Dossier fusilado (perdón, elaborado) con textos de Elástico y El Mundo.

Maya Arulpragasam, M.I.A, es probablemente la primera futura estrella del pop que ha sido aupada y promocionada por la blogosfera antes de que los canales tradicionales se enterasen de su existencia, y que no ha sentido la menor verguenza en utilizar descaradamente las redes P2P para su promoción.

Su historia es particular. M.I.A es hija de uno de los líderes de los Tigres por la liberación de Tamil, un grupo terrorista de Sri Lanka; en sus canciones y entrevistas, las controvertidas opiniones de la cantante sobre la guerra contra el terror, y su uso de la iconografía de este grupo acaba saliendo tarde o temprano indefectiblemente.En Londres, Justine Frischmann de Elastica (se acuerdan?) le regaló una Roland MC-505, una máquina de ritmos y sintetizador bastante básica, con la que empezó a construir su mezcla delirante e hiperacelerada de hip-hop, dancehall, y reggaeton con bases de 8 bits. Su novio DJ, Diplo, ha producido su disco de debut Arular junto a Richard X, el rey del bootleg. Se trata probablemente del álbum más anticipado del 2005 después de año y medio de retrasos y esperas causados por el perfeccionismo de M.I.A y la incompetencia de su discográfica.

Hace meses M.I.A se hartó de esperar a que editasen su disco y se pirateó a si misma; tomó sus fragmentos favoritos y sus dos singles y los mezcló en formato sesión de DJ, con una fuerte influencia del estilo del bootleg. Originalmente «Piracy Funds Terrorism» era una cinta casera; no tardó en pasar a las P2P y los blogs de MP3. De los blogs de MP3 pasó a los Metafilter y a los Boingboing, que la han enlazado y apoyado repetidamente. Y de ahí a las cadenas de televisión musicales y a las emisoras convencionales.

MP3s y terrorismo, bases con sonidos de Gameboy y estética del sudeste asiático: es posible que M.I.A. sea el mayor genio de la autopromoción desde Madonna. Pero, con independencia de su capacidad para manipular los nuevos canales y usar las referencias correctas, puede que haya llegado el momento de que la combinación de la blogosfera (promoción) con las redes P2P (distribución) sean un canal de difusión efectivo para los nuevos artistas. Si los blogs descubren noticias y mantienen vivas las historias que mueren en los medios tradicionales, ¿Por qué no pueden ser también la mejor alternativa a la tirania del Top 40? Como dicen Downhill Battle: Peer to Peer kills Pay-to-Play.

La refugiada que conquista Londres

En 1976, Arul Pragasam se convirtió en el primer líder del ejército de los Tigres de Liberación de Tamil Eelam en ser entrenado por la Organización para la Liberación de Palestina como experto en explosivos. Tres décadas después, su alias, “Arular”, vuelve a retumbar a ritmo de “hip hop” y “reggaeton” invocado por su hija, Maya Arulpragasam, en el álbum de debut que firma como M.I.A. Un disco que ha encumbrado a esta joven de Sri Lanka asilada en la capital británica como el fenómeno no sólo musical, sino también político del año, investigado incluso por el FBI.

por Rafa Rodríguez

La fiera de mi niña. «Mi madre es una santa y mi padre está como una cabra. Eso es exactamente lo que soy, una personalidad dividida entre ambos, una freak, una chiflada, creativa pero responsable. Busco mi reflejo en los dos mientras ellos se odian». Maya Arulpragasam sirve en bandeja titulares a cuatro y hasta cinco columnas. Una suerte si eres periodista. Y encima adorna sus ráfagas verbales con desinteresada expresividad: corretea, baila, se retuerce la melena, juega con las mangas de su sudadera y pregunta, pregunta tanto como el periodista («¿de dónde eres?» o «¿de dónde has sacado esos pantalones?» o «¿qué vais a hacer luego?»). Cualquiera diría que lleva una semana de promoción frenética, atendiendo a la prensa de medio mundo, cara a cara en la capital británica o por teléfono, que quiere saber del disco más comentado -siquiera sin publicarse- de los últimos seis meses y de su autora, la joven de origen tamil que regala titulares: «Tengo la piel oscura pero soy una chica del oeste de Londres, tengo una educación pero aún soy una refugiada».

Las altisonantes frases lapidarias, sin embargo, revelan mucho menos de ella que sus confidencias a media voz: «Lo mejor que puedo decir de mí es que tengo una mente muy abierta… [se calla de repente, unos segundos de tensión y estalla]… Papá me dio acceso a taaaaanta información… Así he podido ampliar mis miras y extraer lo mejor de los demás. Ahora soy una adicta a la información. El conocimiento me ayuda a ser mejor persona y a intentar que los que me rodean también lo sean». Y apostilla: «Bueno, y me encanta salir de fiesta, los chicos…». (Auto)mensaje de normalidad para sobrellevar la locura.

