
En diferentes webs se ha publicado un artículo de Tariq Ali, Carta a un
joven musulman. El artículo, interesante como de costumbre, tiene su
origen (bajo versión castellana) en
La Jornada. Siendo
interesante todo el artículo, me permito destacar su referencia a un
proyecto cinematográfico al que sería interesante seguir la pista, añadiendo un par de párrafos que dan idea del tono del artículo.
«Hace un par de años conocí a un joven cineasta iraní en Los Angeles. Se
llamaba Moslem Mansouri. Había logrado escapar con muchas horas de
entrevistas filmadas para un documental que estaba haciendo. Se había
ganado la confianza de tres prostitutas en Teherán y las filmó más de
dos años. Me mostró algo de su material. En éste le hablaban con mucha
franqueza. Decían que los mejores momentos para enganchar clientes
ocurrían durante los festivales religiosos. Me hice una idea del tinte
del filme, por las transcripciones que me envió.
Una de las mujeres le cuenta: «hoy, todo mundo se ve forzado a vender su
cuerpo. Las mujeres como nosotras hemos tolerado a un hombre por 10 mil
toomans. Los jóvenes necesitan estar en la cama juntos, aunque sea 10
minutos… es una necesidad primaria… los tranquiliza. Cuando el
gobierno no lo permite, entonces crece la prostitución. No necesitamos
hablar de la prostitución, el gobierno nos quitó el derecho de hablar
con el sexo opuesto, libremente, en público… En los parques, en los
cines, en las calles, no puede uno hablar con la persona sentada junto a
tí. En las calles, si una se dirige a un hombre, el «guardia islamita»
te interroga interminablemente. Hoy, en nuestro país, nadie se encuentra
satisfecho. Nadie tiene seguridad. Fui a una compañía a conseguir
empleo. El gerente, un tipo barbado, me miró a la cara y me dijo: ‘te
contrato y te daré 10 mil toomans más que el salario’. Yo le dije: ‘por
lo menos vea si mis habilidades de computación son adecuadas’. Y él me
dijo: ‘te contrato por lo bonita que estás’. Supe entonces que si
trabajaba ahí tendría que tener sexo con él al menos una vez al día.
Donde quiera es igual. Fui a una corte familiar, especial para
divorcios, y le rogué al juez, al clérigo, que me concediera la custodia
de mi hijo. Seré su kaniz (sirvienta. Es una expresión persa que implica
estar desesperado, le suplico). ¿Y qué crees que respondió el tipo? Me
dijo: ‘¡no necesito una sirvienta, lo que quiero es una mujer!’ ¿Qué
puede una esperar de los otros si el clérigo, el encargado de la corte,
dice algo así? Fui con el funcionario a que me firmara el divorcio, y me
dijo que no me divorciara, que me volviera a casar sin divorciarme,
ilegalmente. Porque dijo que sin marido es muy difícil hallar trabajo.
Tenía razón, pero no tenía dinero para pagarle… Estas cosas te hacen
envejecer más pronto… Una se deprime… Es una tensión que daña a las
personas. ¿Habrá alguna manera de salir de esto?»
Moslem Mansouri se perturbó mucho cuando ninguna de las cadenas
estadunidenses quiso comprar su película. No querían desestabilizar el
régimen de Khatami. [en medio de la campaña contra Afganistán]. Moslem
es hijo de la revolución. Sin ella nunca habría podido convertirse en
cineasta, pues viene de una familia muy pobre. Su padre es un muezzin y
su entorno es ultrareligioso. Ahora él odia la religión. Se negó a
pelear en la guerra contra Irak. Fue arrestado. Esta experiencia lo
transformó. «La prisión fue dura, pero fue una buena experiencia para
mí. Fue en la cárcel donde sentí que alcanzaba madurez intelectual.
Estaba en resistencia y disfrutaba la sensación de fuerza. Sentí que me
había salvado del corrupto mundo de los clérigos y que ése era el precio
que tenía que pagar. Me sentí orgulloso. Después de un año en prisión me
dijeron que me liberarían, a condición de que firmara unos papeles en
los que declaraba que participaría en los sermones de los viernes y en
las actividades religiosas. Me negué. Me dejaron en la cárcel un año
más.»
