Desde Autonomía Sur pensamos que la vida cotidiana es en cierta medida un territorio liberado para construir otro futuro.

Como dicen los compañeros de Coop 57, nosotros también hacemos todo lo posible por desobedecer la crisis. Nosotros no queremos agachar la cabeza ante los ‘mercados’. Nos negamos a obsesionarnos por el déficit, por el ajuste permanente y convertirnos en sumisos ejecutores de los dictámenes de unos mercados financieros que nadie ha escogido. Decimos alto y claro que desde 2007 la realidad la marca la maldita estrategia de saqueo, única salida de un capitalismo ya senil.

Desde Autonomía Sur pensamos que la vida cotidiana es en cierta medida un territorio liberado para construir otro futuro. El hoy y el aquí.
Queremos demostrar que otras formas de hacer son posibles, que sí pode­mos, que sí que hay alternativas. Sobre las raíces hondas de los principios irrenunciables de la de­mocracia económica y social y desde la práctica y memoria acumulada por el cooperativismo, constatamos que hoy es necesario comprometerse más que nunca para fortalecer las alternativas que ya funcionan y para reforzar todas las redes sociales y comunitarias: las que ya son y las que vendrán.

En Autonomía Sur estamos activos y activadas por la transformación social. Exprimiendo todas las po­sibilidades a pesar de todas las dificultades, ante un contexto desbocado de crecimiento de la pobreza y de niveles máximos de desocupación y precariedades. Hoy, semilla de la otra economía por venir, miles de personas ya se han comprometido con otro modelo socioeconómico, por una economía social “radical”, en el sentido que va a la raíces del actual sistema, que trabaja desde otros valores y principios radicalmente distintos a los existentes tanto en las empresas capitalistas convencionales como en las empresas de la economía social convencional, es decir, aquellas impulsadas desde el propio régimen político-económico y que tan sólo sirven para lavar su sucia imagen.

Estamos implicados con otra sali­da a la crisis. Con formas de consumo responsable y trabajo cooperativo arraigadas a la economía local, la innovación socioeconómica y el desarrollo comunitario. Y es que la casa común del futuro ya la estamos construyendo. En ello es­tamos: las primeras piedras de un vínculo social reforzado están puestas hace años. Y si vamos lentos es porque vamos lejos.

Entre el fraude y la esperanza, en medio de una socie­dad mediatizada por el miedo, las posibilidades y opciones de una salida ética, solidaria y ecuánime a la crisis siguen siendo reales y urgentes, necesarias y posibles. Un nuevo paradigma viene incubándose hace tiempo y ya está reproduciéndose: la democracia económica y social. Nadie dice que llegar será fácil. Ni mecánico ni automático: ningún cambio social lo es. Depen­derá de miles de gestos, de miles de microcoherencias, de mi­les de voluntades agregadas.

Es la hora de desobede­cer la salida a la crisis que nos pretenden imponer. La economía o la hacemos nosotros o será hecha contra nosotros. Y hoy, tras cinco años de crisis y fraudes, sobra decir lo obvio: que dejarla en manos de los tiburones de los mercados financieros y sus gestores sería peor que una irresponsabilidad colectiva. Sería un suicidio. En el lejano 1809, en la proclama de la Junta Tuitiva de La Paz (Bolivia) que proclamaba la independencia se afirmaba: “hemos guardado un silencio demasiado pareci­do a la estupidez”. Ha llegado el tiempo de no callar. 

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