

«My driving philosophy about making music is that you can reduce it all down to one note if that note is played with the right kind of sincerity» – Eric Clapton antes de hacer, literalmente, eso. Pero cuando lo decía como falsa modestia, era insuperable. Y no, no sé a dónde estaban mirando.
Para muchos el punto cumbre de la carrera de Clapton fue prácticamente el propio inicio: el disco que grabó con John Mayall fue su mayor momento de genialidad y rápidamente pasó a irse apagando durante los 60′. Para mí esos son unos aguafiestas, este post no les tiene en cuenta. Me gustaría saber qué haría Hendrix si hoy estuviese entre nosotros. Jeff Beck es un grande, fue el primero en (casi) todo, pero que levante la mano y argumente el que le crea el mejor Yardbird. Jimmy Page hace siglos que no saca material nuevo, aunque ha anunciado que para este año volveremos a escucharle. Santana es ideal para el hilo musical de un ascensor. Ritchie Blackmore se pasa las noches jugando al Dungeons & Dragons con su mujer. Pues da igual, a todos se les trata con más condescendencia que a Clapton. Todos los que quieren cargarse su carrera durante los 60′ y 70′ están en su derecho. Yo estoy en el derecho de decir que no tiene nada que envidiar a sus compadres de Olimpo. La historia de Cream empieza para Clapton estando bajo la protección de John Mayall, cómodo en el papel en el que mejor se ha encontrado durante toda su carrera, es decir, en segundo plano pero a la vez con sus momentos de gloria puntuales; un solo por aquí, una canción como vocalista por allá -Ramblin’ on My Mind, de Robert Johnson-, pero sin demasiadas presiones y responsabilidades, es más, era Mayall el que le empujaba a tomar la iniciativa. Sin embargo, su paso por los Bluesbreakers fue como todos sabemos efímero, glorioso, pero efímero. Entonces empezó a sentirse frustrado y a plantearse iniciar una carrera en solitario, a su vez acompañado por otros músicos que le quitasen la presión de tener que hacerlo todo. Dicotomía que –«I’m an egomaniac with an inferiority complex»– le acompañaría para toda su vida. Y justo en ese instante un tal Ginger Baker se le presentó después de un concierto. La oferta era irresistible para un guitarrista joven y que ya era una estrella.
Baker se ofreció a Clapton para llevarle a casa y de paso a montar un grupo tras un concierto, y Clapton aceptó con la condición de que Jack Bruce y Steve Winwood estuviesen metidos en el grupo. Baker quería un power trio y no podía ni verse con Bruce, pero por fin aceptó a ensayar con él, y a mediados de 1966, surgieron Cream. Bruce y Baker ya eran dos viejos zorros y se negaron a incluir a Winwood, al niño prodigio del rock británico, que pasaría a crear Traffic y que posteriormente tocaría junto a Clapton y Baker en Blind Faith. Clapton era consciente de que la fórmula del power trio era la más adecuada, aunque seguía pensando que necesitaban una segunda guitarra o un teclista, pero, por fin, a regañadientes, aceptó que el grupo sería un trío. Durante parte de ese año mantuvieron en secreto los ensayos y Clapton siguió trabajando con Mayall, hasta que Baker confirmó los rumores. Mayall se sintió traicionado pero la decisión estaba tomada y la noticia se había filtrado a la prensa, generando una expectación sin precedentes, presentándose finalmente en el multitudinario festival de blues de Windsor, y la actuación, después de que los Who arrasasen como siempre y en plena tormenta, fue un total desastre hasta que se dejaron de versiones y empezó una eléctrica jam que hizo historia y que dio lugar al adjetivo de supergrupo. Las cosas marchaban y mientras Bruce y Baker componían las alucinógenas y surrealistas letras de Cream, Clapton cambió su forma de tocar; si os fijáis veréis el salto entre el Clapton más cristalino y directo de los Yardbirds y los Bluesbreakers al Clapton más pesado y distorsionado que definiría el sonido único de Cream. Los meses que condujeron a la publicación de Fresh Cream fueron vertiginosos, y para cuando Chas Chandler agarró a Clapton y Bruce y les presentó a un chaval que respondía al nombre de Jimi Hendrix y les preguntó a ver si podía tocar con ellos un par de temas, sin saberlo ya estaban sonando por toda América.
