
En un movimiento social tan masivo y repentino, de millones de manifestantes, evidentemente se dan circunstancias de todos los colores, pero esta movilización concreta de tantas personas está destacando tanto por su carácter eminentemente sin violencia como por –en general- la ausencia de represión sistemática. Si en un principio el régimen reprimió y de ahí las decenas de muertos, uno de los efectos de que haya predominado en general la ausencia de violencia entre los manifestantes es que ésta, como primer fruto, ha traído la decisión y anuncio del ejército de no disparar sobre el pueblo.
Frente a quienes piensan que un gobierno tiránico o un sistema económico injusto solo puede ser doblegado acumulando una capacidad de violencia y destrucción que logre doblar el brazo de la violencia militar y policial que defiende a aquél, este caso, como muchos otros antes, deja claro que la clave de la victoria popular ante la tiranía no está en la violencia superior, sino en la unión para desobedecer la injusticia. Ante un pueblo unido y determinado a no seguir obedeciendo lo injusto, incluso las instituciones más violentas como el ejército y la policía (que no olvidemos, están conformadas también por seres humanos, por miembros del pueblo en definitiva) acaban tomando conciencia y dejando de defender al tirano.
No se sabe cómo acabará todo e, incluso aunque finalice con el abandono definitivo de Mubarak, es posible que los actuales gobernantes dictatoriales de Egipto, como los de Túnez, sean reemplazados por una nueva élite que siga controlando el estado manteniendo al pueblo alejado del poder. Es posible que el nuevo régimen tenga constitución y partidos políticos y se parezca en todo al que tenemos por aquí. Pero eso no habrá acabado con la tiranía. Tal sistema político tampoco será democrático puesto que el pueblo seguirá lejos de poder, gobernado por una élite organizada en torno a partidos políticos, grandes empresas y controladora de todos los aparatos de propaganda y adoctrinamiento del régimen. Como aquí exactamente.
En cualquier caso podemos aprender la lección ética y táctica que nos está ofreciendo el pueblo egipcio con su apuesta espontánea por los medios noviolentos para desalojar del poder al actual dictador.
Nota de Tortuga.
Crisis en Egipto
Egipto pide de forma pacífica la renuncia de Mubarak
Cerca de un millón de personas han marchado por las calles de El Cairo para exigir libertad y democracia.
EFE / EL CAIRO – AGUSTÍN DE GRACIA
Quizás no haya alcanzado la meta del millón de personas que se habían propuesto los organizadores, pero la protesta pública que se desarrolló hoy en el centro de El Cairo contra el régimen de Hosni Mubarak ha sido multitudinaria, diversa y, sobre todo, unánime.
«¡Que se vaya, que se vaya!», gritaban continuamente más de cien mil personas reunidas en la plaza Tahrir de El Cairo, según fuentes de los servicios de seguridad, o cerca de dos millones, según los organizadores, cálculo este último muy superior de lo que pudo comprobar Efe.
La manifestación, apodada la «marcha del millón» de personas, representa un momento clave en el pulso entre Mubarak y los egipcios que se oponen a su régimen, que se prolonga desde hace treinta años y que, según los analistas, puede estar viviendo sus últimas horas.
Los organizadores pretendían que la protesta de hoy se convirtiera en una fiesta, con música y espectáculos. Sólo se oyeron algunos tambores, pero para dar ritmo a los lemas que continuamente se repetían.
«¡Fuera!», «¡Basta ya!», «¡Vete de aquí!», eran los lemas más coreados, en una protesta con múltiples voces, sin una única tribuna, con gritos que se oían por todos los lados.
Según se recorría la plaza se escuchaban los lemas que coreaba alguien que llevaba un megáfono. En otros lugares era sencillamente un manifestante subido a una farola, en otras sobre una caseta. Los hombres coreaban lemas de mujeres, y viceversa. El clamor sólo era interrumpido en algunos sectores cuando llegaba la hora de las oraciones.
Disciplinadamente, filas de hombres y algunas mujeres se colocaban mirando a La Meca para cumplir con el rito, arrodillándose sobre papeles de periódicos o las pancartas que llevaban, rodeados de manifestantes. Y cuando terminaban, de nuevo a gritar.
«Esperamos de la oposición y de los militares que si el presidente no escucha lo que todo el mundo dice, que al menos los militares lo escuchen y lo echen del poder», dijo a Efe un joven, Walid Audi, en castellano, pues había estudiado en España. «Es una manifestación pacífica y todo el pueblo egipcio lo que pide es una sola cosa, que el presidente se vaya», insistió.
La protesta sólo estuvo organizada a la entrada. Había tres controles sucesivos, dos de ellos compartidos por convocantes de la protesta y militares, situados los unos junto a los otros, que controlaban la identidad y chequeaban el cuerpo en busca de armas.
«El pueblo demanda el derrocamiento del régimen», decía la pancarta mayor, en inglés, sujetada desde dos farolas en plena plaza. También pudo verse un manifestante que portaba una cartulina con el perfil de un burro y, como cabeza, una foto de Mubarak.
Había jóvenes y viejos. Dentro de la plaza podían verse sacerdotes cristianos y profesores de la Universidad islámica de El Azhar, la más importante del mundo suní.
Cuando llegó la hora del toque de queda, a las 15.00 hora local (13.00 GMT), la manifestación, en lugar de comenzar a perder gente, se fue nutriendo aún más con egipcios que llegaban a esa hora para compartir la experiencia.
