Laura García-Vidal Escudero y Mayka Cuadrado Zurinaga discuten sobre si prácticas como la lactancia a demanda o el colecho favorecen o entorpecen la corresponsabilidad y el empoderamiento.

Laura García-Vidal Escudero y Mayka Cuadrado Zurinaga son amigas desde el instituto. Ambas han trabajado en sitios relacionados con “el género” y tienen maestrías en políticas de igualdad, además de otros estudios y publicaciones; pero su feminismo les viene porque han militado en ONG y movimientos de lucha. Laura está a favor de la crianza natural, pero con matices. Mayka recela de la lactancia prolongada, con matices también. Aquí nos exponen sus argumentos desde el respeto y el reconocimiento de compañeras con otras posturas.

La idea de la crianza natural no es ninguna novedad. Dentro de la diversidad del movimiento feminista surgen corrientes diferenciadas y confrontadas respecto al tema, que han llevado a muchas feministas a replantearse qué implica cada propuesta y debate para las mujeres. En este artículo vamos a tratar de reflexionar sobre los contras y los pros de este modo de crianza desde una perspectiva feminista.

¿Pero qué es la crianza natural? No existe una única forma de crianza natural, cada familia es única y los modos diversos. No hay un manual de instrucciones ni recetas. Crianza natural es crianza con apego, se suelen utilizar indistintamente ambos conceptos para describir una manera de relacionarse con la criatura basada en el respeto incondicional hacia las necesidades físicas y emocionales de la misma. Esto quiere decir que se responde adecuadamente a sus necesidades, respetando su propio ritmo de desarrollo según su edad y no presionando ni forzando el mismo.

En la práctica, esto se traduce en muy variadas formas que, insistimos, no son todas ellas condición sin e quanon para “criar” con apego o de forma natural. Desde el parto natural o respetado, amamantar a demanda e incluso de forma prolongada, no usar chupete, llevar en brazos o portear, dormir en la misma cama que sus padres/madres (colecho), hasta más adelante dejar que aprenda a comer a su ritmo, optar por una escuela libre alternativa, etc. Digamos que, especialmente en el primer año se prima el contacto físico piel con piel con sus progenitores/as, siendo las consecuencias respecto a la implicación de las mujeres lo que genera el debate.

Blog de Mayka: terralibrelareceta.blogspot.com

Facebook:TerraLibreTecnicaDeLaRecetaEquilibrante

Mail de Laura para su coaching con perspectiva de género: laura_gavies@yahoo.es


Artículo 1

Los “peros” de la lactancia prolongada o del pecho a demanda

Yo no digo que destetemos para incorporarnos al mercado cabrón, aunque a veces toque. Afirmo que decidamos cuándo hacerlo en función del tiempo que queramos para nosotras, para bailar libres, para tener tiempo para nuestra vida, nuestra sexualidad, nuestro ocio, nuestras amigas.

Pikara Magazine

Mayka Cuadrado Zurinaga

Me centraré en las partes más polémicas de la crianza natural: el pecho a demanda, la lactancia prolongada y el colecho en edades avanzadas. No creo que nadie esté en contra de proporcionar cariño al/la bebé ni de cubrir sus necesidades. Pero éstas son subjetivas. Y considero importantísimo que las atiendan por igual madres y padres. Por cierto, los grupos de crianza se han apropiado de la palabra apego. John Bowlby, autor que acuñó la acepción que nos interesa de apego, se refería a una proximidad afectiva, en la que no es condición obligatoria la lactancia hasta un mes determinado.

¡Pensemos en las madres!

Apenas voy a tratar sobre qué es mejor para el bebé. Ya hay cientos de ONG asistencialistas y dos faraónicas instituciones llamadas Familia e Iglesia que bombardean con consejos sobre ello. Eso, sin contar con que el género femenino, más del 50% de la población, hemos sido entrenadas para preocuparnos más por el ellos que por nosotras mismas. Con honrosas excepciones de hombres igualitarios, el otro 50% pensará más en sí mismo.

Las organizaciones científicas que recomiendan la lactancia se refieren en demasía a los beneficios para bebés y poco a lo que aporta a la madre. Y apenas dedican palabras a la responsabilidad de los padres
La madre ya habrá recibido miles de mensajes sobre qué es lo mejor para el feto, lo más cómodo para el bebé en el cambio de pañales, lo más beneficioso para su alimentación, “hazlo así que tiene frío, levántate que está llorando, pero mujer qué haces que quiere que le cambies de postura…”

El caso es que ya tenemos a mucha gente pensando en quien acaba de nacer. Recibiremos regalos para el bebé (como si fueras tú la que está cómodamente tumbada). Entonces… dejadnos a algunas defender una postura que equilibre la balanza y defienda a las grandes olvidadas. Porque parece que pasas a un estado en el que sólo eres madre, no mujer, y tiene que haber alguien ahí, que no sólo te de consejos de maternidad, sino de autocuidado. ¡Gracias a la Madre Tierra quedan malas mujeres egoístas! Resulta que ahora no tenemos tiempo ni para hacernos un dedo, y tan malo es que este descuido de una misma sea por el mercado de trabajo productivo como que ahora defendamos que sea el trabajo reproductivo el que no nos deje quedarnos a solas con nuestro maravilloso cuerpo, tocarnos y darnos homenajes. Todo porque tenemos que dar la teta al niño.

