MEMORIA HISTÓRICA | EN TURQUÍA TODAVÍA SE INTENTA SILENCIAR Y SE CONDENA A QUIEN AFIRME SU EXISTENCIA EN PÚBLICO

En 1915, el Ejército otomano ejecutó un genocidio planeado contra el pueblo armenio. En total, se calcula que fueron exterminadas 1.500.000 personas.

Tomás Muñoz García / Madrid

25 de abril de 1915, Estambul. Taleat Pashá, ministro del Interior otomano, da la orden. Más de 500 intelectuales y ciudadanos de origen armenio destacados en las artes, las ciencias, la política o la religión son arrestados en la ciudad. Era la señal convenida para poner en marcha uno de los episodios más macabros del siglo XX. El plan de exterminio que el Partido de los Jóvenes Turcos tenía preparado para la minoría armenia echa a andar.

Tras las detenciones de las élites armenias, que serían fusiladas en los días siguientes, comenzó la sistemática agresión al pueblo. El partido en el poder no deja nada al azar. A causa de la I Guerra Mundial, había ordenado alistarse en el Ejército otomano a todos los varones de origen armenio de entre 15 y 45 años. No les dieron un fusil, sino palas. Se les ordenó que cavaran trincheras en el frente ruso, pero en realidad esos agujeros se convertirían en sus tumbas.

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Mientras tanto, en el territorio habitado por esta minoría, grupos bajo el control directo del partido comienzan a barrer el terreno de población civil. Como son tiempos de guerra, las balas son un bien preciado para el imperio, por lo que deciden utilizar otras técnicas crueles para perpetrar su matanza. Pueblo a pueblo, se realizan citaciones en las afueras para los hombres que no fueron llamados a filas. Quienes acudían eran acuchillados. En los poblados y aldeas quedaban únicamente hombres enfermos, adolescentes, mujeres, ancianos y niños. A ellos les esperaba la otra parte del plan: la deportación. Se colgó en la plaza central de cada pueblo un bando que avisaba a la población de su reubicación. Les dijeron que era para llevarlos a una zona de exclusión bélica, para protegerles de la contienda.

Deportación hacia la muerte

Sin embargo, las rutas de deportación estaban perfectamente planificadas para convertirse en mortales. Al norte, se les ahogaría en el mar Negro. Los que vivían en el centro de Anatolia serían llevados sin víveres y caminando hasta el desierto de Deir El-Zor, en la Siria actual, donde serían arrojados a los pozos naturales que posee este desierto, para luego ser quemados. Otros morían por inanición. Beatriz Hairabedian, testigo de la diáspora, cuenta cómo los niños iban muriendo por el camino de hambre, sed, peste y otras infecciones, y eran enterrados en el desierto. Fueron exterminados 1.500.000 armenios, las dos terceras partes de los armenios otomanos.

La mayoría de los supervivientes no regresaron a sus tierras, dando comienzo a una de las diásporas más importantes del mundo. La planificación de este genocidio se fraguó en 1913. Relata G. H. Guarch, en su libro El árbol armenio, cómo los Jóvenes Turcos organizaron un congreso pantúrquico en el que planificaron el crimen de Estado. Su nacionalismo exacerbado pretendía unir a los pueblos de origen turcomano. Para ello, se planificó la desaparición de las minorías de Anatolia. Los griegos, sirianos y armenios eran el obstáculo en el camino para el sueño pantúrquico de reunir bajo el mismo Estado a las zonas turcomanas del Cáucaso y la ribera oeste del Caspio.

La inquina de Estambul con su minoría armenia empezó con las guerras turco-rusas del XIX. Acusados de ayudar al invasor zarista, los armenios empezaron a ser perseguidos. Como escarmiento a su traición, el sultán fomentó las hamidiye, cuadrillas de ataque formadas por kurdos, tártaros y circasianos que tenían permiso para saquear y destruir a su antojo las pertenencias armenias. Esto provocó que la rebelión armenia se organizara en torno a un precario ejército, que no obstante consiguió detener los saqueos. Pero no consiguieron acabar con el haffir, derecho de protección que amparaba estas razzias sobre los pueblos no islámicos.

A la tragedia del genocidio se suma la tragedia de su silenciamiento. En la Turquía actual aún es más que polémico reconocer o hablar de esta auténtica limpieza étnica. El artículo 301, que pena la ofensa a lo turco, se utiliza para silenciar o condenar a las personas que en público afirmen la existencia de este asesinato masivo y organizado. Hay casos en los que se va más allá. El periodista de origen armenio Hrant Dink fue asesinado en 2007 después de ser condenado por denunciar el genocidio de forma constante. Anunció que ni se retractaba ni iba a dejar su labor de difusión, y lo pagó con la vida.

UN PUEBLO OLVIDADO

LA MAYOR DIÁSPORA DEL PLANETA Sólo una quinta parte de la población armenia vive en la república ex soviética. Se estima en ocho millones de personas dispersas por medio mundo. La diáspora oriental viene de antiguo, cuando cayó el reino medieval armenio de Cilicia (1375) a manos de los mamelucos, pero el genocidio les esparció por medio mundo. Hay comunidades en toda Europa y América, las más numerosas en Rusia, Francia, Irán y EE UU.

LA EXCEPCIONAL CULTURA ARMENIA Los armenios tienen un alfabeto propio y una extensa tradición cultural. Allá donde se juntan dos armenios, dice un dicho popular, nace una nueva Armenia. Su singular literatura, antigua y moderna, permanece prácticamente desconocida fuera de su ámbito. Hoy en día, cineastas como Atom Egoyan intentan divulgar a través de sus obras la historia y cosmovisión armenia.

EL PROBLEMA DEL NAGORNOKARABAJ Este trozo de terreno enclavado en Azerbayán reclama su independencia desde 1988. La mayor parte de la población es de origen armenio. La guerra entre el enclave y el Estado está oficialmente parada desde 1994, pero el conflicto no está resuelto. Los armenios de Azerbayán han sido víctimas de los pogromos azeríes en repetidas ocasiones, por lo que la población ha emigrado hacia otras zonas ex soviéticas.