
Hace tres semanas, los rebeldes libios se encontraban en la peor situación posible. El líder de su mando militar, Abdel Fatah Younis, fue asesinado en un confuso incidente después de ser detenido para que compareciera ante un tribunal para dar cuentas sobre sus supuestos contactos con el régimen de Gadafi. Younis había sido un estrecho aliado del dictador durante décadas, lo que hacía pensar en una venganza. «Vacío de poder» fue una expresión muy utilizada.
Ahora el régimen de Gadafi ya es historia. En poco más de 48 horas, los milicianos de la zona occidental, los que más expuestos estaban a los ataques del régimen, se han presentado en el centro de Trípoli poniendo fin (eso es lo que parece a esta hora) a una dictadura de 42 años. Se supone que Gadafi sigue atrincherado en su búnker de Bab Al-Aziziyah. Sin resistencia apreciable de sus partidarios, no puede ya negociar su salida del país a cambio de la rendición, en el caso de que haya alguno que quiera acogerlo. Es una bala en la cabeza o un juicio humillante con probable pena de muerte. La decisión definitiva está en su mano.
Hay tres factores que podrían explicar este rápido desenlace. En primer lugar, la toma de Zawiyah, y esta vez sin que el contraataque del Gobierno pudiera revertir la situación. Los combatientes de la zona de las montañas de Nafusa (con una importante población bereber) consiguieron levantar el cerco al que estaban sometidos, controlar Zawiyah y alcanzar la capital. Por otro lado, varios centenares de milicianos de Misurata llegaron este fin de semana por mar a la zona de Trípoli, quizá con ayuda de unidades navales de la OTAN.
En ambos casos, hay un factor relevante. Nada de lo que ocurría en la zona occidental del país tenía que ver con el consejo de Bengasi, el Gobierno provisional montado por la oposición y reconocido por varios países extranjeros. Ese es uno de los elementos impredecibles para las próximas semanas. Los rebeldes del este de Libia deben comprender que la victoria ha sido posible gracias a los rebeldes del oeste. En un país sin partidos ni movimientos políticos organizados, será difícil poner en práctica eso que llaman el reparto del poder.
Por último, las defensas de Trípoli desaparecieron de improviso. El mando militar libio prácticamente entregó la ciudad a los rebeldes. Hay que dar por hecho que estaban muy debilitados por los ataques de las fuerzas aéreas de la OTAN, pero incluso así la rapidez de su derrota es llamativa. Al igual que en el caso de la invasión de Irak, los generales decidieron en el último momento que no iban a dar su vida por el dictador.
La gran paradoja es que la mayoría de los comentarios aparecidos en la prensa británica y norteamericana en los últimos diez días resaltaban que la situación estaba empantanada, que los rebeldes no podían por sí solos derrocar a Gadafi y que la OTAN no estaba en condiciones de cambiar las cosas. Se habían acabado los artículos optimistas de hace unos meses en los que se decía que los días de Gadafi estaban contados.
El asesinato de Younis y la parálisis consiguiente en Bengasi habían cambiado el sesgo de las opiniones. El pasado miércoles, The Times publicaba un artículo titulado: Rebel victory ‘is worst outcome’. Varias fuentes diplomáticas y de la OTAN resaltaban la poca esperanza que tenían en la oposición, es decir, el consejo de Bengasi, para dirigir el país: «Esta es la frase que se utiliza en estos momentos en la OTAN, la idea de que estamos ante la posibilidad de un éxito catastrófico en Libia», decía una de ellas. «E incluso si no es una catástrofe, será un éxito caótico porque la oposición no está preparada para gobernar y habrá un vacío si Gadafi deja el poder».
Las fuentes comentaban que el asesinato de Younis había dejado patente que no existía una estructura de poder definida en el consejo de Bengasi, ni siquiera un simulacro de Gobierno. El artículo también citaba al embajador de los rebeldes en París, convencido de que conseguirían la victoria antes del fin del Ramadán, 31 de agosto (alegatos parecidos en el pasado habían quedado desmentidos por los hechos), y a un dirigente rebelde de la zona occidental (esto es importante) que decía que el consejo de Bengasi estaba lleno de incompetentes. Además, seguía, antes de unas futuras elecciones, ese consejo debería incluir a muchos representantes de la zona occidental si quería seguir siendo representativo.
