
El buque del horror:
«El Gobierno británico convoca un concurso para crear 800 plazas de prisión en grandes barcos»
AGENCIAS
Las prisiones de medio mundo andan abarrotadas y el Reino Unido no es una excepción. Las cárceles están llenas y como el Gobierno no sabe dónde meter a tanto preso, ha decidido embarcar a unos cuantos.
No los envía a galeras, algo políticamente incorrecto, pero sí los pondrá a flote, a la espera de un alojamiento más apropiado. En pleno temporal penitenciario, el Ministerio del Interior británico ha convocando un concurso para construir 800 plazas de presidio, en grandes barcos que estarán anclados en Inglaterra y Gales. Los marineros forzosos deberán vivir en camarotes-celda, mecidos por las olas.
Petición de reforma
La idea no es nueva y no le gusta nada a los que reclaman, desde hace mucho tiempo, la reforma del sistema carcelario. «Si se usan barcos como celdas de prisión, que no cubren las necesidades de los prisioneros, muchos de ellos volverán a delinquir cuando salgan y el ministro de Interior será el responsable de esos delitos», declara el director de la Howard League, Frances Crook, una organización que defiende la reforma penal.
En su opinión, las autoridades andan siempre poniendo parches a una situación imposible, que hay que abordar en profundidad.
El último barco prisión británico, el HMP Weare, que estaba anclado en el puerto de Portland, fue clausurado el año pasado. Los inspectores de prisiones dejaron entonces muy claro que aquella nave era un lugar «inadecuado, caro y poco recomendable» para que los detenidos cumplieran su pena.
Ahora el ministro de Interior, John Reid, anda atisbando nuevos navíos, porque no se le ocurre solución mejor. «Da la sensación de que está simplemente dando tumbos de una crisis a otra», afirma Juliet Lyon, directora de la Prison Reform Trust. «Es el colmo que el ministro de Interior» –añade– salga a comprar barcos en lugar de afrontar el problema».
Hace poco, Reid mandó a 47 presos a los calabozos de la policía, para aligerar el número de internos en la cárcel. Esos envíos se pueden multiplicar en las próximas semanas, lo que evidentemente, es otro apaño. En realidad las autoridades parecen no saber muy bien qué hacer con los condenados, incluso cuando estos tienen plaza en algún centro de alta seguridad.
Tan deseosos andan de aliviar las tensiones que en ciertas prisiones, como la de Whitemoor, en el condado de Cambridge, y la de Wakefield, en el de Yorshire, a los reclusos más peligrosos se les ofrece una paga, por pasar las horas de encierro jugando o entreteniéndose de manera «constructiva».
Los trueques
Los convictos pueden lograr tabaco, tarjetas telefónicas y objetos de aseo, a cambio de aprender a tocar la guitarra, jugar al pimpón, ir al gimnasio, a la biblioteca, a clase, a ver al psicólogo o cuidar a los peces de colores de la pecera. «Por definición estos son los prisioneros más difíciles y tenemos que mantenerlos separados del resto, muy a menudo, durante largos periodos de tiempo», explica una portavoz del servicio de prisiones.
Quizá la paga y las tareas infantiles hagan la convivencia un poco más fácil, pero no soluciona la cuestión del hacinamiento. El secretario general de la Asociación de Oficiales de Prisiones, Brian Caton, ya ha indicado, con una lógica aplastante, que la única forma de remediar el problema es reducir el número de los que son enviados entre rejas.
Método de disuasión
En este sentido quizá funcione el método de la prevención disuasoria que están ensayando en Devon. Allí se están llevando de visita a la cárcel, a grupos de jóvenes, potencialmente conflictivos, para que vean que aquello no es el hotel de cinco estrellas del que habla la prensa sensacionalista.
«Ensayamos iniciativas muy diferentes para tratar de que la gente joven no se meta en el mundo de la delincuencia», comenta el sargento de la policía Adrian Gurney, uno de los responsables del proyecto. Los chicos pueden conversar con presos que han pasado hasta 20 años entrando y saliendo del talego. Según los monitores, la excursión los deja «muy impresionados» y con la firma decisión de evitar el lugar en el futuro.
Tomado de Red Aragón