
Hubo una vez un cabritillo que, harto de no tener empleo ni sueldo, y harto de hacer el tonto en las colas de la oficina de empleo, se fue al ejército de soldado profesional a seguir haciendo el tonto, pero cobrando un sueldo medio regular.
Una vez en la legión, deseaba con toda su alma cinco cosas:
Primero, que no hubiera guerras. Segundo, que, si había guerras, que fueran de otros y él no tuviera que ir. Tercero, que, si tenía que ir, que fuera a poner paz (o sea, a que se mataran con un poco de orden) y que él no tuviera que disparar. Cuarto, que si tenía que disparar, que no le diera a nadie. Y quinto, que si le daba a alguien, que fuera en un pie.
Y al cabo del tiempo, resultó que hubo una guerra que era de otros, pero él tuvo que ir a poner paz (o sea, a que se mataran con un poco de orden) y, en el fregado que son en las guerras las misiones humanitarias, al final tuvo que disparar, y al que le dio, le dio no en el pie, sino entre las cejas. Y ya no le pareció tan bien el ejército ni su sueldo, aunque era medio regular, y deseaba poder estar haciendo el tonto en las colas de la oficina de empleo. Pero ya era un poco tarde.
Extraído ya hace unos años de “Veintitantas fábulas un poco insumisas”, de la Coordinadora Antimilitarista de Cartagena. (Lo hemos retocado un poquitín para actualizarlo).
El cabritillo y los cinco deseos
Buena fabula
i bueno usar al cabritillo
que en nuestras culturas la cabra i e castrón no quedan mui bien como cuando lo quemamos en el antroido o carnaval, ben todo o voso traballo
unha aperta
pipas