Yo no digo que destetemos para incorporarnos al mercado cabrón, aunque a veces toque, porque si no pasa que dependemos económicamente del varón y la criatura también nace con unos derechos económicos. Afirmo que  decidamos cuándo hacerlo en función del tiempo que queramos para nosotras, para bailar libres, para tener tiempo para nuestra vida, nuestra sexualidad, nuestro ocio, nuestras amigas. Que si no el ejemplo que está recibiendo no es muy igualitario.

Casos reales

L.B. va una vez al mes al fisioterapeuta para curarse las contracturas que le provocan las malas posturas y el peso de dar el pecho a demanda.

C.X. duerme con su compañero, una niña de tres años y otro recién nacido. ¿Cómo follan? Porque a la gente les molesta hasta el peluche… Sigue dándoles el pecho, así que sólo él puede trabajar remuneradamente. De momento se llevan bien…

Una desconocida y delgada madre en un festival de danzas del mundo se ha perdido la mayoría de los bailes y masajes porque da el pecho a su orondo hijo de dos/tres años. El padre no se ha perdido nada.

P. R.  y  M.G. acuden a una sesión tuppersex. Cuando la asesora explica las maneras de tener relaciones sexuales satisfactorias, trucos para masturbarse y para evitar infecciones, ellas ni lo oyen porque sus hijos, ya con dientes, les demandan el pecho. Uno de los padres ni siquiera trabaja.

I.R. dará el pecho todo el tiempo que el bebé lo pida. El padre nunca se levanta por las noches porque el niño sólo se tranquiliza con la madre; creen que es por el olor. Para ellos durante el primer año la que importa es la madre.

A.M. vive con tres hijos, mayores de 25 años y dos nueras. Nunca dejó que los varones, incluido su marido, se ocuparan de las cosas de los niños. A.M. les acompaña al médico, pero cuando ella está enferma no va. Sólo fue a dar a luz. No sabe lo que es usar biberón. Cargó en su momento con los niños (otras dirían “portar”). En su familia piensan que las mujeres, biológicamente, están mejor capacitadas para cuidar a los hijos. Como se generó un apego tan grande entre ella y ellos cuando eran pequeños, fue imposible cambiar esos hábitos cuando fueron mayores. A.M. es una mujer de etnia gitana y su idea sobre el cuidado coincide con la de algunas feministas de perfil sociocultural llamado, de forma equivocada, “más alto”. A.M. se quiere separar. Pero no puede, no dispone de recursos económicos propios. Toma antidepresivos. Podría darnos muchas lecciones mientras debatimos desde nuestra situación privilegiada.

¿Por qué existe uniformidad en ponerlo fácil para dar de mamar pero se nos hace sentir mal si optamos por lo contrario? ¿Alguien se cree que la sociedad discrimina a las madres que cuidan de sus hijos? Si desde pequeñas nos regalan el muñeco lactante. Si la comunidad científica nos adoctrina

Más del 80% de las personas que consumen antidepresivos son mujeres. Los estudios lo asocian al cuidado de personas dependientes.

Sobre hij*s

Educadoras expertas y expertos en prevención de drogadicciones dicen que la sobreprotección deriva en falta de tolerancia a la frustración, que es bueno aprender, cuanto antes, que hay cosas que no se pueden tener en la vida. Una educación emocional temprana con unas normas constantes otorga seguridad. De hecho, la mayoría de los chavales que tienen problemas con las drogas han tenido una madre sobreprotectora. Yo les digo que no echen la culpa a la madre, que también habría un padre, ¿no?

La comunidad científica mantiene los roles de género e impone su “universo”

Todos los estudios que he leído hablaban casi en exclusiva de la relación de la madre con la criatura. La mayoría afirma que los beneficios de la lactancia materna para la salud del bebé son muchos. Enumeran algún beneficio para la madre. De forma muy escondida, y volviéndome a derivar a las ventajas, pude encontrar algo sobre los dolores, sequedad y ardores que podía provocar en los pezones, así como la falta de vitamina D y hierro. Pero es que me interesa poco una asociación de pediatría que suelta perlas como que hay un rotundo “desconocimiento de las madres” de cómo “deben” seguir dando la leche más meses de lo que lo hacen y las “regaña” porque no ejercen bien su rol. En las declaraciones de esa entidad no hay apenas palabras que se refieran a las responsabilidades para los padres.

