea, y teniendo a su cargo un PTR , nombre con el que se quiere tapar la
verdadera labor de los soldados allá. Además, las bases militares y los polígonos de tiro son
fundamentales para mantener la ocupación. No son solo lugar de entrenamiento, hace poco
el grupo pacifista belga Vredesactie (acción por la paz) ha sacado a la luz la operación de
despliegue de helicópteros Black Hawk de EEUU hacia Afganistán que tuvo lugar en la
base de Rota (Cádiz) en enero-febrero de 2007. Aunque el gobierno no lo quiera reconocer,
estamos en guerra, en una guerra sobre la que no se nos ha preguntado y que sólo sirve a
los intereses de la OTAN y de su principal socio, los EE.UU.
Ante todo esto, tenemos que reafirmarnos en nuestra exigencia de la
desmilitarización de las relaciones internacionales, a sabiendas que sólo así podremos
conseguir una mayor justicia y seguridad planetaria. Lo contrario, continuar la lógica de la
guerra, es seguir conduciendo al mundo a un caos en beneficio de una minoría.

Así pues, sumándonos a los llamamientos de cara a al 15 de noviembre como
día europeo de acción noviolenta contra las infraestructuras militares y del 22 de noviembre
como día mundial contra la guerra y la ocupación de Afganistán queremos exigir:

1. La retirada de las tropas extranjeras de Afganistán.

2. La asunción, por parte de los gobiernos de la OTAN, de los gastos
provocados por la guerra, facilitando programas de reconstrucción dirigidos
y protagonizados por la sociedad civil afgana.

3. Interrumpir la ruinosa espiral de la producción y venta de armamentos, que
en lugar de crear seguridad no hace sino incrementar y alargar las
consecuencias de los conflictos bélicos.

4. El desmantelamiento del polígono de tiro de Bardenas.

Concentración:

Sábado 22 de noviembre, a las 13:00 horas

Plaza Merindades

Convocan:

– Aldea
– Alternativa Antimilitarista – Iruñeko KEM-MOC
– Confederación General del Trabajo (CGT)
– Komite Internazionalistak
– Mugarik Gabe
– Rosa Negra