El single I Feel Free fue lanzado por Ahmet Ertegun a modo de tanteo para el debut de Cream y les firmó al vuelo para la todopoderosa Atlantic y les llevó a su primera gira americana con Nueva York como centro de operaciones. Allí conocieron a B.B. King y lo que era sonar por la radio ante millones de oyentes. La promoción de Fresh Cream rezaba así: «It started four months ago as rumours, it seemed hard to believe that such three musical giants as Jack Bruce, Eric Clapton and Ginger Baker could be joining together. This album is made of pure fresh cream; digest and enjoy it», y describía a Clapton como el guitarrista que «epitomises all that is blues». Realmente Ertegun estaba convencido de que iban a conquistar América en el año en el que el rock cambió para siempre y se hizo adulto, 1967. No era un disco fácil. Sin duda se adelantaron a su tiempo con la propia I Feel Free, con esa atmósfera irreal tan característica y el poso blues rock, y los extraños experimentos de Clapton, hacían que no fuese un single para todos los públicos, y el resto del álbum no se desviaba de esa senda. N.S.U. y I’m So Glad son las otras dos canciones más conocidas del disco, repitiendo una estructura y un desarrollo similares a los del primer single, pero había mucho más y estaba repleto de momentos mágicos accesibles con apenas rasgar un poco la superficie, como pasaba con Sleepy Time Time, blues rock herencia directa de la convivencia con Mayall que contaba con un solo de Clapton magistral. En todo caso, parece increíble que fuesen capaces de componer semejantes temas sin haber experimentado apenas con las drogas duras, algo que cambió cuando volvieron a Londres y empezaron a tener experiencias con el ácido y el LSD. Era momento de volver a Nueva York antes de que se perdiesen en la decadente vida londinense. El problema (o no, a fin de cuentas este disco sin experiencias extrasensoriales varias no habría sido lo mismo) no se resolvió precisamente mandándoles a América.

Cream tocando en el Whisky A Go Go de Sunset Strip. Si se os ocurre algo mejor, no quiero saberlo.
Para liar más las cosas, Ertegun lo único que hizo fue aumentar la tensión en el grupo pinchando a Clapton para que fuese él el cantante principal por encima de Jack Bruce y Hendrix revolucionó la escena musical mundial con el lanzamiento de Are You Experienced?, lo que solapó en parte la importancia de la barbaridad de disco que acababan de grabar, el mítico Disraeli Gears. Este disco es mucho más que una fabulosa portada ideada por Martin Sharp, compañero de piso de Clapton, que captó con su colorido y sus formas sinuosas y geniales el cuelgue y la magia de aquel año, y un título impactante que salió de la drogada boca de Mick Turner, otro amigo del grupo que en una alucinógena conversación sobre ciclismo -tanto a Jack Bruce como a Ginger Baker les gustaban las bicis de carreras, recordad que por aquella época Gran Bretaña tenía a todo un campeón del mundo como el malogrado Tom Simpson-, en lugar de decir derailleur gears -tecnicismo sobre las marchas de la bici-, balbuceó algo así como Disraeli Gears. Anécdotas aparte, el disco que fusionó el blues rock con el pop y la psicodelia, pese al poco éxito que obtuvo en una Inglaterra que babeaba a los pies de Hendrix y que seguía polarizada entre Beatles y Stones, volvieron a Estados Unidos para promocionar su obra maestra por California, tocando para un público completamente drogado que alucinaba con Cream como el complemento ideal para sus viajes de ácido, pasando por lugares míticos como el Fillmore o el Whisky A Go Go, enlazando dos giras que ocuparon alrededor de siete meses y que convirtieron a Cream en estrellas y en especial a Clapton, que colaboró con la mismísima Aretha Franklin y Stephen Stills, aunque todo pudo irse a la mierda cuando les cazaron con hachís y marihuana y Clapton terminó encerrado en una celda con unos Black Panthers, ya en 1968, poco antes del asesinato de Luther King.