Después consiguió un puesto de reportero en un noticiario filmado.
«Pensé que mi trabajo en los medios me serviría de cobertura para mis
proyectos, documentar los odiosos crímenes del régimen político. Supe
que no podría hacer el tipo de películas que yo quería -por las
regulaciones, la censura. Ningún guión que escribiera obtendría permiso
de la oficina de censura islamita. Supe que perdería tiempo y energía.
Así que decidí hacer ocho documentales en secreto. Saqué de contrabando
el material de Irán. Debido a problemas de financiamiento, sólo pude
terminar la edición de dos documentales: Close up, Long shot, y el otro
que se llama Shamloo, the poet of liberty. El primer filme trata de la
vida de Hossein Sabzian, el personaje principal del documental
dramatizado de Abbas Kiarostami, llamado Close Up. Unos años después del
filme de Kiarostami fui a visitar a Sabzian, quien ama el cine. Su mujer
y sus hijos se desencontraron con él y finalmente lo abandonaron. Hoy
vive en un pueblo en las afueras de Teherán y ha llegado a la conclusión
de que su amor por el cine terminó siendo su ruina. En mi documental él
dice: ‘la gente como yo termina destruida en las sociedades donde vive.
Nunca puede uno presentarse, expresarse. Hay dos tipos de muertos: los
que yacen y los que caminan. ¡Nosotros somos los muertos que andan!»
Podríamos encontrar historias como ésta y otras peores en cada uno de
los países musulmanes. Hay gran diferencia entre los musulmanes de la
diáspora -cuyos padres migraron a tierras occidentales- y aquellos que
siguen viviendo en la Casa del Islam. Estos últimos son más críticos,
porque la religión no es crucial para su identidad. Se da por sentado
que son musulmanes. En Europa y América del Norte las cosas son
diferentes. Hay ahí un multiculturalismo oficial que enfatiza la
diferencia a expensas de todo lo demás. Su surgimiento se correlaciona
con un declive en la política radical. Los términos «cultura» y
religión» son sustitutos eufemísticos, suavizados, de la inequidad
socioeconómica -como si la diversidad, y no la jerarquía, fuera el
aspecto central en las sociedades europea o estadunidense
contemporáneas. He hablado con musulmanes del Magreb en Francia, de
Anatolia en Alemania, de Paquistán y Bangladesh en Gran Bretaña, de
muchas otras partes en Estados Unidos, y con algunos cuantos
sudasiáticos en Escandinavia.
¿Por qué será, me pregunto con frecuencia, que tantos son como tú? Se
volvieron mucho más ortodoxos y rígidos que los robustos y vigorosos
campesinos de Cachemira y Punjab, que llegué a conocer bastante bien. El
primer ministro británico era un gran creyente en las escuelas de un
solo credo. El presidente estadunidense termina sus discursos con el
Dios salve a América y Osama comienza y termina sus entrevistas
televisivas alabando a Alá. Los tres tienen derecho a hacerlo, igual que
yo tengo el derecho a mantenerme comprometido con la mayoría de los
valores de la Ilustración. Esta atacó la religión -el cristianismo,
principalmente- por dos razones: por ser una serie de engaños
ideológicos y por ser un sistema de opresión institucional, con inmensos
poderes de persecución e intolerancia. ¿Por qué abandonar cualquiera de
estos legados hoy día?»
Este párafo de un libro de Dolores Juliano…
La prostitución, el espejo oscuro. (Dolores Juliano – Ed. Icaria)
» … cuanto mayores son las presiones sociales encuadrando a las mujeres dentro de conductas consideradas moralmente correctas (las de esposas y madres) y más estigmatización exista de las conductas que se catalogan como desviadas (madres solteras, divorciadas, lesbianas o mujeres con experiencias sexuales diversas), más posible es que las infractoras vean cerrados los caminos a las profesiones consideradas honorables y se encaminen a las discriminadas. Tal sería el caso en las sociedades católicas tradicionales y en una parte del mundo islámico actual.»