No podemos dejar de observar cierta ingenuidad en la visión que el autor tiene sobre las recientes revueltas del mundo árabe. Es cierto que muchas personas han demostrado su ansia de libertad en ellas, pero no hay que olvidar que en muchos casos quienes se han arrogado su dirección no destacan por su defensa de valores altruistas. Sin embargo, está bien el toque de atención que da López Padrino a un sector de la izquierda acrítico con sus mitos. Nota de Tortuga.

Produce un gran desconcierto e indignación observar cómo diversas
organizaciones de izquierda de Latinoamérica y del continente europeo se han
entrampado ideológicamente con los acontecimientos que ocurren en el mundo
árabe, particularmente en Libia y Siria. Ello es una señal inequívoca de las
dificultades ideológicas en las que se debate la izquierda a escala mundial,
tras haber perdido su dinamismo como fuerza conductora de la historia y de
los cambios auténticos y libertarios. Es una izquierda que ha hipotecado su
independencia ideológica al mejor postor, y que se muestra incapaz de
afrontar con audacia a los desafíos del presente.

El posicionamiento de la mayoría de los movimientos de izquierda frente a la
primavera árabe ha sido despreciable para decirlo de una manera benevolente.
Han guardado un silencio celestino sobre de las masacres y la represión
llevadas a cabo por los gobiernos sanguinarios de Libia y Siria. Han
despreciado las gigantescas manifestaciones populares protagonizadas por las
fuerzas progresistas en su lucha por mayores libertades políticas. Muchos de
ellos, de manera irresponsable, han descalificado las insurgencias populares
en esos países, al tildarlas de conspiraciones internacionales patrocinadas
por la CIA y las potencias occidentales. Ignoran de manera
inexplicablemente, el clamor popular por más democracia, más justicia social
y equidad, y el rechazo al despotismo que se ejercen en contra de esos
pueblos en nombre de un falaz nacionalismo que solo ha permitido enriquecer
a unas minorías. Es la izquierda hipócrita solidaria con las revueltas en
Egipto, Túnez, y Yemen pero contraria a las protestas en contra de Gadafi y
Al-Asad.

Es la izquierda que en su laberinto ideológico, reproduce los mismos dobles
raseros y las mismas manipulaciones propias de la derecha. Una izquierda que
ha sido miope en ver que Gadafi y Al-Asad son dictadores tan siniestros como
sus colegas: el rey al-Khalifa en Bahréin, Saleh en Yemen, el rey Abdalá en
Jordania, Mohamed VI en Marruecos y Buteflika en Argelia, etc. Que sus
voceros han llegado al extremo de afirmar falazmente que tanto Gadafi y
Al-Asad son socialistas, anti-imperialistas y democráticos, líderes
revolucionarios tercermundistas que han salvado a sus pueblos de la pobreza,
convirtiéndose en obstáculos para las potencias coloniales habidas de
recursos naturales. Discurso infame que han hecho suyo también los
neototalitarios y populistas de nuestra América (Castro, Morales, Correa,
Ortega). Todos recordamos la defensa que ha hecho el iletrado de Miraflores
a su «amigo» Gadafi, en sus mensajes en Twitter: *“Vamos, canciller Nicolás
(el sargenton Ministro de Relaciones Exteriores): Dales otra lección a esa
ultraderecha pitiyanqui! ¡Viva Libia y su independencia! ¡Gadafi enfrenta
una guerra civil. No voy a condenar (a Gadafi), sería un cobarde si
condenase a quien ha sido mi amigo durante mucho tiempo sin saber qué pasa
exactamente en Libia”*. Un cinismo más abyecto no se puede concebir !!!!.

El inesperado impulso democrático del mundo árabe ha puesto a una izquierda
retrograda y anquilosada en aprietos, en lugar de apoyar con su autoridad y
prestigio a las revueltas populares árabes, se ha dedicado a callar y a
defender a tiranos como Gadafi y Al-Assad. No se puede ser de izquierda y
apoyar a déspotas que asesinan a sus propios conciudadanos. La
desideologización y pragmatismo que carcomen a la izquierda la han alejado
de sus paradigmas libertarios, humanistas y emancipatorios.

2 thoughts on “Cuando la Izquierda dejó de ser libertaria y humanista”
  1. Cuando la Izquierda dejó de ser libertaria y humanista
    Soy lector ocasional –por desgracia- de los abundantes correos-spam que remite el sr. López Padrino desde hace varios años a innumerables direcciones de internet. Creo que sería de ayuda para contextualizar este más que prescindible artículo conocer que el venezolano sr. López Padrino es un auténtico apóstol de la crítica anti Hugo Chávez, a la que parece haber dedicado su vida. No es que yo sea un especial admirador del presidente de Venezuela, pero desde luego no me identifico para nada con los postulados del sr. López Padrino, el cual representa la tendencia ideológica de la oposición más elitista y reaccionaria de su país. Creo que en este caso decir que su pensamiento encaja con la etiqueta de “ultraderecha” no es exagerar en absoluto. Y no lo digo en especial por este artículo sino por toda su trayectoria enviando mails.

    Desde esta perspectiva creo que queda mejor contextualizada su postura sobre esa “izquierda” poco crítica con los desmanes de Gadafi y el presidente de Siria, ambos dos más o menos coleguitas de Hugo Chávez. De hecho si lo pensamos bien este artículo tendría espacio sin problemas en el periódico La Razón o en el medio Libertad Digital.

    Y no es que me parezca que no se deban arrojar dardos sobre esos “antiimperialistas” que miran a otro lado si es Gadafi o el presidente de Siria quien envía al ejército contra la población, pero desde luego López Padrino no me parece la persona oportuna para iniciar ese debate. Más que nada porque su intención no es solicitar más coherencia entre algún tipo de izquierda sino aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para cagarse un poco en la izquierda toda, y de paso tirarle una –otra- piedra más a su odiado Hugo.

    Saludos.

    1. Cuando la Izquierda dejó de ser libertaria y humanista
      Bueno, el artículo no destaca, desde luego, por su calidad literaria o la profundidad de sus argumentos; sin embargo, aunque se pasa de rosca con algunos adjetivos, no está mal dar de vez en cuando un toque de atención a cualquier sector acrítico. También es cierto que releyéndolo uno se da cuenta de que no lo hace de la mejor forma posible, y esto es algo que ocurre en muchísimos textos que buscan polémica.

      Lo que no sabía era la carrera de su autor. En fin, ahí queda como una simple cosa más para leer.

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