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A la palabra Ecosofía le gustaría ser un tributo a la consciencia ecológica que se está extendiendo entre un número creciente de personas. Con ella no me refiero a
una ecología más cualificada o refinada. Después de todo la revolución industrial también tenía una idea del mundo, un logos del hábitat humano, y quería utilizar la Tierra para lo mejor, es decir, para servir al Hombre, ‘el rey de la creación y señor de la Tierra’. Sin duda la ecología moderna no ha abandonado esta idea. Sólo la ha cualificado debido al amargo descubrimiento de que, si queremos continuar explotando el mundo, debemos
tratarlo mejor, más amable y respetuosamente,
para que pueda producir frutos durante un periodo más
largo. Podemos recurrir al reciclaje si es necesario, pero
la actitud básica sigue siendo la misma.
La Ecosofía representa un cambio radical en nuestra
percepción tanto de la Tierra como del Hombre -y,
debería añadir, lo Divino-. No quiere representar el
resultado de nuestro logos aplicado a nuestro oikos,
nuestra razón aplicada a nuestro mundo (eco-logía),
sino comunicar la intuición de que ni el antropocentrismo
ni el racionalismo (incluso en el mejor sentido
de la palabra) hacen justicia a nuestro problema. El oikos
no es nuestro hábitat privado; es el hogar de todos
los seres.

La palabra Ecosofía, para empezar, no denota principalmente
un genitivo objetivo: nuestra sofía, conocimiento,
o más bien sabiduría sobre la Tierra o hábitat.
No es una doctrina sobre el mundo (y sus ‘recursos’).
Denota sobre todo un genitivo subjetivo, es decir, la
sabiduría de la Tierra misma, de nuestro hábitat, de
nuestra morada, que se descubre a nosotros una vez
estamos abiertos a entenderla, a rendirnos ante el hechizo
de lo que nos está revelando. Es la sabiduría de
la Tierra, no la pericia humana.

La palabra sofía quiere recordarnos que la Ecosofía no
es ni ‘poesía’, ni mero romanticismo, ni ‘razón’ o puro
racionalismo. No es un enfoque de la realidad ‘primitivo’
o ‘prelógico’, tal como los modernos antropólogos
solían describir al Hombre Neolítico, con nociones que
poco a poco se están quedando obsoletas. Tampoco es
el fruto de una razón autónoma que está basada en sí
misma y aplica sus leyes a la Tierra. Tal vez habríamos
tenido que pasar por esos estadios, que son igualmente
visibles en nuestro antropos paleo-tecnológico. Sin
embargo el hecho es que tenemos que superar tanto
el prerracionalismo como el racionalismo, sin caer en
una modernidad postracionalista igual de parcial.
La palabra Ecosofía representa la sabiduría de la cual
no somos los patrones. Esta sabiduría proviene de la
Realidad misma. Me gustaría resumir brevemente lo
que quiero decir con Ecosofía considerando tres aspectos
principales. El primero tiene connotaciones políticas,
el segundo científicas y el tercero filosóficas.


I. Política

La Ecosofía es fundamentalmente incompatible con
cualquier tipo de ‘desarrollo’, sea tecnológico, suave,
sostenible o exclusivamente humano. Los arquetipos
bajo la idea de desarrollo implican una antropología que
se muestra inadecuada para tres cuartos de la población
mundial. La misma noción de desarrollo es un Caballo
de Troya que introduce ‘hombres de negocios’ que ‘convencerán’
al resto del mundo para liberar los mercados
del ‘mundo desarrollado’ porque sin ‘nosotros’ el ‘tercer
mundo’ no podría ‘desarrollarse’ y ‘moriría’.
Caer en la trampa del desarrollo ‘sostenible’ es empezar
el curso enajenador del ‘tercer’ mundo, que mejor
debería llamarse ‘mundo de dos tercios’.

Este ‘mundo de tercera clase’ en
ningún caso va a aceptar un papel secundario
en ningún tipo de ‘desarrollo’.
No es natural para la psique afroasiática
en general (excepto Japón y
los dragones asiáticos).

