El portavoz de la unidad de “asuntos internos”de la Guardia Civil ha hecho público hoy el descubrimiento de la presencia de un infiltrado procedente del Movimiento Antimilitarista en el seno de la Benemérita.

Tras meses de investigación y las más diversas pesquisas se ha podido averiguar que el hasta ahora conocido como capitán Rigoberto Pozas, adscrito a la comandancia de Lliria en València, en realidad era un agente infiltrado de la organización radical “Alternativa Antimilitarista-MOC”.

Las alarmas de la Guardia Civil saltaron a raíz de una investigación particular del cabo Felipe Ramírez Romerales, un agente que compatibiliza sus labores en la división de tráfico con estudios superiores de Sociología. Ramírez Romerales lleva años revisando videos de los años setenta en busca de imágenes de hippys para su tesina “Del Porro a la Porra” en la que investiga reacciones psicológicas que provocaron el hecho de que tantos integrantes del movimiento hippy acabaran en los cuerpos de Seguridad del Estado años después, ahítos de tanto desmadre.

Ramírez, tras visionar cientos de cintas almacenadas en los archivos audiovisuales del Cuerpo, quedó fuertemente impresionado al descubrir al hasta ahora conocido como capitán Pozas, o “el Rigo” para los cercanos, bebiendo un té por la paz en compañía de Pepe Beunza, precursor de los objetores de conciencia, allá en el año 76 mientras departían amablemente sobre la posible incorporación de la mujer al sacerdocio en la Iglesia Católica.

Esto puso en marcha una investigación secreta a la que ha podido acceder Tortuga. Todo parece apuntar a que el objetor Beunza haciendo uso de su fuerte carisma personal, llegó a inducir a un joven e inmaduro Pozas, a presentarse a las pruebas de acceso a la Guardia Civil, a fin de contar con una fuente de información permanente desde dentro de la misma institución armada.

Tortuga ha podido saber también, de fuentes de la Guardia Civil que prefieren guardar anonimato, que el conocido como capitán Rigoberto Pozas, en realidad se llama Pantaleón Paz y es tío carnal de un conocido antimilitarista zaragozano.

Al parecer P. Paz ha estado durante décadas pasando informaciones privilegiadas a los grupos radicales de AA-MOC más cercanos. Esos datos han permitido la puesta en práctica de diversas Acciones Directas Noviolentas. Destaca entre ellas la llevada a la práctica hace dos años cuando AA-MOC pretendía realizar una presentación pública de su campaña “Desobedece las Guerras” allanando con activistas disfrazados de payaso la base de la OTAN en Bétera (València). A pesar de conocer los servicios informativos de la Policía Nacional, la preparación de dicha acción, esta pudo llevarse a cabo finalmente gracias a los “buenos oficios” de contraespionaje de P. Paz, quien facilitó a los radicales antimilitaristas la ubicación de un paso desguarnecido por dónde colarse al interior de la base.

A pesar de la discreción con la que se ha llevado el tema, y del hecho de que la investigación no estuviera concluida en su totalidad, la liebre ha saltado con motivo de que el mismo P. Paz no ha soportado la presión y ha decidido mostrarse en su auténtica identidad. En la última manifestación celebrada en València en apoyo de los antimilitaristas que iban a ser juzgados por detener un tren de la OTAN, Pantaleón Paz decidió quitarse la gorra reglamentaria para empuñar una pancarta en la que se leía: “militars i policía la mateixa porquería”. Al ser recriminado por un sorprendido subalterno, Paz le espetó: “Pues sí, soy antimilitarista, ¿qué pasa?, y tú como no te quedes calladito destapo todas las hostias de más que has arreao en el cuartelillo, pa que se sepan”.


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One thought on “Descubierto un nuevo infiltrado del Movimiento Antimilitarista”
  1. El uso del polígrafo le descubrió
    La verdad sobre la investigación:
    Tras recaer en sospechas, el capitán decidió someterse voluntariamente a la prueba del polígrafo. Él al igual que los otros miembros ddel cuerpo están perfectamnete preparados para superarla, para ello han recibido entrenamiento de alto rendimiento para ontrolar sus emociones ante situaciones extremas.
    La clave esta en el momento en que a mitad de prueba le quitarón la gorra reglamemntaria de la cabeza, y en su lugar colocaron el tricornio (ya en deshuso, sólo para determinados “actos propios del cuerpo”). En ese momento y ante la pregunta acerca de que sentía, no pudo evitar que le pasara lo mism oque a aquel gitano del chiste y contestó: «No se bien…pero me están entrando unas ganas de dar ostiassss.»
    Y ahí se le vió el plumero.

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