
Madrid
Amenazaba a sus compañeros con agredir a sus familias si cuestionaban sus actos
Diana Valdecantos
Madrid- No dudaba en soltar un «sé donde viven tus hijos» al primero que insinuase que no le gustaba lo que se traía entre manos. A Carlos se le conocía en la comisaría de Móstoles como «El armario» y su comportamiento no distaba mucho del de cualquier gángster.
Este inspector que ejercía de Jefe de Grupo de Estupefacientes llevaba cuatro años en la Policía Nacional del municipio madrileño, pero ya había hecho de las suyas en la ciudad condal con expedientes abiertos de por medio.
Fuentes policiales cuentan que no era ningún secreto que «El armario» trapicheaba, incluso el comisario que estuvo hasta marzo destinado en Móstoles se olía algo. El problema, como con cualquier delincuente, eran las pruebas. No bastaba con que la cantidad de droga incautada en una intervención no cuadrase después con la almacenada, había que pillarle «in fraganti». Tras dos años y medio la investigación de Asuntos Internos ha dado sus frutos.
Hacía un par de meses que «El armario» planeaba abrir un bar en la Plaza de Villafontana, pero a última hora los socios capitalistas se empezaron a pensar los flecos de la operación. No porque no se fiasen de Carlos sino más de bien de sus socios, de nacionalidad marroquí.
Sin embargo, sí había un lugar de copas donde «El armario» se movía como pez en el agua era en el Salsabor, sito en la calle Badajoz del pueblo madrileño, donde muchos recordaban ante las preguntas de los agentes que investigan el caso que «había un poli que vendía coca». Además, como adelantó M2, Carlos no sólo se dedicaba la narcotráfico. Utilizaba sus influencias para avisar a los dueños de los bares de copas de posibles redadas. Una información que se facilitaba previo pago y extorsión.
Lo cierto es que el pasado día 10 de octubre, pasadas las doce del mediodía, cambió la suerte de «El armario». Cuando salía de declarar en un juicio fue arrestado sin ninguna sustancia encima.
Tras cinco horas de declaración ante el juez de guardia entró en el madrileño centro penitenciario de Alcalá Meco. Los registros que se desencadenaron tras su detención (en su bar y en casa de su cuñada) sí que dieron sus frutos. Allí se encontraron pruebas y pequeñas cantidades de estupefacientes que evidenciaban los asuntos turbios que movía «El armario».
La clave, un testigo protegido
Un par de días antes del arresto de Carlos, los agentes detuvieron a uno de sus compinches. La declaración de este testigo protegido es la que ha conseguido quitarle la careta a «El armario» y sigue siendo crucial dentro de la investigación. Junto con él, otras tres personas fueron detenidas por su implicación en los hechos.
Estas actuaciones tiran por tierra el último plan que tenía previsto Carlos: abrir una especie de prostíbulo.
No es la primera vez que Asuntos Internos tiene que actuar en la comisaría Móstoles. Con «El armario» son ya cinco los agentes detenidos que trabajaban en esas dependencias policiales. En 2006 fueron arrestados dos agentes implicados en una trama de tráfico de drogas y explosivos. Dos años antes, en 2004, un inspector y un agente fueron detenidos acusados de falsificar órdenes de registro para robar en esas viviendas una vez dentro. En la actualidad, no hay comisario en Móstoles.