
«No hay cosa más lamentable que el pedante profesor de Filosofía que piensa que él, o ella pues la imbecilidad está al menos tan repartida como el buen sentido, enseña a sus alumnos a pensar».
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Primero, una breve historia del caso. Cuando entró en vigor la LOGSE, con el PSOE gobernando, la Historia de la Filosofía, hasta entonces obligatoria en el antiguo COU -hoy 2° de Bachillerato-, pasó a ser solo para los de letras puras. Así siguió hasta que llegó el PP al poder y la puso obligatoria de nuevo haciendo, además, que la Ética de 4° de ESO pasará a ser exclusiva de los departamentos de Filosofía. El gabinete Aznar defendió la Filosofía.
Segundo, un poco de actualidad. El actual anteproyecto de la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) del PP ha vuelto, sin embargo, a la LOGSE. Historia de la Filosofía desaparece como materia obligatoria así como la Ética, reconvertida ahora en alternativa a la religión.
Y ahora, la trama. Como parece claro que esto implica un cambio de opinión radical en el PP -de hecho, en el primer borrador LOMCE la Filosofía seguía siendo obligatoria- cabe plantearnos dos cosas: primero, por qué el PP, hasta ahora abanderado de las Humanidades, ha cambiado de opinión; segundo, por qué deben ser obligatorias la dos materias eliminadas, Ética en la ESO e Historia de la Filosofía en 2° de Bachillerato.
¿Por qué el PP ha quitado la Filosofía?
Ha corrido por ahí una teoría grandilocuente: la Filosofía en la educación resulta peligrosa para el poder porque hace pensar. La idea de esto sería, más o menos, que como la Filosofía genera un pensamiento crítico extraordinario entonces el gobierno de derechas la retira por miedo, buscando impedir a la ciudadanos pensar y, por consiguiente, la revuelta social próxima. Pero el argumento es, más o menos, exagerado.
En algún lugar hemos señalado que Filosofía es pensar triste. Con ello, queremos destacar que el espíritu de la filosofía nunca es, a pesar de Boecio, consolador. Lejos de eso, la filosofia conlleva la desdicha al comparar lo que es, la realidad, con lo que debería ser, la racionalidad. Su compromiso así es con la verdad y no con el deseo. Por ello, creer que una materia que ha estado presente sin problemas durante, por ejemplo, el franquismo es retirada ahora para impedir pensar no cumple con ese compromiso con la verdad. Que haya clases de filosofía no implica, a los hechos nos remitimos, una sociedad más crítica -y esto plantea para qué entonces debe darse esta materia-. Por tanto, resulta grandilocuente, y lo grandilocuente es a su vez ridículo, defender esta postura. El gobierno del PP, en definitiva, no quita filosofía por temor a que su presencia desemboque en una revuelta social. Entonces, ¿por qué la quita?
Recordemos algo: el PP, hasta ahora, siempre ha defendido la materia de filosofía. Por tanto, la pregunta está incompleta si no se le añade un término temporal: ¿por qué el PP quita ahora la filosofía? Y ese término ahora implica un cambio: ¿qué ha cambiado? Lo que ha cambiado es el modelo social que defiende ahora el PP. Y este modelo social tiene una repercusión en el modelo educativo.
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el modelo social básico en los países desarrollados estaba consensuado para las principales opciones políticas: su meta era una población con recursos económicos suficientes y cuya imagen ideal, en su doble significado de utopía y meta, era la clase media. Así, en este modelo social la discusión era de matiz pero no de fundamento. Y una parte de ese matiz era la idea de cultura: para la derecha tenía que ver con la tradición y para la autoproclamada izquierda con la ruptura. La derecha, así, defendía una visión cultural erudita, en cuanto a adquisición de conocimientos, y tradicional, en cuanto a que esta adquisición garantizaba la continuidad entre generaciones y la convivencia social. Sin embargo, la izquierda defendía la ruptura con lo anterior y de ahí una visión educativa que desprestigiaba la memoria y la erudición, entendidas como lo que conservaba la tradición, fomentando lo instrumental.