La OMS recomienda dar el pecho en exclusiva hasta el sexto mes, en mi opinión razonable, y mezclarlo con otros alimentos hasta los dos años. Pero la Asociación Americana de Pediatras habla de menos de un año. Ambas organizaciones científicas se refieren en demasía a los beneficios para bebés y poco a la madre. Curiosamente, la OMS también tiene un estudio que dice que las madres estresadas y deprimidas, prestan menos atención a sus hijos y ést*s se desarrollan menos… Eso sí, qué poco hablan del cuidado de los padres hacia su progenie…Y qué poco tienen en cuenta la realidad de las madres.

Según la última Encuesta Nacional de Salud en España, de 2006, más del 61% de nuestras mujeres deja de dar el pecho en exclusiva antes de los 6 meses. En EEUU sólo el 15 % de las madres lo da sin complementos durante ese periodo (menos del 4% de sus hospitales respalda la lactancia prolongada, por cierto). La portada de The Time mostró una joven y delgada madre cargando en su pecho un niño que parecía tener 6 años pero que luego, ante la polémica, dijeron que tenía 3. El demoledor titular sentenciaba: “¿Eres suficientemente mamá?” La revista British Medical Journal Open publicó un estudio en el que una alta muestra de mujeres manifestaba su frustración y culpabilidad al no cumplir la recomendación de los 6 meses de pecho a demanda.

Ya lo contaba Beatriz Gimeno en un artículo para esta misma revista, cómo tuvo que enfrentarse a todo un hospital para encontrar a alguien que le cortara la leche, a los pocos días de nacer su hijo. Si queremos respetar la decisión de las mujeres, ¿por qué existe uniformidad en ponerlo fácil para dar de mamar pero nos hace sentir mal si optamos por lo contrario? ¿Alguien se cree que la sociedad discrimina a las madres que cuidan de sus hijos? Si desde pequeñas nos regalan el muñeco lactante. Si todos los resultados de Google son de asociaciones pro-lactancia. Si no me imagino en revistas como Interviú artículos como este. Si la comunidad científica nos adoctrina sobre el papel que debemos tomar las madres. Poderoso lobby el que juzga e impone el modelo de mujer.

En palabras de la feminista Elisabeth Badinter; “buena madre ecológica es la que tiene un parto en casa, sin epidural, da el pecho a demanda y antepone las necesidades de su hijo a las suyas”. Haciendo cuentas, me salen unas cuantas malas madres… Si es por ponernos muy biologicistas, como aquellas que dicen “nosotras somos las que tenemos tetas”, también he leído estudios sobre que el cromosoma “y” de los hombres era cada vez más pequeño y que el próximo hito de la evolución podía ser su desaparición. ¿Es eso lo que queremos, que los hombres desaparezcan? Soy más partidaria de involucrarles.

¿Dónde queda el padre?

Quisiera centrarme en la problemática que surge para la corresponsabilidad en las parejas heterosexuales con padre/madre, sin por ello ignorar la realidad de madres solteras y parejas de dos madres.

Creo firmemente que la sociedad mejorará para mujeres, hombres, hijas/os, instituciones y el sistema en general cuando llegue el cambio pendiente: que los hombres se incorporen al cuidado. Ya hemos probado a mostrar las “virtudes” de atender para que lo hicieran. Y no ha funcionado.

Nos hemos atrincherado en la maternidad como si fuera nuestro campo exclusivo, porque realmente hay intentos de controlarla. Semejante decisión ha perjudicado a las criaturas, que se pierden a un padre; perjudica a los hombres, que quieren adquirir la satisfacción ética de querer a un hijo, y aleja a la sociedad de la igualdad de derechos.

Los datos del INE arrojan que el número de mujeres y hombres atendiendo a personas ancianas y con discapacidad está más equilibrado, cuando pudiera parecer menos atractivo.

También nos hemos atrincherado en la maternidad como si fuera nuestro campo exclusivo porque realmente hay intentos de controlarla. Semejante decisión ha perjudicado a las criaturas, que se pierden a un padre; perjudica a los hombres, que ya han sufrido a padres ausentes y quieren adquirir la satisfacción ética de querer a un hijo; y perjudica al resto de la sociedad, que cargará con un estereotipo que aleja de la igualdad de derechos.

Mientras, qué duda cabe de que sólo se obtienen beneficios al apostar firmemente por adquirir un compromiso en la pareja con la corresponsabilidad desde el principio. Incluso antes del embarazo.
Superar la simple conciliación. Actualmente el permiso de paternidad consiste sólo en 13 días. ¿Qué implicación es esa? La apuesta estratégica es exigir Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción. Una ampliación de derechos para acabar con la División Sexual del Trabajo.

