
El conflicto vasco, la crisis del proceso de paz y sus repercusiones,
a partir del texto Entre la espada del estado y la pared de ETA de Ramón Fernández Durán
Miércoles 7 de marzo a las 19:30 h.
En la librería asociativa Traficantes de Sueños
c/ Embajadores 35, local 6
Organizan: Asamblea Antimilitarista y Ecologistas en Acción

ETA lleva unos cuarenta años de existencia, y ha agotado ya (hace tiempo) un ciclo histórico que intenta prorrogar inútilmente. Lo peor en estos casos es no saber desaparecer a tiempo, y en las mejores condiciones posibles, sobre todo de acuerdo con los objetivos por los que surgió y ha perdurado hasta ahora. Y eso suponiendo que alguna vez debiera haber iniciado su andadura, que es mucho suponer, para enfrentar un conflicto político-territorial con el Estado español, enquistado gravemente desde hace más de un siglo. Pero su existencia es hoy un enorme lastre para las justas demandas de sectores importantes de la población vasca, y en especial de la izquierda abertzale, para los movimientos emancipadores del conjunto del Estado, para su entorno más inmediato, en especial sus más de 600 presos, así como sus familiares y amigos, y en definitiva para ella misma. Hoy en día un número bastante menor de militantes que los miembros de ETA en las cárceles. Es más su existencia sólo está beneficiando a los sectores más reaccionarios, y está favoreciendo y legitimando el reforzamiento y endurecimiento del Estado español a todos los niveles.
Todo ello ha ido haciéndose cada día más patente a lo largo de las dos últimas décadas, se ha acelerado con el cambio de siglo, en especial tras el 11-S, y ha explotado ya a partir del 30 de diciembre junto con la bomba de Barajas, cuando ETA ha cometido un inmenso error político, además (y principalmente) de matar a dos ciudadanos ecuatorianos. ETA ha certificado ya en la T-4 su muerte en vida. Y eso sin hablar de las valoraciones éticas y morales que nos debe merecer una actividad armada que en todo este periodo ha cosechado más de 800 muertos, así como miles de heridos, algunos gravemente lesionados de por vida, muchos de ellos víctimas “colaterales”. ETA ya sólo puede desaparecer, no tiene otra opción, y es bueno que lo haga cuanto antes, y a iniciativa propia, por el bien de todos, incluso de ella misma. Esta afirmación para nada intenta eximir de responsabilidades al gobierno en relación con la crisis del así llamado “proceso de paz”, cuando éste ha sido uno de los causantes de su parálisis y su crisis. Y ahora es preciso también que entre todos y todas ayudemos a desbloquear esta sinrazón, que nos afecta al conjunto de la sociedad, para poder caminar hacia otros mundos posibles. Nos va nuestro futuro en ello. Intentemos sustentar estas valoraciones.