
La incorrección de la corrección
Ferran Toutain, El Pais
Sabido es que de un tiempo a esta parte no hay documento
administrativo, carta comercial, nota escolar o arenga de masas que no
encabece sus pretensiones especificando los dos posibles sexos de sus
destinatarios. La cosa empezó hace ya bastantes años. Aún recuerdo cómo
me reí en una reunión universitaria, a principios de la década de 1990,
cuando tuve la oportunidad de escuchar a un profesor que, queriendo
referirse a los correctores de estilo, soltó con toda seriedad y sin
apenas sonrojarse el siguiente prodigio verbal: «Los/las
mediadores/mediadoras lingüísticos/lingüísticas». Y si la memoria no me
falla, para recrear más a la audiencia, el joven docente coronó su
hazaña haciendo con los dedos de ambas manos esa especie de gesto
simiesco con el que se quiere indicar que uno pone entre comillas lo
que acaba de decir. O sea, que ni siquiera él daba crédito a sus
palabras.(…) No es ningún secreto que, en las escuelas, durante bastantes
décadas se enseñó lingüística estructuralista y gramática generativa en
lugar de enseñar a leer y escribir. Como los niños salían cada vez más
analfabetos sin que nadie supiera por qué, a partir de un momento se
decidió enseñarles también a escribir y esto se hizo, y se sigue
haciendo, mediante una lista de consignas que los escolares deben
aprenderse de memoria y utilizar a modo de plantilla. Además de
considerar incorrectas las frases largas o fomentar lugares comunes
propios del peor periodismo, estas listas suelen incluir normas para un
lenguaje no sexista. Los niños siguen saliendo analfabetos y aún no se
sabe por qué. Si eliminásemos la corrección política, no resolveríamos
el problema, claro, pero quizás daríamos el primer paso hacia una
enseñanza un poco seria. Y si de paso consiguiéramos eliminarla también
de los medios de comunicación y de los discursos políticos, entonces
hasta puede que fuera toda la sociedad la que empezara a volverse seria.
Mikel añade dos textos sencillos y necesarios acerca de las razones y
consecuencias de la corrección política sobre la lengua: el de Addenda
& Corrigenda, correctores, sobre la imposición del duplicado innecesario -y absurdo- de géneros y su contradicción a las normas de nuestra gramática; y otro de Javier Arias Navarro, doctor en lingüística, sobre la cosa de las arrobas –un fenómeno psiquiátrico y sociológico antes que lingüístico. En los comentarios de Barrapunto añaden uno más: Las miembras y los miembros, de Arturo Pérez-Reverte.
El verdadero cáncer de nuestra lengua no son los SMS sino la agenda
política, una agenda que no es la igualdad sino la segregación, el
mecanismo de censura y de distraccón social
mas efectivo de los últimos treinta años. Y esta normativa que define
lo que se puede decir y lo que no, lo que se puede mostrar y lo que no,
que cambia con las estaciones y se extiende como una plaga,
infestándolo todo, es convenientemente apadrinada por las
universidades, los oportunistas de salón y los medios de comunicación y
tristemente defendida por millones que creen luchar por algo distinto,
algo mejor. De buenas intenciones está asfaltado el camino al infierno.
Yo no me siento más representada cuando se dice «todos y todas» o,
peor, «tod@s»; me siento imbécil por tener que aguantar tanto ruido en
honor a mi diferencia sexual. Diferencia de la que, por cierto, sólo
soy consciente cuando ocurren estas cosas. Defiéndanse, no colaboren.
La habilidad de pensar libremente es uno de los pocos privilegios que
nos quedan.
¿En nombre de la incorrección política?
En
Lenguaje inclusivo: Página de crítica al lenguaje de la exclusión y la opresión, desarrollan un punto de vista diferente.
La página forma parte de Mujer Palabra, donde también aparecen muchas reflexiones relacionadas con «otros» campos de la enseñanza.
La preeminencia del habla sobre la norma
Es el uso, la gente, lo que hace la lengua. La lengua está al servicio de la gente. La gente evoluciona, cambia. Quienes hablan de cánceres y crímenes cuando hablan de usos que la gente hablante le da a la lengua no comprende este hecho, que ya estableció Saussure a principios del siglo veinte, dando inicio a lo que sería una ciencia, la lingüística, en la que la tradición prescriptivista no tendría más papel que el de anacronismo para exponer en un museo.
La lengua es reflejo del sistema conceptual, y ambas reflejan el sistema de organización social. Bienvenido cualquier uso que abra brecha hacia un sistema conceptual y social más justo y civilizado.
Que se tomen una tila los inquisidores.