No todas las maternidades son biológicas. Quién tiene que recuperarse está para que la cuiden, no para hacer esfuerzos. Que el padre (o la otra madre) tenga exactamente los mismos días que la madre para cuidar. Si no da el biberón, que haga el resto. Porque tareas hay: cuidar a la mujer, limpiar al bebé, recoger la casa, ir a la compra, etc. Para quien quiera rizar el rizo, hasta daría más posibilidades a la crianza natural. Ya hay una Plataforma que ha logrado que el Congreso se comprometa con esta propuesta, la PPIINA. Da igual que el padre no tenga tetas, puede cuidar igual. Así ganamos tod*s.

Porque nuestra pareja acabará por no levantarse por las noches ya que el infante (de muchos años, muchos kilos, muchos dientes y mucho apetito) pedirá nuestra teta y nuestro olor, generará apego sólo a nosotras y ahí empieza todo. Primero, que cuando se ponga enfermo pedirá ir con mamá. Cuando llore querrá que le coja mamá. Cuando tengamos posibilidad de compartir diez semanas del permiso de paternidad no lo haremos porque sabemos que la criatura pasa más tiempo con mamá. Cuando tenga que hacer tareas, las hará la niña, porque así lo ha visto en mamá (y repiten lo que ven no lo que oyen, puede más el ejemplo).

Cuando haya una separación, se querrá ir con mamá. Cuando el o la juez tenga que escuchar con quién pasa más tiempo el niño o la niña para no romper su rutina, dirá que con mamá. Cuando la guarda y custodia sea para mamá, el hombre se cabreará, pero ya es tarde, hace tiempo que el apego se estaba generando hacia ella. Cuando el adolescente tenga un apego insano hacia la madre, busque relaciones que le recuerden a ella y la propia mamá tenga relaciones tóxicas con su hijo y sus nueras porque no pueda separarse de su hijo o tema quedarse con el nido vacío, porque toda su vida se ha centrado en ser sólo madre y no ha cultivado otras facetas de ser mujer…  Cuando ese niño o niña sea mayor no habrá generado apego ninguno a su padre, que habrá estado ausente. Si es niño, seguramente, será un padre ausente también, porque es lo que ha aprendido.

Profundizando en los orígenes… Nuestra responsabilidad es contra el Patriarcado

La Comunidad Autónoma de Madrid está subvencionando grupos de Crianza.

Mi madre fue esclava 24 horas de cuatro hijos y un marido. Cada vez que voy a dar una charla en barrios parecidos al mío, veo que su ejemplo no es cosa del pasado. Sólo un 6% de las excedencias por cuidado de hija/o son solicitadas por hombres. Creo que quien habla de que el Patriarcado ha muerto habla desde otra clase social. Y no, Patrix no pierde fuerza si dejas de nombrarlo, lo hemos intentado y no ha desaparecido. Mientras no acabemos con el sistema capitalista, mejor que tengamos independencia económica. Sí, las charlas sobre empleo son muy aburridas, pero hay que pasar por ellas.

Hasta que desmontemos Patrix, la crianza natural prolongada ocasiona unos cuantos marrones a las mujeres, acarrea pérdida de placeres, de descanso y de libertad.

“Patrix” ha despertado entre algunas jóvenes disfrazado de moda ecologista, filosófica y hippie.  “El mercado no ha de mandar en el tiempo que paso con mi hijo”, dicen. Efectivamente. Pero hasta que no acabemos con el capitalismo o sobrevivamos a base de cooperativas autogestionadas y trabajando sólo 20 horas semanales (como sería justo para emplear a todo el mundo), tu chico hace más horas que tú y va a ser quien no curre en casa.  Las mujeres seguimos cobrando menos y con jornadas a tiempo parcial. Cuando alguien ha de dejar su empleo, ellos son quienes han sido socializados para priorizar el trabajo fuera del hogar, aunque dentro se necesite más.

¿Por qué es una cuestión de clase social? Es cierto que si hay dinero, ella y él pueden tener la suerte de dejar de trabajar, tener amb*s al chaval “apegado”, con muchos placeres para la madre y con implicación del padre, pues en estos pocos casos pueden sobrevivir sin que él se tenga que ausentar. Cuestión de clase. Pero para el resto de las mortales, me temo que la cosa no funciona así. Que manda el capital y hay que currar.

Vayamos más allá, profundicemos en el quid de la cuestión. Hay quien dirá que, siguiendo a la compañera Mª Milagros Rivera, “la maternidad es una capacidad que se interpretó como poder” y que la quisieron controlar. Totalmente de acuerdo. Pero el no querer soltar todo el kit maternal ni a tiros… ¿es que queremos hacerlo al revés, queremos tomar la maternidad como poder? Foucault hablaba de un biopoder. Si controlabas los cuerpos físicos podías controlar el mundo. Pero nosotras no somos así, somos diferentes… ¿no?