El mundo estaba cambiando, el rock estaba cambiando, y Cream estaban en el centro de la revolución. Y ahora, el disco en sí. Strange Brew. No hace falta estar completamente ciego para flipar con esta canción. Se nota la obsesión de Clapton por no dejar huecos en el sonido cuando grabaron el disco y desdobla su guitarra hasta crear la ilusión de que hay un segundo guitarrista, da igual, el ilusionismo es magia, Strange Brew es mágica. Jack Bruce no es el mejor cantante del mundo, pero, además de formar una de las mejores bases rítmicas de la historia junto a su enemigo íntimo Ginger Baker, canta de una manera monótona y melosa que encaja con el estilo de tocar de Clapton, que rasga su guitarra con breves descargas de una elegancia y solvencia alucinantes, punteos de blues rock en una exquisita melodía pop, dando al tema una cadencia hipnótica, terminando con ese breve solo de Clapton que da paso a la canción más famosa de Cream, una de las mejores de la historia y a uno de los riffs más grandes de la historia del rock, la enorme Sunshine of Your Love. A estas alturas está todo dicho, probablemente junto a Whole Lotta Love y Smoke On The Water sea el riff más conocido de la historia, pero es que el ritmo de bajo de Jack Bruce y su voz venida de algún lugar del espacio exterior gracias a esa atmósfera tan enrarecida con esa especie de vacío entre la voz, los coros de Clapton y los instrumentos y la extraordinaria y para nada sencilla pista de batería de Ginger Baker son tan alucinantes como el solo cósmico de Clapton. World of Pain es sedosa y parece encantada con esa especie de falsete que fuerza Jack Bruce y el efecto acuoso que ingenia Clapton para darle el toque psicodélico y espacial mientras se suma en los coros a la voz de Bruce. En pocas palabras, una canción ideal si tienes varios litros de LSD en el congelador; aunque no llega a hacerse incómoda, sólo con escucharle terminarás un poco colocado. De hecho es aconsejable escuchar este disco con las ventanas abiertas para airear la habitación.
Dance the Night Away es otro tema alucinógeno y con ese aura de estar completamente fumados tan Cream, pero que casi sin querer es una de las mejores canciones que ha tocado Clapton. Su guitarra, aquí, sencillamente, es sideral. No tengo la menor idea de qué hace para sonar así, pero eso sólo se lo he escuchado a su compadre Hendrix. El crescendo que hace cada vez que va a entrar el estribillo hacen de este tema una montaña rusa angelical. Parece una zanfona o una mandolina, pero no, es una guitarra. Sencillamente tenéis que escucharla. Ginger Baker canta en Blue Condition, un tema bastante monocromático, casi una canción de cuna, que apenas salvan los punteos que deja caer Clapton y que es el punto más bajo del álbum, desde luego nada que ver con la épica Tales of Brave Ulysses, escrita por Martin Sharp, una especie de resumen de La Odisea pasada por el caleidoscopio psicotrópico claptoniano y de un inspirado Jack Bruce. Una historia de aventuras y seres mitológicos que nos suena más a grupos horteras de power metal aceitoso que al virtuosismo máximo, pero a fin de cuentas es una canción fabulosa, llena de imaginación, al igual que SWLABR, es decir, She Walks Like A Bearded Rainbow, otra de las maravillas ocultas del disco, con Clapton de nuevo tocando de manera sobrenatural, sobrehumana, fortísima, mientras Jack Bruce canta ese «many fantastic colours makes me feel so good» que deja tanto y tan poco a la imaginación. Y ahora es cuando el disco empieza a desvanecerse. We’re Going Wrong es un tema depresivo, lento, oscuro, anticipándose de alguna manera a Black Sabbath y compañía, con un solo final excelente; con Outside Woman Blues te queda un regusto un tanto agridulce de que podía ser algo más, no como Take It Back, soberbio blues rock cargado de tintes políticos, y finalmente Mother’s Lament, especie de «a capella» de un tema tradicional que le da el toque original al cierre del Disraeli Gears. Si tenéis en baja estima a Clapton, éste es el remedio.