
InSurGente.-La crisis ha comenzado a golpear con dureza en el deporte, sobre todo en aquellos que de un modo u otro han estado relacionados con inmobiliarias y constructoras. La locura de millones, el blanqueo de dinero, el reconocimiento social por presidir tal o cual club, ha pasado a mejor vida. Y aunque es obvio que al principal pasatiempo patrio no se le va a dejar morir bajo ningún concepto (y más en tiempos de crisis), la deuda de los clubes va a conllevar la desaparición de muchas instituciones. El baloncesto o el balonmano tampoco son ajenos a esta realidad.
El Mundo:
La deuda acumulada de los equipos de Primera, Segunda y Segunda B con Hacienda es de 627.266.721,38 euros, una cifra estratosférica.
La deuda de los equipos con Hacienda aparece en un contexto difícil, preso el mundo de la incertidumbre por lo que ha de venir. Lejos de los acomodados de Primera y Segunda, de ahí hacia abajo el fútbol se desangra en procesos dolorosos para cientos de profesionales que nunca tuvieron cerca la gloria, y sí en cambio la hipoteca, el alquiler o, dicho queda, el café y la golosina. La Cultural Leonesa, el Portuense, los dos equipos de Granada, el Eivissa, el Leganés –salvado por un mecenas– o el Ciempozuelos, de la Tercera División madrileña, cuyos jugadores se presentaron en el metro a pedir, escenifican lo más amargo del fútbol modesto.
Racing Portuense: Desde agosto, media nómina
El sábado, a la hora de comer, el autobús del Racing Portuense (Segunda B, grupo IV) iniciaba el camino desde el Puerto de Santa María (Cádiz) hasta El Ejido (Almería). Casi seis horas de camino para un equipo que sólo ha cobrado media nómina, la de agosto, y que perdió (4-2) contra el Polideportivo Ejido. El anterior propietario del equipo, un constructor que atiende por Manuel Lores, se marchó durante el verano poniendo como excusa que el proyecto inmobiliario que tenía apalabrado con el Ayuntamiento no iba a llevarse a cabo. «Y te engañan, y vienes aquí con una serie de promesas y te ves a 1.000 kilómetros de la familia, sin cobrar un duro y con un futuro feo». Habla el portero, Manu Taranilla, él es de León y hasta Cádiz se marchó con la esperanza de un buen contrato.
Hoy no tiene 26.000 euros, una parte de los 600.000 que el club debe a la plantilla. «Mi mujer y yo nos hemos puesto como límite gastarnos 1.000 euros al mes, que salen de los ahorros que tengo», prosigue Manu, que ha tenido la suerte de poder vender, sin perder dinero, el piso que tenía en León. Sin embargo, paga 625 euros de alquiler, más agua, luz, gas, comida… La comida. «Me recorro cuatro supermercados para hacer la compra. En Carrefour compro unas cosas, en Mercadona otras, en Dia otras y en el Supersol otras. Todo con tal de ahorrar», explica.
Asiente el capitán, Manolo Sanlúcar, ex jugador del Ciudad de Murcia, Xerez o Alcalá de Guadaira. «Hay compañeros a los que sus caseros han echado del piso», cuenta, y habla de Nacho Garrido, incapaz de hacer frente a los pagos mensuales. Hay futbolistas a los que les deben 115.000 euros, contando con el débito del curso pasado, alargado durante cinco meses. A Sanlúcar la situación también le afecta. «Tenía previsto ir con mi hijo de siete años al Bernabéu para ver el Real Madrid-Liverpool, pero hemos tenido que aplazar el viaje. En otra ocasión verá un partido de la Champions». Ninguno de ellos saben, desde hace meses, lo que es ir a cenar con la pareja. «Nos quedamos en casa, que es más barato», cierra el capitán, entretenido en mitad de una partida de cartas –y va perdiendo–.
Granada: Esperando un coche nuevo
Ander Lafuente tiene 25 años, es de Bilbao y llegó al Granada (Segunda B, Grupo IV) en verano, justo cuando el propietario desde 2005, Paco Sanz –hijo del ex presidente del Real Madrid Lorenzo Sanz– comenzó a pensar en dejar el club, que tendrá elecciones el próximo viernes. La nueva directiva tendrá que hacer frente a los 1,5 millones de deuda, de los cuales más del 50% es con los futbolistas.
Del Bilbao Athletic al Cartagena, y del Cartagena al Granada. Ander quería comprarse un coche nuevo, «pero por suerte no me metí en ese fregado. Yo tengo una hipoteca en Cartagena de unos 1.000 euros, y aquí pago 700 de alquiler». De momento, entre los ahorros y la ayuda de la familia él y su novia van tirando, pues sólo han cobrado hasta septiembre. ¿Salir? «Cuando salimos, salimos a pasear, que es muy barato», cuenta quien, además, tiene a los suyos a 850 kilómetros. El domingo ganaron (3-2) al Ceuta, y se mantienen en la zona tranquila.
Jesús Sierra salió de las categorías inferiores del Barça para recorrerse media Andalucía y firmar, el pasado verano también, en el Granada. Casado, dice que lleva meses sin pisar un restaurante, «porque a nada que pones un pie en la calle te gastas 40 o 50 euros, y ahora mismo no puedo». Él también vive de los ahorros, porque entre el piso que tiene en Jaén y el que ha alquilado en Granada se gasta 1.500 euros todos los meses, y desde septiembre está sin cobrar.