Entiendo el deseo de querer estar cerca del bebé, pero hagamos un esfuerzo y dejémoselos a ellos. Mi humilde opinión, sin duda menos versada en la materia, es que hasta que desmontemos Patrix, la crianza natural prolongada ocasiona unos cuantos marrones a las mujeres, acarrea pérdida de placeres, de descanso y de libertad. Libertad sobre tu cuerpo, tu vida, tu tiempo, tu movilidad, tus decisiones, tu empoderamiento personal.

Tenemos asociados algunos valores positivos para la sociedad, como la sensibilidad, la generosidad, el cuidado gratis de los demás… Pero lo cierto es que a nosotras muchas veces esos valores nos vienen de culo. Y están descompensados en los hombres. Así que, hasta que ellos no los compartan, yo abogo por que nos hagamos más egoístas. La idea de que al vernos felices con el cuidado se iban a incorporar no era cierta, ya lo estamos viendo. “Maternicémosles”. Y para ello, hemos de soltar un poco.

Cuando digo que no quiero ser madre, me dicen que ya cambiaré de idea. Jamás he visto hacerlo a la inversa. Hasta mi doctora me recetó la maternidad. El respeto pasa por no decirle a nadie lo que tiene que hacer. Ni 0 meses ni 26. Sería de nuevo infantilizar a la mujer. Cuando quien da el pecho hasta los 5 años dice, “soy feliz”, esa frase tiene el mismo valor que cuando la usamos el resto. La felicidad puede ser un estado de ánimo o una forma de ver la vida dependiendo de cada una. Pero aceptar medirla en función de cómo nos relacionamos con la maternidad es una perversión del patriarcado, neoliberal porque pretende que existe la libertad.

El papel del feminismo no es averiguar si la leche materna es saludable, sino luchar para garantizar la igualdad de derechos y la corresponsabilidad. Esto pasa por no retroceder hacia la “mística de la maternidad”.

Hemos de respetar cualquier decisión de una mujer. El sistema ya se ha preocupado por castigarnos si somos malas madres. ¿Por qué hay menos exigencias para ser buenos papás?


Artículo 2

Crianza con apego, por qué sí

Quienes defendemos la crianza natural partimos de una crítica reflexiva a todos esos “consejos” de “expertos”, que no llevan más que a la sumisión de las criaturas, y lo hacemos desde nuestra libertad como mujeres y en compañía de nuestros compañeros varones, pensando en otro modo de hacer las cosas.

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Laura García-Vidal Escudero

De sobra sabemos que desde que nacemos se pone en marcha el juego del sistema para moldearnos según nuestro sexo, para “convertirnos” en “buenas” mujeres y en “buenos” hombres, con las consecuencias nefastas que tiene este engranaje para las mujeres. El rol de mujer-madre que nos vende el sistema patriarcal sigue siendo el principal obstáculo para el desarrollo individual y profesional de las mujeres, presentándose la maternidad como el súmun de la realización de cualquier mujer como persona, como cada vez más se empeñan en recordarnos quienes ejercen el poder político cuando hablan de la “verdadera libertad de las mujeres de ser madres…”

Cuando vemos a una mujer amamantar hasta los 2 años o portearlo saltan muchas alarmas. Muchas feministas la ven como víctima del sistema, que vive para su criatura. Pero, ¿alguien se ha parado a preguntarle cómo se sienten y por qué lo hace?

En fin, sobran argumentos para concluir que la impostura de la maternidad ha sido nefasta para la libertad de las mujeres. Pero, ¿qué ocurre cuando la maternidad se elige desde la libertad individual y consciente?

Qué duda cabe de que ha de ser una elección respetada y que sin duda tiene consecuencias. La maternidad y paternidad exige de una gran responsabilidad y eso es algo fundamental que quiero resaltar aquí. Si yo, mujer antes que madre, elijo ser madre, lo hago siendo consciente de que voy a traer a este mundo a una criatura 100% indefensa que necesitará cuidados intensivos durante al menos su primer año de vida, y que esos cuidados serán responsabilidad tanto mía como de su padre si lo hay. Evidentemente no será fácil. Tampoco lo es tener un perro. Enseguida se pone en marcha todo un aluvión de “consejos” de “los expertos”, qué hacer y qué no hacer. Supernany y demás expertos nos dicen que no hay que “malcriar” a la criatura, que hay que dejarla llorar desde bebé para que se acostumbre, para que se le “ensanchen los pulmones” o para que se acostumbre a la frustración aunque tenga un mes o dos de vida, que hemos de dar de mamar 10 minutos con cada teta cada 3 horas hasta los 6 meses, que no debe estar mucho en tiempo en brazos, que ha de aprender a dormir sola enseguida, que tiene que comérselo todo aunque vomite, etc.

Quienes defendemos la crianza natural partimos de una crítica reflexiva a todos esos “consejos” de “expertos”, que no llevan más que a la sumisión de las criaturas, y lo hacemos desde nuestra libertad como mujeres y en compañía de nuestros compañeros varones, pensando en otro modo de hacer las cosas.