Desde estas dos visiones contrapuestas se entiende la problemática de la Filosofía. Para la izquierda, la Filosofía representaba ese viejo mundo con el que quería romper. Además, creían que la Filosofía había sido ya superada por las ciencias naturales -que habían acabado con la metafísica- y las ciencias sociales -psicología, antropología, sociología, filosofía del derecho y política que habían acabado con la epistemología, antropología filosófica, ética y filosofía política-. Sin embargo, para la derecha, al contrario, la filosofía, que ella calculaba estaba en su apogeo con el jesuíta Suárez y la escolástica, era el arquetipo de la tradición y por ello de la cultura y la continuidad social. Por eso, el modelo educativo debía incorporarla como garantía de la no ruptura histórica.
Pero lo más interesante aquí es como la necesidad de la filosofía para la educación no era debida a la propia filosofía y lo que ella misma era sino al modelo cultural defendido que, a su vez, se relacionaba con el ideal social. Y ahí está la clave del problema, pues si el proyecto social de la derecha cambiara, y al no ser la defensa de la filosofía por ella misma, el papel de la filosofía en la educación podría variar e incluso llegar a hacerse prescindible.
¿Ha cambiado el proyecto social de la derecha? Resulta claro que sí. El nuevo modelo social de la derecha es el modelo BRIC, resultado final del proceso de precarización. Este modelo -analizado en este blog- se basa en una pérdida de derechos sociales, reducción del nivel económico de la mayoría de la población, depauperación de la clase media y una oligarquía con un absoluto control social. Es China su ejemplo y constituye una ruptura radical con el modelo occidental hasta ahora vigente que consistía precisamente en lo contrario: expansión de la clase media y de los derechos sociales.
Así, y como hemos advertido antes, la ruptura con el modelo social implicará a su vez la ruptura con el modelo educativo. Y esto implica a la Filosofía de manera general y particular.
De manera general porque, como señalábamos más arriba, la presencia de la Filosofía en el currículo escolar, y del resto de Humanidades en general, tenía su fundamento para el PP en la tradición y la continuidad. Así, si se rompe con esta, que es lo que se hace con el nuevo proyecto social, la presencia escolar de las Humanidades carece de sentido pues se constituye como mero fósil del pasado. Y por eso se puede quitar la Filosofía, la Ética o la Historia de 4° de ESO.
Pero además, en este aspecto general, hay otro problema. Efectivamente, el sueño de la clase media era también un sueño de extensión cultural. La cultura era vista como un ideal y, al tiempo, como una forma de medración social. Así, la cultura tenía un valor erudito y una utilidad para ascender social y económicamente. Si desaparece la posibilidad real de ascenso social -y una de las medidas del proyecto de precarización es impedir esta posibilidad de ascenso y esto es, a su vez, uno de los motivos para acabar con los servicios públicos- la cultura solo queda como erudición, algo que pertenece en sí a la oligarquía. Las clases depauperadas, sin opciones ya de mejora social, solo deben conocer lo indispensable.
Y, de nuevo junto a este último, hay además otro factor fundamental. El proceso de precarización implica una sociedad de una mayoría con baja cualificación académica y una minoría cualificada. Esto se busca por tres motivos. Primero, porque la cualificación laboral implica generación de expectativas y estas pueden conllevar frustración social y disconformidad al no cumplirse. Segundo, porque una población mayoritariamente cualificada sería una competencia para la propia oligarquía y sus retoños –ya sabes, técnicamente se llaman “hijos de papá”-. Y, tercero, porque la mayoría de los trabajos puede que necesiten una cualificación técnica pero, una vez producida la ruptura con la tradición ilustrada, aquella no precisará de una alta cultura. Una sociedad precarizada necesita ser idiota y olvidar la promesa de liberación que estaba implícita en la cultura del pasado. Las materias instrumentales, como el software de las herramientas, son lo fundamental.
Pero hay, además, dentro de este proyecto, un factor propio contra la Filosofía. Precisamente si hay un conocimiento, como bien sabía el PSOE y por eso la quitaba, que llevase en sí todo el contenido de la tradición occidental desde su origen en Grecia era la Filosofía. Pero además, este contenido no solo se llevaba como erudición -que también y es algo muy importante- sino como reelaboración constante. Así, la ruptura radical con el pasado, el nuevo modelo social del PP, tal vez se podría reforzar dando a Confucio pero no, desde luego, dando Filosofía occidental. No es, por tanto, que la filosofia sea peligrosa sino que es el testimonio de un proyecto ya traicionado. Y como tal, testimonial -fíjense en el juego de palabras- y ya prescindible. La filosofía se quita, y tal vez coherentemente, no por su valor para pensar sino por su inutilidad social en el nuevo proyecto. La lechuza de Minerva se ha quedado trasnochada.