Cultural Leonesa: Entre mentiras y engaños
La Segunda División B encierra sueldos de 150 euros al mes y de 80.000 al año, un abanico tan amplio como el plazo que les han dado a los jugadores de la Cultural Leonesa (Grupo I), que mantuvo su segundo puesto tras ganar (1-0) al Ciudad de Santiago, y eso que estuvieron dos días sin entrenar para pedir que les dejen de engañar.
«En agosto aceptamos reducir un 40% nuestras fichas, y un 20% de ese dinero nos lo tenían que haber pagado el 31 de enero», resume Iván Otero, un chico que llegó a debutar con el Sporting en Primera hace una década y que ahora es uno de los capitanes del equipo. «Va a empezar a haber muchos problemas, porque hay gente de fuera que ha aplazado pagos hasta hoy», resume Iván. «El problema es que ninguno somos superestrellas. Somos curritos y si no nos pagan, no podemos vivir», cuentan los damnificados por otro grupo de empresarios del ladrillo que no cumple su palabra.
El País:
Comenzó a rodar el balón ayer, en Valdebebas, en la ciudad deportiva del Real Madrid, y los jugadores del Galáctico Pegaso, de Tercera División, se bajaron los pantalones ante los aficionados que veían su partido ante el Real Madrid C. Así tenía más sentido el lema de la camiseta con la que saltaron al campo: «Nos habéis dejado con el culo al aire». Llevan cuatro meses sin cobrar. Y no saben a quién reclamárselo. El partido estuvo a punto de no jugarse, pero el equipo, en posiciones de descenso a Preferente – pese a su empate a un gol de ayer- decidió el jueves dar marcha atrás con el plantón que planeaban.
La odisea del club de Tres Cantos comenzó el 7 de enero. Manuel López-Cerón, un pontevedrés de 20 años, anunció la compra del equipo. Se presentó como «el presidente más joven de España» y dijo que le avalaba un grupo inversor de dos conserveras gallegas y una inmobiliaria madrileña. Dos semanas después, Manuel entraba a los vestuarios para reconocer que el dinero no existía. Le habían engañado. «Tuvimos que resguardarle en las duchas», recuerda Luis Carlos López, el director técnico del histórico club, fundado en 1962 por la empresa camionera Pegaso.
Los hijos del anterior presidente, Jesús Palencia -que está en el hospital desde el 7 de noviembre-, decidieron vender el club a López-Cerón a cambio de 200.000 euros, con adelanto de 18.000 euros antes del 16 de enero. Pero el dinero nunca se abonó. «Me empecé a dar cuenta de que había algo raro», afirma Luis Carlos López. «Llamé el sábado por la noche a Manuel. Le dije: ‘O me dices la verdad, o monto un escándalo’. Se echó a llorar y me reconoció que tras aquel supuesto grupo inversor no había nadie». El joven pontevedrés ha estado desaparecido desde entonces. Pero este diario logró ayer hablar con él. Manuel dice estar disgustado y defiende que fue engañado. «Me han dejado con el culo al aire. Cometí una irresponsabilidad, pero pensé que tenía una seguridad detrás. ¡No voy a jugar al solitario y hacerme trampas!», apunta.
El entorno de López-Cerón apunta a dos nombres: un intermediario de Ponferrada («el verdadero culpable de esta situación», dice el propio Manuel) y el empresario Javier Torres. Este último niega haberse comprometido a invertir en el Pegaso. «¡Ha llegado a decir que prometí pagar 200.000 euros en negro!», se asombra Torres. «Ha perdido el norte. El día 24 me llamó agobiado porque necesitaba 50.000 euros. Decía que le había mentido el intermediario, su contacto con las conserveras…». También le dijo que esas empresas eran Conservas Cuca y Frinsa, que niegan conocer a Manuel.
El abogado de López-Cerón ha enviado un fax a la Federación Madrileña y al club diciendo que la venta y los contratos firmados por Manuel no tienen validez. La familia Palencia, por su parte, tampoco se considera ya dueña del club. «No denuncian a Manuel porque tendrían que asumir las deudas», dice Luis Carlos López, que cifra en 100.000 euros lo que se debe a la plantilla. «Quieren pasarle el marrón al chico; pero el club legalmente sigue siendo suyo», añade.
La chiquillada de Manuel ha provocado la angustia de una plantilla que no cobra desde noviembre. Un jugador ha tenido que dejar el piso de alquiler que compartía con su novia para volver con sus padres. A otros, su banco les ha denunciado el impago de la hipoteca. Las reuniones con el Ayuntamiento tampoco han dado fruto. El club pedía que la subvención anual de 54.000 euros, prevista para mayo, se adelantase. Pero el Consistorio tricantino no cree que sea la solución. La plantilla seguirá jugando y crearán una cuenta cero para donaciones. Mañana hay una reunión con un potencial comprador. «¡Esto ha sido una estafa! Los únicos honestos somos los que jugamos al fútbol. El resto, todos unos sinvergüenzas…», dice Jesús Camacho, el capitán.