La idea de desarrollo contiene una
antropología de fondo que ve al
Hombre como un manojo de necesidades
potenciales que sólo requieren
el desarrollo para crear una vida feliz
y con significado. El desarrollo es el
homólogo antropológico a la teoría
de la evolución. El Hombre se desarrolla
de la misma manera en que el
Universo evoluciona. No es de extrañar
que el desarrollo lleve a una
competición despiadada para la supervivencia
del más fuerte (y hemos
perdido la ‘inocencia’ de Max Weber
para creer que es la supervivencia del
‘mejor’ -naturalmente, el WASP [blanco anglosajón
protestante]).

Esto es una prueba empírica de que hay algo fundamentalmente
incorrecto en la ideología del desarrollo.
Una vez se han roto los ritmos y vivimos en un sistema
cerrado, siendo la Tierra un sistema prácticamente
cerrado, cualquier desarrollo en un lado ocurrirá a
expensas de otro. De esta manera las consecuencias
políticas son obvias.


II. Ciencia

La Ecosofía se atreve a desafiar al mayor ídolo de
nuestro siglo: la ciencia moderna. Mi afirmación general,
que he expuesto una y otra vez, es que la ciencia
moderna es perversa (no en sentido moral, obviamente).
Ha pervertido el mismo nombre de ‘Ciencia’,
que significaba Scientia -identificación, comunión
liberadora con lo conocido-. Tradicionalmente el conocimiento
representaba el poder de identificarse con
algo, de asimilar algo. Implicaba la triple actividad
por la cual el Hombre es un ser humano: saber, querer
y actuar; es decir, discernir, elegir correctamente y
ponerlo en práctica. El conocimiento tiene un poder
salvador. La idea de sabiduría todavía conserva triple poder. La ‘ciencia’ moderna es un mero cálculo.
Por eso no necesita amor, mientras que el auténtico
conocimiento lo requiere intrínsecamente.

Además (mi segundo punto), la ‘ciencia’ moderna
necesita un método de cuantificación y experimentación, y control externo, que produce violencia
hacia la vida. Nosotros no consideramos a los seres
vivos ‘materia’ inerte e inanimada, ni siquiera para
saber cómo reaccionan y qué son; es más, yo declaro
que la materia en sí misma está viva, no precisamente
dotada de vida humana, sino de vida.
Por lo tanto cualquier perspectiva mecanicista de
la materia es metodológicamente defectuosa.
En tercer lugar, la ‘ciencia’ moderna asume ciertas
nociones sobre materia, energía, vida, espacio y
tiempo que están en desacuerdo con culturas afroasiáticas
y que son ajenas a los enraizados arquetipos
de los pueblos de aquellos continentes, que no
van a ser creativos dentro de ese marco extranjero.

Si la tecnociencia es sólo una especialidad de
la que podemos prescindir, deberíamos hacerlo, viendo adonde nos lleva. Si se ha convertido en
una especialidad indispensable, estamos a la merced
de esos especialistas, los grandes señores de
nuestros tiempos. Aquí descubrimos un horrible
síndrome de la civilización científica: simplemente
continúa el dominio centenario de una casta privilegiada
sobre el resto de humanos. Y ello con dos
factores agravantes: primero, las sociedades tradicionales
reconocían un orden jerárquico y por lo
tanto se creía que el poder de la elite tenía una
aprobación divina -lo cual le daba un carácter menos
caprichoso (los reyes, sacerdotes, brahmanes y
similares tenían que respetar cierto orden dado y
reconocido)-. Segundo, la fuerza de la casta científica
hoy en día ha acumulado un poder sobre la
vida y la muerte inmensamente superior al de cualquier
otra casta de cualquier periodo que registra
la memoria humana.