¿Por qué debe enseñarse la Filosofía?
Llega el momento más difícil que es defender por qué debe haber una materia obligatoria de Historia de la Filosofía en Bachillerato y Ética en 4° de ESO. Y esta vez no lo haremos desde su interés pedagógico, sino desde ella misma.
Primero intentemos desterrar, de nuevo, un mito. No hay cosa más lamentable que el pedante profesor de Filosofía que piensa que él, o ella pues la imbecilidad está al menos tan repartida como el buen sentido, enseña a sus alumnos a pensar. Al fin y al cabo, todas las materias enseñan a pensar. Y, al fin y al cabo, uno puede suponer que los alumnos vienen pensados, y los más espabilados pensando también, de casa. Así, resulta pedante defender que la Filosofia posee la exclusividad del pensamiento. Efectivamente, la Filosofía no exige mayor cantidad de pensamiento que la química, la física o la imbécil mística. Pero, también es cierto, exige otra cualidad en el pensamiento: filosofar es pensar de cierta manera.
Por tanto, y como consecuencia de lo anterior, es conveniente señalar algo. La Filosofía no es intrínsecamente humana sino una forma de ser humano. Esto quiere decir que no por el hecho de pertenecer a la especie biológica humana uno ya filosofa necesariamente. Y por eso, hacer Filosofía se diferencia de pensar, algo sí propio de la especie. Efectivamente, pensar es, sin duda, una característica necesaria del ser humano. Dentro de este pensar, que abarcaría cualquier cosa que implicara representaciones mentales y abstracciones, está el pensamiento racional que es, a su vez, una forma de pensar determinada basada, fundamentalmente, en la lógica de la argumentación y la negativa a la explicación sobrenatural inmediata sin razonamiento. En esta forma concreta de pensar, ha habido, a su vez, dos formas básicas de cumplirlo: la ciencia y la Filosofía. Por tanto, creer que la Filosofía es algo intrínsecamente humano sería una falacia y un argumento paradójicamente racista pues implicaría que en las sociedades sin Filosofía -que seamos sinceros han sido todas menos la occidental- no habría habido seres humanos. Así, la Filosofía es una forma determinada de pensar y, con ello, de ser humano. Y una forma concreta y con un contenido determinado que es, precisamente, por aquello, como luego veremos, por lo que la Filosofía debe ser materia obligatoria.
Y, por supuesto, hay que hacer ahora mismo una aclaración: no se trata de que la Filosofía marque la superioridad de unos individuos, los filósofos, sobre otros sino de un problema histórico. No es que los individuos superiores filosofen frente a los inferiores sino que la Filosofía, para su existencia, necesitó, y necesita, una serie de condiciones sociales determinadas para surgir y desarrollarse. Por eso, como el arte y la ciencia, solo ha surgido la Filosofía allá donde existieron esas condiciones y una vez instaurada pudo sobrevivir. Es decir, la Filosofía es, aunque no solo, un hecho histórico. Y por ello, de haber nacido alguien tan inteligente como Kant en otro lugar que no fuera occidente, no habría escrito obra alguna.
Volvamos. Ya hemos señalado antes que Filosofía y ciencia son las dos formas fundamentales del pensamiento racional. Pero, la ciencia y la Filosofía no son lo mismo. La ciencia es la descripción racional de la realidad. Su función es explicar qué es el mundo y describirlo en su forma de actuar. Así, la función fundamental de la ciencia es descriptiva. Sin embargo, no resulta así en la Filosofía. Efectivamente, esta, al menos desde Platón, es un juicio sobre la realidad y no solo una descripción. De ahí que la clave de toda Filosofía sea el problema apariencia -lo que se nos presenta- y realidad -lo que las cosas son realmente-. Esto conlleva el juicio sobre falso y verdadero y la diferenciación, que también está ya en Platón, entre lo que las cosas son y lo que deberían ser. Así, la función fundamental de la Filosofía no es solo contar cómo son las cosas, describir el mundo como la ciencia, sino juzgar la realidad. La Filosofía es juicio sumarísimo. Tanto es así, que la Filosofía sin ese mismo juzgar desaparece como tal. La Filosofía tiene su raíz en el pensamiento y exige a la realidad ser comparable con él. Por eso toda Filosofía, mal que le pese a la posmodernidad, es en realidad metafísica: estudio de la realidad enfrentada -y ahí se diferencia de la ciencia- a la razón para defenderla o atacarla.
