
Por desgracia, acceder a películas del cineasta bengalí Satyajit Ray es dificilísimo –aunque, en comparación con el acceso a las de otros cineastas de la India, es facilísimo-. Por desgracia: no sólo por sus valores cinematográficos, sino porque sus valores cinematográficos son los de un testimonio de la difícil evolución de la sociedad india frente a todos los poderes que limitan y someten a sus habitantes -¿sólo a ellos?-. Una de esas películas difíciles de ver, pero totalmente recomendable, es Devi (La Diosa), y por ello la recomiendo –a quien se atreva con subtítulos en inglés y a verla en youtube-. Viene a continuación la reseña de la película publicada en el libro de Alberto Elena sobre Ray (Satyajit Ray / Alberto Elena – . Madrid, Cátedra, 1998 -colección ‘Signo e imagen’, serie ‘Cineastas’).

DEVI (La diosa, 1960).
Sinopsis: Umaprasad, hijo menor de un rico «zamindar» –terrateniente-, aspira a graduarse en la Univesidad para emanciparse de su familia e instalarse en Calcuta con su joven esposa Doyamoyee. Para ello ha de trasladarse a la ciudad, donde debe superar los exámenes, mientras su esposa permanece en la mansión familiar cuidando a su anciano suegro, Kalikinkar, quien siente por ella una auténtica veneración. Hombre muy devoto de la diosa Kali y obsesionado porque Umaprasad parece alejarse de la tradición en este punto, Kalikinkar tiene un sueño en el que se le aparece la diosa Kali con el rostro de Doyamoyee. Dicha visión le hace creer que ésta no es sino la reencarnación de la diosa y así lo proclama a los cuatro vientos: aterrorizada y resignada, Doyamoyee comienza a ser venerada por numerosos fieles que acuden a rezar ante ella y pedir sus favores. Umaprasad, avisado por su cuñada, regresa apresuradamente para asistir a la inesperada curación de un niño enfermo, que todos toman por un milagro. Desesperado e impotente ante el fanatismo de su padre, a quien no logra convencer de su despropósito, Umaprasad decide raptar a su esposa esa misma noche, pero en plena fuga ésta, completamente aterrorizada, se pregunta si no será realmente la reencarnación de la diosa y pide a su marido que no la obligue a marcharse. De vuelta a Calcuta, Umaprasad consulta a uno de sus profesores, quien le anima a enfrentarse a lo que considera una mentira. Mientras, el pequeño nieto de Kalikinkar enferma gravemente y se decide encomendárselo a Doyamoyee. Pero el niño muere y Umaprasad, recién llegado, acusa a su padre de ser el culpable. Cuando por fin puede ver a su esposa, descubre que ha perdido la razón y, engalanada con todas sus joyas, huye de la casa entre una espesa niebla.

Ficha en la web oficial de Satyajit Ray: Devi
Reseña: [Una parte de las películas de Ray, incluida La diosa, son] una compleja y apasionada indagación sobre la historia de esa «sonar Bangla», esa Bengala dorada cantada por Rabindranath Tagore y de la cual el cineasta se reconoce sin ambages heredero… Como muy bien apunta Mary Seton, “el objetivo global de la obra de Ray es crear un documento sobre Bengala, reflejar su historia y su cultura, en el pasado como en el presente…”… Nacido y criado en un populoso medio urbano, comprometido con el ideario del presidente Nehru sobre el progreso científico y tecnológico y la visión de una India moderna y abierta a Occidente, Ray no parecía en principio proclive a simpatizar con la figura del zamindar. Y sin embargo… se muestra incapaz de cargar las tintas sobre personajes cuya conducta desaprueba (, lo que) le valdrá encontronazos con una cierta crítica de inspiración marxista.

La diosa se basaba en un relato de Prabhat Kumar Mukherji cuya temática le había sido sugerida al autor por Rabindranath Tagore en 1899. Aunque la película no oculta en ningún momento su carácter de obra de tesis en su denuncia del fanatismo religioso, La diosa prolonga también de una manera inequívoca el discurso de El salón de música y la implacable radiografía de una clase social en extinción. Pero allí donde Bishwambhar Roy se consumía y arruinaba por su obsesión por la música, el rico zamindar de La diosa lo hace por su obsesión religiosa, arrastrando consigo a cuantos le rodean. Ambientada en la década de 1860, la película constituye así la más decidida y acabada manifestación de la deuda contraída por Ray con el legado ideológico del llamado «renacimiento bengalí», movimiento de reevaluación de los fundamentos filosóficos y culturales de la tradición india frente al impacto de las ideas occidentales.
“El crítico occidental que aspire a hacer realmente justicia a La diosa –escribiría Ray en un polémico artículo- debe estar preparado para hacer un montón de deberes antes de enfrentarse con el film. Deberá informarse sobre el culto de la Diosa Madre, sobre el renacimiento del siglo XIX en Bengala y el modo como afectó a los valores de la sociedad hindú tradicional, sobre la posición de la novia en una familia hinduista de clase alta y sobre las relaciones entre padre e hijo en el seno de la misma. Todas las peripecias de la trama surgen del concurso de uno o más de estos elementos. El crítico occidental que no haya hecho estos deberes cifrará todas sus esperanzas en la posibilidad de que el hijo racionalista escape a las turbulencias de un sistema de valores ajeno, pero no podrá comprender su impotencia final a menos que tenga una completa conciencia del absoluto predominio de la ortodoxia hindú en la Bengala del siglo XIX”. Ray está en lo cierto cuando subraya las dificultades de comprensión que La diosa presenta, acrecentadas sin duda por el estilo expresionista del film, sombrío y terrorífico, que le confiere su extraordinaria fuerza y sus enormes virtudes por encima de los innegables desequilibrios estructurales o una cierta vocación granguiñolesca.