Todo ello dentro de un gran espíritu de solidaridad. Algunos voluntarios se dedicaban a recoger basura y, como recompensa, recibían de vez en cuando un abrazo de agradecimiento. También se veía a gente repartiendo agua, galletas o dátiles.
La muchedumbre seguía en la plaza Tahrir según se acercaba la noche, con pocas intenciones de abandonar ese lugar, cuya conquista ha llevado muchas jornadas de protestas y ha causado la muerte de decenas de personas en distintos enfrentamientos anteriores con la policía. «Si Mubarak no se va, tampoco nos iremos nosotros de aquí», prometió Hosan Ahmed, uno de los manifestantes.
Diario Información
Violencia en las calles de El Cairo
Sobre lo dicho en la introducción del artículo: En las noticias de hoy se da cuenta de enfrentamientos violentos en las calles de El Cairo. No lo son contra policía o ejército, sino entre defensores y críticos de Mubarak. Efectivamente el poder estatal de Egipto, apoyado por Occidente (vaya problema para la región si el poderoso vecino de Israel cae en manos islamistas…) intenta jugar sus bazas en este contexto de movilizaciones pacíficas. En lugar de enviar a policía y ejército a reprimir a saco con inciertos resultados ha optado por una fórmula más disimulada. Saca a la calle a sus partidarios y los conduce violentamente contra la mayoría pacífica a ver si el enfrentamiento desemboca en el caos violento que posibilite –ahora sí- la actuación de la policía y el ejército para devolver “el orden” a las calles.
Todos los regímenes actuales –incluso los de países como el estado español- han jugado la carta de hacerse con un colchón mayor o menor de gente que, o bien porque son clientes beneficiarios directos del poder, o bien porque son víctimas de décadas de adoctrinamiento patriotero masivo, están a favor de que nada cambie. Mubarak ha tirado de esta gente a la que ha sacado virulentamente a la calle con la consigna de que el régimen representa el orden y la oposición el caos y la inestabilidad. Alguna gente ha sucumbido al desafío y las calles de El Cairo se han salpicado de pequeñas escaramuzas entre manifestantes ante los ojos impasibles –por el momento- de los militares.
Que la gran mayoría logre mantenerse en la actuación noviolenta y que no entre en el trapo rojo que el poder, utilizando a sus partidarios, utiliza para conducir la protesta al terreno de la violencia, fácilmente controlable por él, será determinante para el resultado en uno o en otro sentido de esta crisis.
Pro Mubarak
¿Quiénes son los pro-Mubarak?
Cientos de individuos armados y en formación en enfrentan en las calles a los manifestantes contrarios al régimen egipcio
EL PAÍS – Madrid – 02/02/2011
Armados con garrotes, navajas y machetes. Vestidos de civil como el resto de egipcios que patean las calles. En formación, físicamente dispuestos, ordenados y con un objetivo claro: el choque con los manifestantes que claman contra el Gobierno egipcio de Hosni Mubarak. Grosso modo y caos informativo mediante, así son los miles de hombres que han puesto la cara -aparentemente- en favor del régimen y contra la presencia en las calles de las ciudades de El Cairo y Alenjandría de las miles de personas que desde hace nueve días piden que se vayan todos y, el primero, Mubarak. El líder opositor Mohamed el Baradei ha responsabilizado directamente al Gobierno de urdir la arremetida de estos grupos contra los acampados. «Es otra síntoma», ha dicho en la BBC, «de un régimen criminal que lleva a caboactos criminales».
Recuerdan a las maneras utilizadas por la policía durante las primeras horas de manifestaciones la pasada semana. Pero resulta todavía difícil asegurar que cada uno de los partidarios del régimen que desde anoche se han ido desplegando por El Cairo son agentes de seguridad. La represión inicial del cuerpo de la Policía llevó a encerrar en el cuartel a los agentes y sacar los tanques a la calle en una suerte de táctica de contención ante la presencia creciente de egipcios en torno a la plaza Tahrir de la capital. No obstante, testigos de los primeros episodios de pillaje acontencidos en el quinto día de rebelión aseguraron que los policías, ya de paisano, se mezclaron entre ladrones y maleantes.
A caballo y camello, llegados también en autobuses, los grupos pro-Mubarak han desatado un violenta batalla campal alrededor de Tahrir que a primera hora de la tarde alimentaba un balance de al menos un muerto y 500 heridos. Según el relato de la periodista de EL PAÍS en El Cairo Nuria Tesón , igual que la marcha durante estos nueve días de los manifestantes, gente a todas luces que se puede calificar como «normal», ha seguido el ritmo de la improvisación en torno a un ambiente de protesta en el centro de El Cairo, los grupos pro-Mubarak han aterrizado en la zona armados y en columnas con un plan aparentemente premeditado.
«Los matones de Mubarak comparten los mismos puntos de encuentro, signos y hostilidad hacia los periodistas» ha comentado en esta línea el corresponsal de The New York Times Nick Kristof a través de su Twitter. «Es una ofensiva organizada». El reportero británico Peter Beaumont va un poco más allá, según recoge The Guardian: «No tengo ninguna duda de que son policías» afirma el periodista en un audio. «Son los mismos que salieron la semana pasada. Se han infiltrado de nuevo».
La periodista Jane Dutton, del canal catarí Al Yazira, ha asegurado haber visto a agentes de seguridad entre los pro-Mubarak, una afirmación que comparten las organizaciones pro derechos humanos Human Rights Watch y Amnistía Internacional.