(¿Antipatriarcado machista libertario?)

Siempre, siempre detesté este poema de Agustín García Calvo, profesor universitario, anarquista, anarco-funcionario, enemigo del Estado mantenido por el Estado.

¿Por qué insistir tanto en ese “Pero no mía”, cuando es evidente que las mujeres son de ellas mismas? ¿Por qué explicitar, sin descanso, cómo Él quiere que ella sea, cómo a Él le gustaría que ella fuera?

Hasta me parece, y es probable que en esto descarríe, que, en el fondo, quiere que “sea suya” a través del discurso y de la pose en la que Él casi la invita, y la incita, y la mueve, a ser de otra forma, “libre”, “alta” y “ni de ella siquiera”. Como antipedagogo es esto lo que leo: “Pero no mía y para mí, tu demiurgo”.

El poema es conocido:

“Libre te quiero,

como arroyo que brinca

de peña en peña.

Pero no mía.

Grande te quiero,

como monte preñado

de primavera.

Pero no mía.

Buena te quiero,

como pan que no sabe

su masa buena.

Pero no mía.

Alta te quiero,

como chopo que en el cielo

se despereza.

Pero no mía.

Blanca te quiero,

como flor de azahares

sobre la tierra.

Pero no mía.

Pero no mía

ni de Dios ni de nadie

ni tuya siquiera”.

Mi quinismo sustancial, el aliento campesino que no quiero perder aunque escriba demasiado, me dice que sería más sincero, menos manipulador, no tan del antipatriarcalismo machista de muchos libertarios, decir, más o menos, esto, sin duda nada poético:

“Te quiero porque eres alta,

te quiero en tus cadenas,

te quiero en lo que quieras hacer de ti;

y te quiero mal, seguro,

te quiero enfermo, herido, podrido,

porque no soy alto, ni libre

y estoy encadenado:

no es accidental que de clases en una Universidad capitalista

y el Estado pague el modo en que pretendo amarte”.

Si desvarío, si caigo por la cuneta, si me estrello contra una roca, para mí es importante no ocultarlo. Pero sospecho, y casi creo, que hay una conexión no mencionada, un vínculo oculto, entre el patriarcado y la forma de hablar, de expresarse y de sentir de demasiados machos nominalmente antipatriarcales. Aprender el lenguaje anti-patriarcado es su “ventaja”, pero el modo en que lo hablan indica la emergencia y consolidación de un plus-patriarcado libertario, de un antripatriarcalismo machista. Y yo veo ahí a los santones anarquistas de nuestras Universidades. A través de ellos aman las cadenas del Estado y del Mercado, a través de ellos ama el Capitalismo, ama el Sistema. Que amen, si quieren, pero que no se disfracen…

El amor de los libertarios anclados en el sistema capitalista es una manifestación más del patriarcado. Que no cuenten conmigo para el patriarcalibertarismo.