
Tortuga
Leemos en el Diario Información una noticia que se hace eco de la denuncia de un sindicato de carceleros operativo en la cárcel de Villena, la cual informa de que han sido puestas en cuarentena y aisladas un total de 413 personas presas, correspondientes a cuatro módulos, del total de 1200 presos que hay en esta cárcel. El motivo de la prisión para adoptar esta drástica medida es el positivo por covid que dio, tras acudir al hospital de Elda al sentirse indispuesto, un trabajador de una empresa de toldos y persianas que tiene un taller en la cárcel para aprovechar la mano de obra semiesclava de los presidiarios.
El confinamiento de estas 413 personas, para el que no se ha fijado un plazo de duración determinado (incertidumbre que, es de creer; afectará notablemente el estado de ánimo de los afectados), supone que «no podrán salir de sus módulos para realizar ninguna actividad común, como polideportivo, ni tampoco podrán salir a los juicios y diligencias judiciales que tengan programadas, por lo que quedarán suspendidas estas actuaciones. El aislamiento también conlleva la suspensión de las comunicaciones de los internos con familiares y amigos».
El sindicato de carceleros trabajadores en esta prisión que informa de la situación, lejos de denunciar la terrible situación en que quedan todas estas personas, encarceladas doblemente dentro de la cárcel, sin poder comunicar con sus seres queridos, con sus asuntos judiciales (algunos perentorios) cancelados y sin tener conocimiento de cuanto tiempo puede durar la situación, lamenta lo mal que lo pasan ellos, los funcionarios, teniendo que lidiar con «un aumento de tensión en la convivencia, precisamente por la incertidumbre a lo desconocido». Por ello, la asociación reclama «a la opinión pública y a la clase política que se preocupe por las condiciones laborales de los funcionarios de prisiones».