Así, ya tenemos tres características básicas de la Filosofía: pensamiento racional, juicio sobre la realidad y referirse no al ser humano universal sino a una forma de ser humano. Pero, en realidad, toda la Filosofía converge en una forma de ser humano. Y aquí está el problema ¿qué significa esto?
Hemos señalado que la Filosofía implica desde siempre un juicio sobre la realidad. Este juicio necesita una actitud previa ante esta misma realidad: el desapego -como bien sabía Heidegger y que tanto criticó-. Curiosamente, esta actitud es la contraria a la de la mística con su espíritu totalitario de fusión en el todo. Así, el desapego -desde que la Filosofía surgiera en las colonias griegas o la muerte de Sócrates- ha sido una actitud previa de la Filosofía.
Incluso, este desapego de lo real con lo dado se ve en el desarrollo de las llamadas, y con razón, preguntas fundamentales. Efectivamente, plantearse si Dios existe, si existe el alma, qué puedo conocer o qué es el bien o la sociedad justa es un paso para el que es necesario ese desapego. Solo quien está fuera de la dogmática solución se plantea la respuesta de ese dogma. Y esto se ve en el propio ejemplo del cristianismo: en todo el evangelio no hay pregunta alguna sobre la existencia de Dios. Sin embargo, al juntarse con la Filosofía, todo el empeño del pensamiento cristiano fue demostrar esa existencia dando pie, no paradójica sino filosóficamente, al ateísmo. Así, el contenido de las preguntas filosóficas es el desarrollo de una razón determinada no tanto en su respuesta concreta como en su condición de posibilidad. Y esa característica condición de posibilidad, que es el desapego o el distanciamiento: la actitud crítica, es lo que unifica a toda la historia de la Filosofía.
Juntemos ahora los elementos del cóctel: desapego, racionalidad, juicio crítico. Su resultado es un ideal humano que estuvo representado en el sujeto moderno. Y la Filosofía, su historia, se convirtió en su testimonio como explicación del camino y, al tiempo, como meta. Así, la historia de la Filosofía no es solo la narración de tal materia sino el testimonio del sueño del ideal de occidente. La ciencia, que es por la Filosofía, es el ideal de la explicación racional de lo real. El arte, que es por la Filosofía, es el ideal de la construcción del anhelo humano. La Filosofía es el ideal de la construcción racional del mundo. Y por eso, frente a las dos anteriores aún admisibles en su concepción meramente tecnológica o ñoña subjetivista, la Filosofía es inservible. Y por eso debe existir.
¿Debe existir por ser inservible? Algo puede ser inservible por sí mismo o para aquel que vaya a utilizarlo. Para mi perro los libros son inservibles. En la situación actual del proceso de precarización la Filosofía es inservible para tal proceso. Pero, no lo es para recordar que hay otro proceso posible y otra forma de ser. La Filosofía se convierte así en la presencia de un testimonio de que hay una idea distinta a lo actual y un proyecto diferente. Es ingenuo pensar que el hecho de que haya Filosofía en la escuela generará conciencias críticas, pero es suicida olvidar que las conciencias auténticamente críticas no lo son por generación espontánea sino por desarrollo. De hecho, eliminar aquella materia que compendia el ideal de una razón que juzga la realidad como insuficiente es dar un paso más en consolidar esa misma realidad como injusta. Eliminar la materia que plantea las preguntas fundamentales más allá de donde la satisfecha conciencia responde es asegurar el triunfo definitivo de esa conciencia.
La Filosofía en la escuela no ejerce el papel crítico que los engreídos y autosatisfechos profesores creen tener de formar generaciones rebeldes. Nadie teme a la Filosofía en realidad. Pero su presencia es el testimonio de que no siempre el mundo, y la propia razón, fueron como ahora se les quiere constreñir. Es tradición que los náufragos lanzan al mar botellas con mensajes. La Filosofía es ese mensaje de una razón exigiendo más al mundo y los alumnos deben tener la posibilidad de recibirlo en la costa. Y solo si pueden estar en la costa podrán leer el mensaje.
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Fuentes:
http://epmesa.blogspot.com.es/2012/12/defensa-de-la-filosofia1.html
http://epmesa.blogspot.com.es/2013/01/defensa-de-la-filosofia-y-2.html
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