¡Condenad la violencia! Pues… verán. Mi caso es un verdadero dilema. Soy canario, y en mi formación ha influido el acceder a cierto tipo de información y de textos donde la historia no es exactamente la «oficial», esto es, la que está escrita al gusto de los vencedores. Últimamente andaba ya medio revuelto con esto de que cierta gente señalara indefectiblemente a los inmigrantes como delincuentes en potencia, teniendo en cuenta que dos ejemplares como Hernán Cortés y Francisco Pizarro, en terminología contemporánea, no sería muy descabellado catalogarlos de justo esto: inmigrantes –en Latinoamérica– y delincuentes –ya se sabe cómo sacaron de este continente las riquezas–. Tiene coña que a esta gente en España se les presente *a fecha de hoy* como héroes nacionales hasta el punto no ya de hacerlos protagonistas de monumentos sino de haberlos hecho figurar en el máximo exponente de la riqueza del país, en los billetes de 1000 de la extinta moneda. Si ya vemos a cierto partido que no es que ya no condene el último golpe de Estado, sino que sitúe a un ministro de Franco como referencia intelectual –qué dirían en Alemania si tuvieran de presidente de honor de la CDU a un antiguo ministro del Tercer Reich–, que se niegue a admitir cualquier responsabilidad sobre los crímenes que cometió durante 40 años, que se quejen de que con la Ley de Memoria Histórica se quiera volver a enfrentar a una mitad de España con otra –que yo sepa, la «mitad» dominante del 36 al 75 fue la de Falange Española: ellos sólos, esta otra «mitad» supuestamente actual, a la que siempre han querido presentar como otra diciéndose de centro y moderado, se definen… pero no hay forma de que ni esas evidencias las admitan–, que cualquiera de éstos «dignísimos» y «honorables» gestores de lo de todos nosotros señalados por corrupción pongan ellos solitos su línea exactamente en el mismo sitio que cualquier delincuente común, esto es, en el Código Penal, etc. etc. lo único que me produce es asco. Así que… vamos, me siento como mi paisano Benito Pérez Galdós cuando escribió que iba a París a descansar de ser español… Lo malo es que yo no puedo ni huir ni quiero hacerlo de mi tierra.
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¡Condenad la violencia!
Pues… verán. Mi caso es un verdadero dilema. Soy canario, y en mi formación ha influido el acceder a cierto tipo de información y de textos donde la historia no es exactamente la «oficial», esto es, la que está escrita al gusto de los vencedores. Últimamente andaba ya medio revuelto con esto de que cierta gente señalara indefectiblemente a los inmigrantes como delincuentes en potencia, teniendo en cuenta que dos ejemplares como Hernán Cortés y Francisco Pizarro, en terminología contemporánea, no sería muy descabellado catalogarlos de justo esto: inmigrantes –en Latinoamérica– y delincuentes –ya se sabe cómo sacaron de este continente las riquezas–. Tiene coña que a esta gente en España se les presente *a fecha de hoy* como héroes nacionales hasta el punto no ya de hacerlos protagonistas de monumentos sino de haberlos hecho figurar en el máximo exponente de la riqueza del país, en los billetes de 1000 de la extinta moneda. Si ya vemos a cierto partido que no es que ya no condene el último golpe de Estado, sino que sitúe a un ministro de Franco como referencia intelectual –qué dirían en Alemania si tuvieran de presidente de honor de la CDU a un antiguo ministro del Tercer Reich–, que se niegue a admitir cualquier responsabilidad sobre los crímenes que cometió durante 40 años, que se quejen de que con la Ley de Memoria Histórica se quiera volver a enfrentar a una mitad de España con otra –que yo sepa, la «mitad» dominante del 36 al 75 fue la de Falange Española: ellos sólos, esta otra «mitad» supuestamente actual, a la que siempre han querido presentar como otra diciéndose de centro y moderado, se definen… pero no hay forma de que ni esas evidencias las admitan–, que cualquiera de éstos «dignísimos» y «honorables» gestores de lo de todos nosotros señalados por corrupción pongan ellos solitos su línea exactamente en el mismo sitio que cualquier delincuente común, esto es, en el Código Penal, etc. etc. lo único que me produce es asco. Así que… vamos, me siento como mi paisano Benito Pérez Galdós cuando escribió que iba a París a descansar de ser español… Lo malo es que yo no puedo ni huir ni quiero hacerlo de mi tierra.