Ahora con la victoria tocará volver al optimismo, pero las dudas sobre el futuro inmediato de Libia continúan en el mismo punto. Los gobiernos occidentales se felicitarán por el desenlace pero la verdad es que no tienen ni idea sobre quién está al mando y quién tiene más posibilidades de hacerse con el control del país. El único consuelo es que Libia no cuenta con una posición estratégica tan importante como la de Egipto. Pronto descubriremos que ése es un consuelo realmente pequeño.
Está claro que los rebeldes no habrían conseguido su objetivo sin la ayuda de la OTAN. El análisis de su poder militar puede arrojar conclusiones contradictorias. La Alianza Atlántica dice que sus aviones han realizado 19.751 salidas desde el inicio de las operaciones el 31 de marzo, lo que es un número considerable. Pero de ellas, 7.459 son «salidas de ataque», lo que no quiere decir que en todas se terminara produciendo el ataque.
Por ejemplo, el sábado se realizaron 36 «salidas de ataque». Entre los objetivos alcanzados y destruidos, dos vehículos armados, dos vehículos blindados y dos lanzaderas de cohetes. No parece un botín muy impresionante en uno de los últimos días de combates.
Quedémonos de momento con lo básico. Es otra dictadura que cae en el mundo árabe. No será la última.
http://www.guerraeterna.com/archives/2011/08/el_fin_de_gadaf.html
Editorial de Totuga (marzo 2011): El ataque a Libia en seis actos y un epílogo
Los rebeldes llegan al centro de Trípoli y combaten en torno a la residencia de Gadafi
Los combates entre grupos rebeldes y leales a Gadafi se extienden por varios barrios de la capital libia.- Intensos choques en los alrededores del bastión del líder libio.- La OTAN asegura que el régimen se desmorona.
AGENCIAS – Zauiya
Los rebeldes han entrado en el corazón de Trípoli y ya controlan buena parte de la capital libia. Miles de personas han celebrado su llegada en diversos barrios y la céntrica Plaza Verde de la ciudad. Tras la intensa lucha de esta madrugada, los combates continúan sobre todo en torno a la residencia del líder libio, Muamar el Gadafi.
Acorralada está también la familia del dictador. Saif el Islam, uno de los hijos de Gadafi, sobre el que pesa una orden de detención por parte de la Corte Penal Internacional, ha sido detenido por los rebeldes, ha confirmado hoy el tribunal. La Haya negocia en estos momentos con el gobierno de transición libio la extradición de Saif el Islam, informa Isabel Ferrer. Saadi y Mohamed, otros dos hijos del líder libio, también se encuentran detenidos, según la cadena de televisión catarí Al Yazira.
Se desconoce, sin embargo, el paradero de Muamar el Gadafi. Fuentes diplomáticas han asegurado a France Presse que el dictador libio se encuentra en su residencia, acorralada por los rebeldes. Los últimos dos días, sin embargo, se han multiplicado los rumores sobre una posible fuga del dictador. Algunos medios árabes habían apuntado que Sudáfrica podría facilitar la salida del líder libio. La ministra de Exteriores sudafricana, Maite Nkoana-Mashabane, no obstante, ha desmentido el envío de aviones de Sudáfrica a Libia para ofrecer una salida a Gadafi y ha asegurado desconocer dónde se encuentra el líder libio. La Unión Africana también ha dicho que no tiene planes de llevar a Gadafi al exilio.
Última ofensiva
Conquistada la estratégica ciudad de Zauiya, 50 kilómetros al oeste de Trípoli y sede de una de las principales refinerías de Libia, decenas de insurrectos marcharon en sus camionetas hacia Trípoli, el bastión de Gadafi, donde esta madrugada se han registrado intensos combates. El líder libio se ha dirigido dos veces a la nación mediante grabaciones de voz en televisión. Su mensaje: resistirá hasta el final. «Temo que Trípoli va a arder», afirmó ayer Gadafi.