Desde luego que las mujeres no tienen por qué ser más felices con la maternidad, eso es una falacia androcéntrica, pero las mujeres que eligen ser madres también pueden ser felices en ese ciclo. La maternidad es una fase que puede ocurrir o no. Si ocurre también se puede disfrutar, sí, hay mujeres que disfrutan y se sienten felices. ¿Va a ser todo por culpa del patriarcado, que las ha comido la cabeza para que crean que son felices?

Cuando vemos a una mujer amamantar a demanda hasta los 2 años, dormir en la cama con su bebé, portearlo en lugar de llevarlo en el carrito, etc., saltan muchas alarmas: “O no, otra que cae, una super mamá ideal, como quiere el sistema que sea”. “Pobrecita que ha perdido su libertad, que vive para su cría y no para sí misma”. Muchas críticas feministas la ven como víctima del sistema, como una madre y no como una mujer que ha elegido libre y conscientemente su maternidad y en concreto un modo determinado de hacerlo, que además se aleja de las guías de los expertos patriarcales.

Pero, ¿alguien se ha parado en serio a preguntar, a hablar profundamente con ellas para saber para qué lo hacen, cómo se sienten, qué les lleva a dar la teta a demanda, por ejemplo?
Sinceramente creo que no y me parece un error. Se tiende a caer en la crítica y en la victimización de la mujer que ha decido ser madre.

Es fundamental no confundir apego con sobreprotección, que sí implica que, especialmente mujeres, exageren su rol-mandato de madres y vivan por y para sus hijos e hijas, con un padre ausente
La experiencia muestra que una crianza con apego requiere la implicación no sólo de la madre, que normalmente es la que lo ha parido (si no es adoptada) sino del padre y/o de otras personas adultas que compartan la crianza, sus principios y modos de hacer. Una madre sola puede intentar criar con apego, pero si el padre no hace lo mismo al 50%, no podemos hablar de crianza con apego en términos generales o exhaustivos. Eso sí, teniendo en cuenta las limitaciones biológicas de cada sexo. Es la mujer la que pare y es ella la que da de mamar, si así lo ha decidido, claro. Más adelante profundizaré en esta idea.

La crianza con apego implica aceptar la creencia previa, por parte de ambos/as progenitores/as (si los hay), de que la niña/o desde que nace tiene unas necesidades primarias y específicas que han de ser cubiertas desde el más profundo respeto a las mismas. Que si, por ejemplo, llora teniendo 3 o 4 meses es porque necesita algo y no porque sea un ser manipulador por naturaleza. Quienes optan por este estilo de crianza (que creo que es al fin y al cabo un estilo de vida) creen que la forma de criar influye profundamente en el desarrollo físico y emocional de la criatura, y lo hacen la mayoría de las veces siguiendo sus instintos (no digo que haya un instinto maternal, ojo) y con la finalidad última de criar criaturas seguras que se convertirán en personas adultas estables y sanas emocionalmente.
Es fundamental no confundirlo, entonces, con la sobreprotección, que sí implica que tanto mujeres como hombres, especialmente mujeres, exageren su rol-mandato de madres y vivan a través de los hijos/as, por y para ellos/as, tomando todas las decisiones por ellos/as, no dejándoles actuar ni aprender a su ritmo, considerar que no saben, que son inmaduros/as, diciéndoles a cada instante lo que deben hacer y lo que no, no dejándoles cometer sus propios errores y aprender de los mismos y con un padre la mayoría de las veces ausente.

La sobreprotección genera inseguridad y baja autoestima, mientras que criar desde el respeto a la individualidad, cubriendo las necesidades de afecto físico y emocional sin considerarlas triviales en ningún momento, está demostrado que contribuye a criar personas más estables y seguras de sí mismas, incluso con un pensamiento crítico más desarrollado respecto al mundo, con valores de empatía y respeto hacia sí mismas y hacia las demás personas.

Una aclaración: cubrir las necesidades físicas y emocionales de la criatura no significa malcriar, no es darle lo que quiere en cada momento. No es lo mismo querer que necesitar, si demanda afecto le daré afecto, si quiere chuches o hacer lo que le de la gana, o levantar las faldas a las niñas, por ejemplo, pondré los límites. Crianza natural no significa malcriar ni no poner límites. No implica crear una relación de apego dependiente sino todo lo contrario.

Las mujeres que prolongan la lactancia lo hacen porque así lo sienten, no porque “deban”. A muchas les da placer dar de mamar. Hay que respetarlo y entenderlo sin caer en la victimización
Por ejemplo, centrándonos en los primeros meses y años de vida, ¿qué pasa con el colecho? ¿Por qué se opta por ello? No son pocas las críticas al método adoctrinador y conductista del doctor Estivill para que el bebé “aprenda” (a la fuerza) a dormir solo.  Método en el que, a fuerza de pasarlo mal, la criatura es forzada a tragarse su llanto y estar sola, en su cuarto y a oscuras, mientras llora y mientras los padres también lo pasan mal por ese rato incómodo para las tres partes.

