
No dejen de ver las estremecedoras grabaciones de vídeo en la fuente del enlace: https://www.elmundo.es/madrid/2025/06/19/685316d8e9cf4ade688b459b.html?cid=BTNOT02
«¿Te ha robado a ti? ¡Pues cállate!», respondieron acalorados los agentes a las quejas de los vecinos
Daniel J. Ollero
«Vimos desde nuestra ventana cómo estrangulaban al chico y no puedo quitarme la imagen de la cabeza», relata a GRAN MADRID un testigo presencial de la muerte de Abderrahim, de 36 años, a manos de dos policías municipales fuera de servicio en Torrejón de Ardoz. «Le hicieron un mataleón durante 10 o 15 minutos. Al principio gritaba de dolor y se quejaba, pero hubo un momento en el que dejó de moverse. Se desvaneció como un pajarillo sin que dejaran de asfixiarle y echarse encima de él».
El testimonio coincide con los de otros testigos y con las grabaciones captadas por vecinos y transeúntes, a las que ha tenido acceso GRAN MADRID. En las imágenes se ve a uno de los agentes de paisano aplicando una llave de estrangulamiento tipo mataleón mientras apoya su peso sobre la nuca y las cervicales de la víctima. A su lado, el otro policía, que aparece tambaleándose, rodando por el suelo y con evidentes problemas para mantenerse en pie, recibe tras patadas de una mujer, se incorpora con dificultad y se deja caer sobre la parte baja de la espalda de Abderrahim, reforzando así la inmovilización.
La secuencia de hechos, ocurrida a la altura del número 20 de la calle Pesquera, fue el desenlace de una breve persecución entre Abderrahim y los dos policías que, según los vecinos, «parecían estar bebidos». «El chico pasó corriendo por un lateral de la plaza hacia la calle Pesquera y los policías fueron detrás. Decían que había robado un móvil en el bar en el que estaban», relatan desde un restaurante junto al escenario de las fiestas municipales.
Tras la presunta sustracción, Abderrahim encabezaba la huida y los dos agentes, de 58 y 60 años, trataban de darle caza. Entonces, el joven se detuvo en un tramo de la calle Pesquera junto a la parte trasera de un supermercado y una inmobiliaria. Allí fue alcanzado.
A partir de este momento, la versión del entorno de los agentes difiere radicalmente de la de los vecinos. Los primeros afirman que Abderrahim «había sido detenido por robo con fuerza y por hurtos en más de 44 ocasiones», que se resistía violentamente y que, para reducirlo, fue necesario aplicar una maniobra de sujeción tan contundente.
Una narración completamente opuesta a la que ofrecen los testigos. «El chico se paró, les dijo que qué querían y que no llevaba nada», recuerda uno de ellos, mientras levanta las manos imitando los gestos del fallecido. «Entonces», continúa, «le golpearon, se cayó al suelo, uno le sujetó por el cuello y el más gordo se le echó encima por la espalda».
Los vecinos relatan el comienzo de una escena «angustiosa» que se prolongó durante minutos: «Empezamos a gritar, decíamos que le estaban haciendo daño. ‘¡Déjale, que le vais a matar!’, chillábamos mi mujer y yo». «’¡Que le vais a asfixiar al chaval, coño!’, se escucha también», recuerda otro testigo. «’¡Soltadle, soltadle!’, le gritábamos mientras el policía nos respondía con insultos y se acomodaba para seguir apretando, mientras el otro, más corpulento, también se echaba encima del chico, que era un palillo».
Cuando Abderrahim estaba ya inmóvil en el suelo, una pareja de adolescentes intervino y logró empujar brevemente al agente más pesado, que rodó por el suelo antes de incorporarse. Los vecinos seguían gritando al policía que tenía sujeto al hombre por el cuello, y el agente les respondía con un «¡subnormal!» a frases como: «¡Quítale ya el brazo, que está inmovilizado!».
«¿Te ha robado a ti? ¡Pues cállate!», argumentaban acalorados los agentes. «¿Qué tendrá que ver que robe con que asfixies al chaval?», les reprochaba uno de los presentes, en una escena registrada con un móvil.
Poco antes de que en una de las grabaciones se reflejen las luces azules y se escuchen las sirenas, los vecinos insisten en que le dejen respirar. «¡Si está respirando!», espeta el policía, mientras continúa presionando con su cuerpo sobre la nuca del hombre. «Instalaron una carpa y mandaron tres unidades a reanimarle», recuerda una vecina desde un bar próximo. «Intentaban revivirle, veíamos a los sanitarios negar con la cabeza, como diciendo que la cosa pintaba mal». El SUMMA solo pudo certificar el fallecimiento: «Estrangulamiento».
Fuente: https://www.elmundo.es/madrid/2025/06/19/685316d8e9cf4ade688b459b.html?cid=BTNOT02
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