Los rebeldes están convencidos de que se trata de la última ofensiva para derrocar al dictador, seis meses después del inicio de la revuelta. Musa Ibrahim, portavoz del Gobierno, admitía ayer por la tarde que grupos de rebeldes habían entrado en Trípoli. Las agencias informaban de que los tiroteos habían alcanzado la zona donde está el hotel que alberga a los periodistas extranjeros. «La ciudad está bien defendida por miles de soldados profesionales y voluntarios. Todo está bajo control», aseguraba Ibrahim, quien añadió que miles de hombres y mujeres han recibido armas para combatir a los rebeldes.
Un portavoz del régimen libio indicó ayer, sin embargo, que habían muerto 1.667 personas y que los hospitales se encuentran desbordados.
En todo caso, Gadafi comienza a estar en una situación desesperada. A pesar de los reveses frecuentes que padecen los insurgentes, su avance se ha mostrado consistente en el oeste de Libia. En el este todavía se combate en la ciudad petrolera de Brega, que el Gobierno se resiste a abandonar porque es un enclave fundamental.
Participación de la OTAN
«El régimen de Gadafi está claramente desmoronándose. Cuanto antes Gadafi comprenda que no puede ganar la batalla contra su propia gente mejor», ha afirmado esta madrugada en un comunicado el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen.
Todos esos avances habrían resultado imposibles sin la participación de la OTAN, cuyos aviones bombardearon ayer un aeropuerto de Trípoli y ayudaron a los rebeldes en su camino hacia las puertas de la ciudad. Los insurrectos dicen que también desde Misrata -200 kilómetros al este de la capital- cientos de milicianos se dirigen por mar hacia Trípoli. A partir de ahora comenzará a comprobarse hasta qué punto Gadafi goza de respaldo entre los dos millones de tripolitanos.
Muchos analistas consideran que el crucial papel que ha jugado la OTAN en las batallas en campo abierto o en zonas despobladas perderá relevancia cuando se trate de combates en una zona urbana, como Trípoli, donde además crecerá el peligro de causar muertes de civiles inocentes.
«Estamos coordinando los ataques dentro de Trípoli y las fuerzas en las afueras de la ciudad están preparadas para entrar», apuntaba Anuar Fekini, uno de los jefes militares rebeldes. «Si llamas a cualquier móvil en Trípoli», agregó, «escucharás el bonito sonido de las balas de la libertad».
Bengasi, capital de los rebeldes en el este de Libia, ha vivido esta madrugada un ambiente de delirio. Decenas de miles de personas han salido a las calles para celebrar las noticias que llegaban desde Trípoli. Cláxones, disparos de armas automáticas y gritos sobre el final de Gadafi han ensordecido el bastión rebelde.
«Masacre imperialista»
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha denunciado que el imperialismo de Estados Unidos y sus aliados de Europa están perpetrando «una masacre» en Libia con el fin último de hacerse de las riquezas petroleras de esa nación. «Eso es lo que están haciendo en Libia: produciendo una masacre» y excusándose en que lo hacen «para salvar vidas», ha manifestado el mandatario venezolano en un discurso televisado.
Ya en esa ocasión y reiteradamente en otras, el presidente venezolano ha acusado a Estados Unidos y a sus aliados europeos de estar «enloquecidos» por los recursos naturales y de buscar un nuevo sistema de intervención con la excusa de protestas populares.
El País
El fin de Gadafi: ¿quién salvará a Libia de sus salvadores?
Enlace. Jean Bricmont y Diane Johnstone: ¿Quién salvará a Libia de sus salvadores?
