E. BROTONS | ALICANTE.

mil kilos de alimentos empezará a distribuir el banco de la provincia a partir del 22 de octubre. Una misma cantidad que también repartirán desde Cruz Roja. Entre los productos y como novedad, los beneficiarios recibirán legumbres, mermelada, judías, potitos y latas de atún, entre otros. A esta cantidad hay que sumar la donaciones que se están recibiendo por parte de empresas.

Mujeres con un carro del supermercado y sus hijos a cuesta revolviendo los contenedores en busca de comida y dejando basura esparcida por la calle, indigentes cada dos esquinas o recorriéndose las terrazas reclamando una ayuda, y colas en las ONG de familias que intentan conseguir algún paquete arroz y leche. El fin de las prestaciones por desempleo ha disparado el número de alicantinos que deben recurrir a la beneficencia. Y no hay freno. «Estamos muy preocupados, son ya cuatro años y pico de crisis y no le vemos el final», reconoce el responsable del Banco de Alimentos de la provincia, Juan Vicente Peral.

Las organizaciones, desbordadas por tantas peticiones, están ahora mismo suministrándose a través de las aportaciones privadas que llegan al banco y a Cruz Roja hasta que el próximo mes comience el reparto de más de un millón de kilos de alimentos del fondo europeo.
En solo un año, cerca de 10.000 alicantinos se han inscrito en las organizaciones para beneficiarse de esta ayuda por quedarse sin ningún tipo de prestación, según Peral, quien advierte del incremento de familias atendidas.

Actualmente, 77.000 personas en la provincia reciben alimentos, la mitad por parte del banco alicantino que actúa de mayorista para las 221 asociaciones que están dadas de alta, y el otro 50% por parte de Cruz Roja. En las mismas fechas del pasado año, el volumen ascendía a 67.000 y augura que la cifra subirá.

«¿Hasta cuándo estaremos así? Como el paro no se solucione o, al menos, se estabilice es muy difícil. Si se acaban los subsidios y las prestaciones para un 5% de la población, ese porcentaje vendrá a pedir alimentos. El pozo no toca fondo», asegura.

Cereales, latas de atún, legumbres, mermelada, judías, leche entera y tomate triturado son algunos de los productos que, como novedad, estarán incluidos en el reparto de la siguiente fase, que comenzará a distribuirse a partir del próximo 22 de octubre y que se prolongará hasta las vísperas de las fiestas de la Navidad. «Son productos que antes no estaban, pero como se han quedado sin excedentes han hecho compra».

Un contingente de 1.200.000 kilos de alimentos a repartir por la provincia que, según Peral, está «bastante bien», pero que continuará siendo insuficiente para dar respuesta a tanta necesidad . A esta cantidad hay que sumar el reparto entre 800.000 y un millón de kilos de alimentos al año de las donaciones que llegan.

De ahí que las aportaciones privadas por parte de empresas se hayan convertido en una pieza fundamental para cubrir los meses en los que no hay distribución debido a las llamadas diarias que el Banco de Alimentos está recibiendo por parte de las ONG. Unas organizaciones que han asumido un papel protagonista en la crisis económica al colapsarse los servicios sociales y para lo que no estaban muchas preparadas.

De hecho, con el recrudecimiento del paro han surgido más entidades y otras han tenido que reconducir su actividad para prestar hacer frente a pagos de luz, agua y alquiler para y evitar que más familias se vean desahuciadas. La asistencia psicóloga es otra de las líneas que están fomentando. En Cáritas ya han advertido de que hay más problemas debido a los años que las familias están intentando encontrar sin éxito un empleo.

La Verdad