Cuando hablamos de crianza natural es difícil no asociar la misma a las necesidades de la criatura. Cuando no se satisfacen las necesidades primarias de la misma, puede sufrir un alto nivel de estrés (esto incluye desde un nacimiento traumático, la separación nada más nacer de su madre, poco contacto físico, obligarle a dormir solo aunque llore, etc.). Este estrés puede llevar al desarrollo de cierto sentimiento de aislamiento y desconfianza que puede acompañar durante muchos años en la infancia (miedo a la oscuridad, por ejemplo) adolescencia y edad adulta (personas inseguras de sí mismas). Numerosos estudios de psicología evidencian, así, que dejar llorar a un bebé de esta forma es nocivo para su desarrollo emocional y cognitivo. Por ello, muchas personas, madres y padres, que optan por una crianza más “natural”, prefieren el colecho.

Parto de la premisa de que cuando una mujer-madre y un hombre-padre deciden compartir cama temporalmente con su bebé es porque así lo desean, además de las ventajas que puede tener si la mujer le da el pecho a demanda, pues no tendrá que levantarse en mitad de la noche para hacerlo. Conozco a varias personas que así lo hacen o han hecho y aseguran que la criatura se va a su cuarto cuando llega el momento, duerme sola y sin traumas, que no genera un apego dependiente.

¿Y qué papel tienen en todo esto el padre (suponiendo pareja heterosexual que decide tener un bebé)? Traer una criatura al mundo supone una gran responsabilidad que ha de estar pactada.
Indudablemente implica un cambio en la forma de vida, especialmente al comienzo, cuando la criatura es 100% dependiente. Un cambio que, desde la crianza natural, abarca tanto al padre como a la madre.
Aunque poco nos queda de animales, lo seguimos siendo, y como mamíferas (reivindico desde aquí nuestra “animalidad”), sí creo en un vínculo específico que se establece entre la críatura y el cuerpo en el que se formó y del que nació. Los primeros minutos tras el nacimiento el contacto cuerpo a cuerpo entre bebé-madre es básico y permite establecer un vínculo fuerte de inter-apego. Un parto respetado es un parto en el que la protagonista es la mujer que pare, la mujer elige y el resto acompaña y aconseja, siendo el papel del padre fundamental en cuanto al cuidado de la mujer que pare y del-su bebé (muchos padres cortan el cordón umbilical ellos mismos en un parto respetado). También implica que la criatura nace, no es sacada. La tecnología está ahí para cuando sea necesaria, y punto. Nada más nacer la cría buscará el pecho y empezará a amamantarse.

Dar de mamar es una capacidad exclusivamente femenina (sexo, que no género) y por eso es la madre la que ha de elegir qué prefiere hacer. Es cierto que hay mujeres que nada más parir deciden no dar el pecho e incluso cortarse la leche y también es cierto que se las mira con recelo en muchas ocasiones. Sinceramente y bajo mi punto de vista, me parece legítimo pues es su elección, pero no entiendo por qué no dar el pecho, a no ser que sea por cuestiones de salud (o por la silicona en la mayoría de las ocasiones…). No digo que tengamos tetas para dar de mamar únicamente, pero si nuestro cuerpo se embaraza, es lógico hacerlo. Es como si renegáramos de nuestras funciones biológicas, es como si ahora reivindicásemos cortar nuestra menstruación. No creo que la igualdad deba pasar por eliminar las diferencias.

Dar de mamar a demanda es dar alimento según las necesidades de la criatura y no según el horario impuesto por la medicina tradicional y, por supuesto, el mercado. Más esclavo me parece tener que estar pendientes de comprar leche artificial, lavar biberones, hervir la leche, etc. que dar de mamar.

Sí es cierto que dar el pecho a demanda está sujeto a la posibilidad de hacerlo, pues no siempre se tiene tiempo y hay que re-incorporarse al mercado laboral (aún seguimos viviendo por y para el mercado, tan incompatible cada vez más con la vida, cosa que también hay que mirar y seguir combatiendo y no dejarlo de lado). Es una cuestión de adaptación y de elección propia. Si hay que trabajar, la lactancia se adapta y se compagina.

Frente a los roles de madre abnegada y padre ausente de la crianza tradicional, en la crianza natural los padres se implican y comparten responsabilidades.

No obstante, hemos de aceptar que muchas mujeres, muchas de ellas feministas, optan por una lactancia a demanda e incluso que va más allá de los 6 meses. Y, hablando con ellas, lo hacen porque así lo sienten, no porque “deban” hacerlo, sino porque quieren hacerlo, se sienten a gusto e incluso a muchas les da placer dar de mamar (no a todas, pero sí a muchas), y también porque les resulta más cómodo en el fondo. No estoy hablando de las consecuencias que tiene para las mujeres que deciden no dar el pecho, sino de la necesidad de respetar y entender a quienes deciden hacerlo sin caer en la victimización. Dar de mamar a demanda sí es cierto que implica más a la madre que al padre, pero sinceramente es una situación temporal que debe ser respetada también por aquellas que no lo comparten.

