Juan José Colomer Grau

Kaos en la Red

Con los recientes ataques a la deuda soberana el estado español e italiano, en la que se han superado los 400 puntos básicos, que ha desatado el enésimo pánico bursátil y de los que nos enteramos básicamente por los grandes medios de desinformación, ya sea en papel o en formato digital, cabe destacar dos aspectos:

Por una parte parece que los ataques son realizados por agentes patógenos, contra los cuales no hay nada que hacer salvo rezar para que dejen de atacar. Asimismo, asistimos a una serie de fluctuaciones, unas veces provechosas otras no tanto, que parecen no obedecer sino a la lógica de las catástrofes naturales, en la cual el que tu casa quede destruida o no depende tan solo de un metro de distancia. En este sentido, hay como una especie de consenso en el que el capricho de las entidades financieras, en tanto que agentes patógenos, actúan más allá del bien y del mal, y conforman la fatalidad del ser humano capitalista. Están ahí, viven con nosotros, hay que aceptarlos.

Por otra parte, en este desamparo consensuado, parece que solo hay un punto que se alcanzará o no y que determina el alcance del ataque, y que no es sino el archiconocido y temido rescate, el cual significa asumir una deuda mayor para saldar la deuda contraída con el agente patógeno o en su defecto éste siga comprando más deuda soberana con garantías de cobro. Rescate, cabe recordar también, que viene condicionado por draconianos recortes sociales

Así, en los medios de desinformación solo se da a conocer un escenario que se centra única y exclusivamente en si la expectativa del ataque acaba en rescate o no, sin que haya o parezca que haya otra respuesta que la de “virgencita virgencita que me quede como estoy”. Bien es cierto que hay momentos en que se hacen llamamientos para acabar o más bien restringir la acción de los agentes patógenos. Ahora bien, ¿por qué estos llamamientos (y tras la experiencias griegas, portuguesas e irlandesas) siempre han acabado hasta el momento en una reunión para acordar los términos del rescate?

En este escenario de pasividad ante la fatalidad, en la que por ejemplo hemos visto al presidente del estado español convocar a su equipo económico para realizar un seguimiento de los movimientos porcentuales de la prima de riesgo y sus efectos sobre los mercados financieros, se constituye una política de manos atadas, que si bien a veces cacarea lo injustificado del ataque, se ve totalmente restringida a una observancia de los movimientos financieros y los posteriores efectos del desastre.

En este escenario oficializado por los grandes medios de desinformación, en el que los sujetos activos de los ataques son asimilados como agentes patógenos que nos dejan a todos y todas a expensas de la fatalidad, nos es lícito preguntar qué podemos esperar de la consecuente política de la pasividad, en la que nos encontramos, por ejemplo, a todo un presidente del gobierno restringido a realizar un seguimiento y después pedir ayuda para tapar los agujeros creados por el temporal. Una ayuda, por otra parte, condicionada a una serie de recortes sociales que condenan a millones de personas a la miseria. Asimismo, la consideración de dichos sujetos activos como agentes patógenos, acentúa su impunidad, lo cual nos lleva a preguntarnos si puede quedar impune el dominio brutal que una minoría de sujetos ejerce sobre una mayoría.

Dado que la respuesta es que no se puede esperar nada, pese a las tímidas reclamaciones de lo injusto del ataque, y dado también que la impunidad es más propia de la barbarie y de condiciones de esclavitud, se hace necesario abandonar este escenario, en la medida en que el agente patógeno amenaza bienestares y vidas (no hay que olvidar que la hambruna de Somalia es otra de las consecuencias de los mercadeos especulativos sobre los alimentos básicos).

Y al igual que la historia de la medicina es la historia de sus remedios y curaciones, no debemos olvidar que estos fueron frutos de la acción y no de una mera espera del milagro irracional que viene de afuera. Así, contra ese clima de pasividad, especialmente de la clase política, la acción contra el agente patógeno pasa por volver al primer momento político de la acción y que no es sino el pueblo, los pueblos, en la calle, a los que, por otra parte, les va la vida en ello.