La clave ideológica para la adecuada comprensión de La diosa reside en el legado intelectual de la «Brahmo Samaj» o Hermandad Brahmánica, una influyente secta religiosa a la que la familia de Ray pertenecía y en cuyo ideario se ha de buscar la inspiración del relato de Prabhat Kumar Mukherji –y de su instigador Tagore-. La Brahmo Samaj había sido fundada en 1828 por el gran Ranmohan Roy (1772-1883), una de las máximas figuras del Renacimiento bengalí, pionero de literatura en esta lengua y firme defensor de la síntesis entre los valores occidentales y los propios de la tradición india. Inspirada fundamentalmente en el unitarismo anglosajón, la Brahmo Samaj fue una corriente reformsta animada por los acaudalados «bbadralok» –caballeros de clase alta- de Calcuta, que se caracterizaba por su sincretismo religioso y por su decidida apertura a Occidente. Imbuidos de convicciones universalistas y humanistas, los brahmoístas no sólo serían los grandes promotores de la educación moderna en Bengala, sino que se opondrían encarnizadamente a algunos de los dogmas fundamentales del hinduismo en la época, como eran el sistema de castas, los sacrificios cruentos, la discriminación de las viudas y, en general, de la mujer en el marco de la familia y de la sociedad tradicionales. La diosa recoge inequívocamente este bagaje con una virulencia que, aun en 1960, difícilmente podía escapar a las iras de los sectores tradicionalistas hindúes.

La diosa se centra en los trágicos efectos del fanatismo religioso sobre la familia de un zamindar bengalí, profundamente devoto de Kali, pero abunda en anotaciones de carácter social plenamente coherentes con el ideario brahmoista: el amigo de Umaprasad corre el riesgo de verse desheredado si persiste en sus amores con una viuda, la relación conyugal entre Umaprasad y Doyamoyee adopta un perfil igualitario…, la educación occidental se presenta como el prototipo de racionalidad y de nuevo la ciudad parece encarnar tales valores progresistas. Es, no obstante, la figura del zamindar Kalikinkar –que significa precisamente ‘siervo de Kali’- la que polariza la atención del cineasta y la que confiere al film sus aristas más polémicas.
Una vez más, Ray elude el maniqueísmo y, aunque su posición ideológica resulta inequivoca, introduce sutiles matices en la relación psicológica entre los personajes. Si, por un lado, Umaprasad –el personaje positivo- se revela como un hombre débil, incapaz de romper las cadenas de la tradición y de enfrentarse a la superstición que intelectualmente tanto condena, por otro Kalininkar nunca es presentado como un malvado, sino sencillamente como una víctima de esa misma asfixiante tradición, aquejado probablemente ya de debilidad senil.
Más allá de este conflicto entre racionalidad y fanatismo religioso encarnado por padre e hijo, La diosa presenta igualmente una controvertida relación entre Kalininkar y su nuera que ha permitido a algunos autores abordar el film desde la crítica feminista, centrándose en el análisis de la ideología de la diferencia sexual. La secuencia en que Doyamoyee lleva la medicina a su suegro y le da un masaje en los pies antes de acostarse –y tener el ominoso sueño que precipitará la tragedia- está llena de connotaciones eróticas y evidencia con claridad el deseo sublimado que Kalininkar siente por la muchacha. (Pero) aun aceptando que estas connotaciones eróticas puedan estar involuntariamente presentes en la película, Ray insistirá en que esa no fue nunca su intención: “Nunca hubo ni sombra de ello en mi ánimo. El «pasadeba» – masaje en los píes- es algo habitual dentro del hinduismo, en tanto el «swasur pasadeba» –masaje en los pies del suegro- se considera algo perfectamente encomiable por parte de una nuera. Uno puede ver ahí, si quiere, un elemento de carácter sexual, pero no es eso lo que yo tenía en mi cabeza”.

Las connotaciones eróticas, unidas al casto beso entre Umaprasad y Doyamoyee –apenas insinuado, pero en cualquier caso provocativo en el contexto de los códigos de censura del cine indio- contribuirían a inquietar aun más al realizador de cara a la posible acogida de una obra que nacía sin duda con voluntad polémica. Testigos presenciales han dado cumplida cuenta del nerviosismo con que Ray esperó la decisión de la censura, temeroso de que La diosa pudiera ser pura y simplemente prohibida. No sucedió tal cosa, pero las reacciones de los sectores más ortodoxos del hinduismo fueron bastante virulentas y la película se convirtió en un caso incomodo para las autoridades indias, que durante largo tiempo denegaron el permiso para su exportación y exhibición en el extranjero. Cuando éste fue revocado, Ray –contrariamente a lo que era habitual en él- remontó ligeramente la película, eliminando una breve secuencia de transición, pero modificando sin embargo el sobrecogedor final de la misma.
En la versión original, aparentemente nunca exhibida fuera de la India… Umaprasad seguía a su esposa en su fuga a través de la niebla hasta darle alcance, momento en que ella moría en sus brazos susurrando un equívoco ‘yo no soy…’: para la versión revisada, el realizador prefirió cortar en el momento en que Doyamoyee se aleja de la casa envuelta en la niebla.

Sea como fuere, La diosa subsiste como una obra profundamente turbadora y desasosegante, tanto como nunca volvería a encontrarse en la obra de Ray… por lo demás un inapreciable manifiesto ideológico absolutamente necesario para comprender cabalmente los presupuestos intelectuales de la obra de Ray.