Creo que hemos de ampliar el debate y tener en cuenta que no podemos reducir la crianza natural a dar de mamar. Si no, estamos hablando de la lactancia y no de la crianza natural. Si una mujer decide dar el pecho tendrá una responsabilidad que no tiene el padre, lo que no quiere decir que este no se implique al 100% en la crianza. De hecho, si pensamos en la crianza tradicional, lo que viene siendo el mandato de género y de madre abnegada, vemos como efectivamente los padres son más ausentes que presentes en los cuidados. No obstante, los hombres que, junto con sus compañeras, optan por este modo de crianza más “natural”, parten de unas ideas y valores que van mucho más allá de su rol de género, que se implican y comparten responsabilidades. El baño, coger en brazos, portear, preparar la comida de la criatura, etc. son tareas que cuanto más se compartan a partes iguales mayor será el vínculo que establezca la criatura con ambos, y no sólo con la madre.

El contacto físico es fundamental durante los primeros meses hasta el primer año (después también pero en esta etapa casi todo se reduce a ese contacto físico). Para que una criatura se críe en un clima de seguridad, amor y respeto, ambos progenitores han de tener interiorizados estos valores en su estilo de vida. No solo cría la madre, aunque sea ella la que pare y da de mamar. Los padres que eligen este modo de crianza tienen la misión principal, durante el primer año, de sostener y cuidar a la madre, así como de encargarse de todo el trabajo doméstico, y me consta que así lo hacen los poquitos que he conocido a lo largo de mi vida (poquitos casos de crianza natural, digo). Están ahí desde el principio, sosteniendo y dando apoyo emocional a su cría y a la madre, que acaba de parir después de 9 meses de embarazo y eso cansa, que acude al llanto de la cría, que no la obliga a dormir sola, que la coge en brazos, que duerma con ella, que ofrece el calor de su cuerpo piel con piel, etc.

No puede hablarse de crianza natural o con apego si entre el padre y la madre no hay una complicidad previa de respeto y cuidado mutuo, entre ambos y hacia la criatura. Los cuidados que necesita esta no son ofrecidos solo por parte de la madre, sino también por parte del padre, a partes iguales (salvo lo de dar de mamar la mayoría de las veces). Más adelante, la niña/o verá que tanto su papá como su mamá están ahí para guiarla y enseñarla a ser una persona libre que es querida y que se quiere a sí misma. No puede hacerse si solo se implica la madre.

Quizás los hombres que practican la crianza con apego están rompiendo su rol de género para entregarse a las responsabilidades que realmente exige el cuidado de una criatura. Lo cual contribuirá a la transmisión de roles diferentes al niño/a por parte de sus padres.
Evidentemente todo esto no depende exclusivamente del deseo de los padres, hay otros factores que influyen e incluso limitan (que no imposibilitan) el desarrollo de un estilo de crianza natural. En ese contexto, la lucha por el permiso de paternidad obligatorio, intransferible y de la misma duración se convierte en un objetivo primordial por el que hay que seguir peleando. Sigue siendo necesaria la reivindicación por iguales derechos y deberes en las esferas públicas y en la doméstica, por parte de hombres y mujeres. La crianza natural exige una corresponsabilidad real en el cuidado y la falta de la misma implica una serie de obstáculos para su desarrollo. Pero ya dije que no hay una receta única e insisto en que es posible ir cambiando pequeñas cosas. Quizás, cuando hayamos conseguido la igualdad en el empleo, sea más fácil, pero hasta entonces, ¿por qué no ir dando pequeños pasos? ¿Es incompatible la lucha por la igualdad con la lucha por una crianza natural? Igual sí que lo es si hablamos de una maternidad patriarcal que busca criar hijas/os sumisas/os para el sistema capitalista.

Además, creo que deberíamos reflexionar sobre el tipo de igualdad que queremos ¿queremos ser iguales para el mercado? ¿iguales a quien y para qué? La igualdad no pasa por eliminar las diferencias sexuales, la igualdad ha de reivindicar (entre otras muchas cosas) y universalizar los cuidados como parte imprescindible para el sostenimiento de la vida, la igualdad ha de implicar a los hombres y hacer que estos sean padres que están ahí desde el primer momento, y no ausentes. Desde el feminismo también es necesario replantearse otro modelo de crianza, que sea crítico con los eternos consejos que durante siglos nos han venido dando “por el propio bien de la criatura” (recordemos que esos mismos expertos, durante siglos, son quienes han dicho lo que las mujeres debíamos hacer “por nuestro propio bien”).