Hace tres meses, cuando la cadena de televisión qataría Al Jazeera lanzó el sensacionalismo mediático sobre Libia, la izquierda organizada no dudó en adoptar una postura firme. Un par de docenas de organizaciones izquierdistas francesas y norteafricanas firmaron un llamado a una “marcha de solidaridad con el pueblo libio” en París el 26 de marzo. En un despliegue de confusión total, esas organizaciones llamaron simultáneamente al “reconocimiento del Consejo Nacional de Transición como único representante legítimo del pueblo libio” por una parte y “la protección de los residentes y migrantes extranjeros”, a quienes en realidad había que proteger de los mismos rebeldes representados por ese Consejo. Mientras apoyaban implícitamente las operaciones militares de apoyo al NTC, los grupos también llamaron a la “vigilancia” respecto a “la duplicidad de los gobiernos occidentales y de la Liga Árabe” y la posible “escalada” de esas operaciones.
A medida que aumentan las víctimas civiles de los bombardeos de la OTAN, no hay señal alguna de la prometida “vigilancia respecto a la escalada de la guerra” que se desvía de la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Los activistas que en marzo insistieron en que “tenemos que hacer algo” para detener una hipotética masacre no hacen nada actualmente por detener una masacre que no es hipotética sino real y visible, y realizada por los que “hicieron algo”.
La falacia básica de la gente izquierdista del “nosotros debemos hacer algo” yace en el significado de “nosotros”. Si querían decir literalmente “nosotros”, lo único que podían hacer era establecer alguna especie de brigadas internacionales para combatir junto a los rebeldes. Pero, claro está, a pesar de las afirmaciones de que “nosotros” debemos hacerlo “todo” para apoyar a los rebeldes, nunca se pensó en serio en una posibilidad semejante. Por lo tanto, su “nosotros” significa en la práctica las potencias occidentales, la OTAN y sobre todo EE.UU., el único con las “capacidades singulares” de librar una guerra semejante.
En una guerra civil ningún lado se preocupa primordialmente de las sutilezas de las resoluciones de la ONU o de la protección de civiles. Cada lado quiere ganar, punto y aparte, y el deseo de venganza conduce a menudo a atrocidades. Si uno “apoya” a los rebeldes, en la práctica está dando un cheque en blanco a ese bando para que haga cualquier cosas que considere necesaria para vencer. Pero también se entrega un cheque en blanco a los aliados occidentales y a la OTAN, que podrían estar menos sedientos de sangre que los rebeldes pero que tienen a su disposición medios mucho más importantes de destrucción. Y son grandes burocracias que actúan como maquinarias de supervivencia. Tienen que vencer. De otra manera tienen un problema de “credibilidad” (como los políticos que apoyaron la guerra), que podría llevar a una pérdida de financiamiento y recursos. Una vez que ha comenzado la guerra, simplemente no hay ninguna fuerza en Occidente, a falta de un movimiento resuelto contra la guerra, que pueda obligar a la OTAN a limitarse a lo que permite una resolución de la ONU. Por lo tanto, el segundo conjunto de demandas izquierdistas cae en oídos sordos. Sirven solo para probar a la propia izquierda favorable a la guerra que sus intenciones son puras.
El fin de Gadafi
Enlace: Caída de Gadaffi, un éxito catastrófico
Sin embargo, la perspectiva de una victoria cercana no ha hecho felices a muchos de quienes han trabajado por ella. El reciente asesinato de uno de los principales líderes rebeldes en circunstancias confusas, y las muestras de caos e indisciplina entre los mandos y tropas rebeldes, ha generado inquietud ante la posibilidad de que la victoria de las fuerzas opositoras se convierta en un “éxito catastrófico”.
Un diplomático occidental establecido en Bengasi, sede del insurgente Consejo Nacional de Transición (CNT), describió la toma rebelde de la capital libia, Trípoli, como “el peor escenario posible” en la situación actual, según el diario británico The Times.
“La frase que estamos usando generalmente en la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte, la alianza militar occidental a cargo de la ofensiva aérea en apoyo a las tropas de la CNT) es que nos estamos enfrentando a un éxito catastrófico en Libia”, continuó la fuente del periódico. “Y aunque no fuera catastrófico, será un éxito caótico porque la oposición no está lista para gobernar ahí y habrá un vacío si Gadafi se va”.