A sus 28 años -que en absoluto representa-, Arulpragasam vive la vorágine de la fama. No sabe si lo está haciendo bien o mal porque nadie le ha enseñado y nunca ha visto cómo se hace, así que dice que aprende de cada momento y que, en última instancia, Dios proveerá, que para eso la ha metido en este fregado (pone sus manos en gesto de oración, levanta la mirada e imita a su madre: «Señor, no dejes que mis hijos sean unos perdedores, por favor…»). Encuentra delirante que le pidan autógrafos y la reconozcan por la calle, ella, que ha pasado tanto tiempo ocultándose. Esta es su primera entrevista para España y confiesa que nos envidia.

-Los españoles hacéis que todo parezca tan simple, no tenéis miedo a expresaros con naturalidad…

-¿Y los británicos sí?

-Esta es una sociedad que no se comunica, no nos hablamos lo suficiente. El otro siempre es molesto. ¿Qué palabra usáis en España para decir «embarrasing»?


-Molesto.

Entre el genio y el terror. Para algunos, Maya también resulta molesta. Una presencia embarazosa que recuerda el horror de una guerra civil a la que casi nadie echaba ya cuentas y evoca los fantasmas de lo que unos llaman «lucha por la libertad» y otros, «terrorismo». Refugiada política en Londres desde los 10 años junto a su madre y sus dos hermanos, Arulpragasam es una de los 250.000 tamiles de Sri Lanka que, ahora mismo, están asilados o buscan protección en países como Gran Bretaña, Canadá, Finlandia, Suiza, Australia, Italia, Estados Unidos o Alemania, a salvo de la cruel contienda que enfrenta a los de su minoría étnica hinduista con las fuerzas gubernamentales de la mayoría budista cingalesa. Dos décadas de guerra y 65.000 muertos que, de repente, resucitan en la poética visceral de Maya.


«Le apuntaron con una Semi 9 / Le apostaron contra una pared / Lo acorralaron / y después lo asesinaron/ Les dijo que no los conocía / No había estado allí y no le conocían / Entonces le enseñaron una foto / ¿No eres este tú con los musulmanes?».

Los versos de Sunshowers, la segunda canción que disparó la popularidad de esta joven menuda -que no frágil- el año pasado, han terminado de colocar a su autora definitivamente en el ojo del huracán mediático. Cuando, a finales de 2003, editó su primer sencillo, Galang, un apabullante collage rítmico interpretado en slang londinense y jamaicano, la dimensión de la artista era estrictamente musical, el nombre caliente en la boca de todos los enterados, favorito entre los disc jockeys y rastreado con urgencia en Internet (por entonces Maya aún no sabía que Galang también es el nombre de un campo de refugiados camboyano). A nadie se le había ocurrido pensar en ella en términos de «programa político» o «propaganda guerrillera» o «activismo», como luego se le ha echado en cara. Hasta que MTV, el globalizante canal de televisión musical, le exigió un comunicado en el que debía aclarar el contenido de Sunshowers si quería que su pertinente videoclip -rodado en la selva del sur de La India por el aclamado director Rajesh Touchriver- fuera emitido. Su respuesta: «Eso es lo que vemos todos los días en la tele. ¿Acaso los telediarios censuran las imágenes de la guerra y sus muertos? Por eso escribí esa canción. Uno no puede separar el mundo en dos, en bueno y en malo. El terrorismo es un método, pero Estados Unidos ha conseguido empaquetar a todos los grupos independentistas, revolucionarios o extremistas como si fueran una sola cosa y su lucha contra el terrorismo afecta al mundo más incluso que el propio terrorismo».

«Tengo las bombas para hacerte explotar», rapea Maya en Pull Up The People. Y proclama unos versos después: «Soy una luchadora, soy un soldado, un soldado gentil». Pero entre medias también informa de algo fundamental: «Tengo los ritmos para hacerte saltar». Maya empieza a estar harta de que se la malinterprete: «La gente oye ‘bomba’ y ‘soldado’, hace su asociación y ya no entiende nada más. Entonces te ponen una etiqueta y te meten en una caja. Mi disco no está en muchas tiendas porque no pueden etiquetarlo, no es hip hop, no es reggae, no es electrónica porque lo es todo a la vez. Y las letras tampoco encajan. Nadie quiere bailar música con mensaje político, pero es que yo tampoco hago política. Sólo escribo sobre lo que pasa a mi alrededor, cuento lo que veo en la tele, lo que escucho en las noticias. Mi único objetivo como ser humano es intentar ser lo más útil posible».