La Ecosofía resuelve el intratable problema de nuestro
enredo ‘científico’ convirtiendo en superfluos
o irrelevantes la mayoría de los esfuerzos científicos.
Si la vida vivida al máximo significa conocer
y compartir de una manera humana la sabiduría
de la Tierra, los misterios de lo real, para permitir
al Hombre una plena participación en la aventura
de la Realidad, no necesitamos la mayor parte
de los datos y habilidades que la ciencia moderna
nos mete en nuestros cerebros y corazones. Aquí
no es cuestión de reprimir la curiosidad espiritual
o de rechazar los métodos científicos. Es cuestión
de perder interés en esas habilidades, sin revertir,
naturalmente, en oscurantismos obsoletos y en visiones
indiferenciadas. El reto es enorme, pero la
situación requiere que lo intentemos.

III Filosofía

La Ecosofía todavía tiene otra semilla revolucionaria:
dinamita la creencia en el progreso junto con el subyacente
mito de la historia. Esto va en consonancia con
la noción misma de desarrollo y ciencia ‘moderna’. La
Ecosofía pone en duda la epistemología dualística de
sujeto/objeto y cualquier filosofía objetivable.
Una pregunta principal surge del hecho de que la ‘ciencia’
moderna sólo puede operar con tiempo lineal, es
decir, con tiempo relacionado con el movimiento de
cuerpos desplazándose a algún sitio. La ‘ciencia’ moderna
se enorgullece cuando descubre una dirección,
un objetivo en el tiempo y eventualmente un momento
inicial en el ‘big bang’ y un punto omega en todos
los asuntos temporales -personales o cosmológicos-.

Debido a la razón sociológica del espectacular triunfo
de la ‘ciencia’ moderna, este tiempo científico se ha
convertido en el paradigma prácticamente universal
del tiempo. O sea que, poco más poco menos, estamos
en constante movimiento mientras corremos -o
caminamos- hacia un futuro. Naturalmente, hay posibilidad
de regresiones, pero el paradigma es vivir para
el futuro. El presente sólo es un estadio intermedio, una
preparación para más tarde, sea cuando seamos adultos,
santos, hayamos sido salvados o hayamos preparado
el terreno para nuestros hijos o para el futuro de
la familia, clan, país, ciencia, humanidad o el cosmos.

Como dice el Vedanta: somos peregrinos, y peregrinos
sedientos mientras no nos demos cuenta de que no hay
peregrinación porque el ‘objetivo’ ya está aquí y ahora.
Relacionada con esto está nuestra segunda imagen: el
progreso. La historia es el lecho del río temporal donde
los eventos ocurren fluyendo en una dirección hacia
un mar escatológico -de Divinidad, Vacío, Realización
o lo que sea-. El punto Omega, con O mayúscula
cuando se refiere al cosmos, o en minúscula cuando
se trata de vidas individuales, parece dominar todas
las vidas. ¡Todos corremos hacia el éxito!, pudiendo
utilizar cualquier nombre, degradante o sublime, para
¿Cuál es el significado de la vida para la inmensa mayoría
que no ‘logra’ dicho éxito? ¿Para aquellos que
no sobreviven, para los pisoteados, los explotados, los
pobres? ¡No sólo en tiempo de guerra tenemos la ley
de los vencedores! Para la mayoría de las gentes de
la Tierra (los aborígenes, los esclavos, los desterrados,
los hambrientos, los enfermos, los oprimidos, demasiado
a menudo las mujeres) la verdadera esperanza
no puede ser del futuro; tiene que ser de lo invisible,
de otra dimensión que haga que valga la pena vivir
la vida incluso si vivo durante sólo cinco años o bajo
explotación. Hacer de la necesidad una virtud puede
no ser sociológicamente recomendable, pero para la
gente oprimida es la única oportunidad de mantener su
dignidad humana. Decididamente no es un vicio.
La Ecosofía es la sabiduría de la Tierra, la Morada del
Hombre, su Hábitat, su cuerpo exterior, su espacio comunitario
y de vida, su hogar.

*Artículo cedido por Raimon
Panikkar para su publicación
en este medio (athanor). Constituye una
traducción del original inglés,
publicado en The New Gaia,
Winter 1995, Volume 4.

One thought on “Ecosofía”
  1. Ecosofía
    Molt interessant.
    M’agradaria aconseguir un exemplar del llibre Ecosofia, pero esta descatalogat…
    Teniu idea d’on el puc trobar?

    Gracies

    Marti

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