Arular, el álbum con el que por fin se ha puesto de largo bajo el seudónimo de M.I.A. (acrónimo de Missing In Action, o sea, Desaparecida en combate), es tanto el desahogo existencial de una joven como una crónica de su tiempo. Un cúmulo de pensamientos/sentimientos contradictorios, modelados por una infancia marcada por la guerra y la pobreza en la jungla del norte de Sri Lanka y una adolescencia sumergida en la violencia racista de uno de los barrios más deprimidos de Londres. Guerra, asesinatos aleatorios, secuestros, prostitución infantil salen a relucir en medio de un torrente de ritmos festivos globales -dancehall jamaicano, baile funk brasileño, hip hop estadounidense, ban- ghra angloindio, reggaeton lationamericano, grime londinense, electro euro- peo- para bailar, y eso, claro, sorprende, cuando no hace sospechar…

«Algunos piensan que, porque he estudiado en Central St. Martin’s -la escuela de Arte y Diseño más prestigiosa de Gran Bretaña-, lo mío es un cuento. Es como si te dicen que no puedes ir a la universidad porque eres pobre», revela Maya sin alterarse. Y ahora alude a los que piensan que, por su condición de refugiada desde niña, ha llevado una vida regalada: «Pues qué quieren: yo he visto salir de su casa a gente de mi pueblo para no volver jamás; he visto cómo quemaban mi escuela y mi hogar, cómo asesinaban a mis amigos, a mi familia…».

La hija del tigre. Todas las sospechas, cada uno de los resquemores que levanta la artista tienen origen, en realidad, en parte de la muy caliente sangre que corre por sus venas: Maya es hija de Arul Pragasam, uno de los tres primeros líderes de la guerrilla tamil (los llamados Tigres de Liberación de Tamil Eelam) adiestrado en los campos de entramiento que la Organización para la Liberación de Palestina tenía en Líbano a mediados de los 70. No hay mucha más información sobre él, pero las crónicas lo señalan como un experto en explosivos, una especialización para la que habría aprovechado su condición de ingeniero y de la que, según algunos, podría haber surgido el chaleco-bomba que haría tristemente famosos los atentados suicidas tamiles durante los años 80. «Mi familia tuvo que vivir escondida durante mucho tiempo, siempre huyendo, perseguida por el ejército. Todo el mundo sabía quiénes éramos y nadie se atrevía a darnos cobijo. Teníamos que robar mangos para comer porque éramos muy pobres», recuerda la joven, que sólo veía a su padre una vez al año y no más de 10 minutos en cada ocasión: «Mi madre nos decía que era nuestro tío, que papá estaba muerto… Lo hacía para protegernos de los interrogatorios en la escuela».

Desde que se convirtió en refugiada, Maya sólo ha vuelto a su país natal, esa lágrima que el subcontinente indio derrama sobre el Índico, en una ocasión (quería encontrar a uno de sus primos, presumiblemente desaparecido en combate). Fue hace cinco años, y consiguió grabar la experiencia en un vídeo que, tras el 11-S, consideró mejor no editar: «Ser tamil en Sri Lanka supone no tener derechos ni vida. Los soldados del Gobierno violan a las mujeres a plena luz del día y todo el mundo agacha la cabeza. No paré de llorar hasta que regresé a Londres».

Lo que sí ha hecho ha sido incluir en su web sendos links a la página de la TRO (la única ONG que opera en el norte de la isla y que también se encarga de que las ayudas internacionales por el desastre del tsunami surasiático lleguen a territorio tamil) y a la de apoyo al ejército guerrillero de los Tigres de Liberación de Tamil Eelam en el que aún milita su padre que, por cierto, también perdió todas sus pertenencias por culpa de la superola. En fin, que no es extraño que el FBI la visite con regularidad -casi un centenar de veces desde el último medio año, cuando empezó a funcionar-, igual que somete a estrecho seguimiento su persona cuando Maya visita Estados Unidos (su novio y mano derecha es el célebre DJ y productor de Filadelfia Diplo). «Bueno, al fin y al cabo, soy una refugiada política», dice con sorna al respecto.


-¿Y tu padre, sabe lo que estás haciendo?

-Pues claro. Mi disco lleva su nombre [Arular es el nom de guerre de su progenitor], así que, cada vez que alguien busca información sobre él en la Red, ¡se encuentra conmigo! [carcajadas]. Creo que puedo oír como ríe…

El disco «Arular» (Beggars Banquet/ XL), de M.I.A., ya está a la venta. Su obra, en www.miauk.com