Francesca Cicardi

El grupo Wagner ha reconocido su papel como ejército de mercenarios del Kremlin por primera vez hace sólo unos meses, durante la invasión rusa a gran escala de Ucrania, pero lleva años operando también en el continente africano, en particular, en Sudán, Libia, Mali, Burkina Faso y la República Centroafricana. En estos países ha sido acusado de cometer atrocidades en combate y contra la población civil.

Después de la rebelión frustrada del grupo Wagner el pasado fin de semana, el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, quiso dejar claro que los “asesores” y “contratistas militares privados” de Rusia permanecerán en la República Centroafricana y Mali. Sin embargo, este viernes Lavrov aseguró en rueda de prensa que los “contratos” firmados entre gobiernos africanos y Wagner dependen de esos gobiernos y subrayó que el Ministerio de Defensa ruso mantiene “varios centenares” de asesores militares en la República Centro Africana.

“Rusia no está dispuesta a perder su presencia e influencia en África y hará lo posible por mantener los vínculos con Wagner” en ese continente, pase lo que pase tras el motín del líder de Wagner, Yevgueni Prigozhin, explica a elDiario.es Federica Saini Fasanotti, del centro de investigación Brookings de Washington.

Esos vínculos ahora mismo pasan por Prigozhin, señala la investigadora, y por tanto, dependerán en gran parte de la suerte que él mismo corra: “Si Prigozhin sigue con vida, no tiene por qué quedarse en Bielorrusia. Podría moverse en África porque la mayor parte de sus intereses están allí ahora mismo (…) Probablemente en Sudán, en este momento tan delicado y confuso” en ese país, sumido en un conflicto armado desde mediados de abril.

Apoyo a golpistas y regímenes africanos

Saini agrega que los países donde opera Wagner necesitan a este grupo, porque son “regímenes débiles” que “no tienen el monopolio de las armas” y obtienen el respaldo de los mercenarios rusos sobre el terreno y del Kremlin ante los ojos del mundo, después de que Occidente les haya dado la espalda por sus estándares poco democráticos.

En Mali, Moscú ha legitimado a la junta militar golpista y los mercenarios de Wagner han sustituido a las tropas francesas que habían estado en el país africano luchando contra los grupos islamistas radicales.

En una operación contra supuestos yihadistas, soldados malienses y “personal militar extranjero” mataron en marzo de 2022 a unas 500 personas, muchas de ellas ejecutadas sumariamente, en la localidad de Moura, en el centro de Mali, según una investigación de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU. La ONG Human Rights Watch señaló que los combatientes extranjeros que participaron en la matanza eran rusos.

Mientras, documentos internos del Ejército maliense, a los que tuvo acceso el diario The Guardian, revelaron la presencia de miembros de Wagner —denominados “instructores rusos”— en “misiones mixtas” junto a soldados y gendarmes malienses, en las que muchos civiles fueron asesinados entre enero y abril de 2022. Una de esas misiones, en la que murieron más personas con diferencia, fue la de Moura.

En la República Centroafricana, el país con mayor presencia de Wagner, los mercenarios rusos han sido clave desde 2018 para que el presidente Faustin-Archange Touadéra se mantenga en el poder, a pesar de que apenas controle la capital de este Estado fallido. Incluso, hay fotos que apuntan a que Touadéra tiene a presuntos mercenarios rusos entre sus guardaespaldas.

Un informe publicado esta semana por The Sentry, un centro de investigación con sede en Washington, revela los abusos cometidos por el grupo ruso en el país africanos que se sitúa en el puesto 188 (de 191 países) del índice de desarrollo humano de Naciones Unidas. “Bajo la cobertura de una contraofensiva contra los grupos armados anti-Touadéra, Wagner, el presidente y su entorno cercano han cometido amplias, sistemáticas y bien planeadas campañas de asesinatos masivos, torturas y violaciones sexuales en todo el país”, según The Sentry.

Además, su informe detalla que, mientras “Touadéra y su entorno controlan las operaciones militares dentro de la capital, Bangui, Wagner ha conseguido establecer el control militar de las operaciones fuera de Bangui, bajo el lema ‘no dejes huella’, en otras palabras: ‘mata a todo el mundo, incluidas mujeres y niños’”.

Importante para una Rusia aislada

En los últimos años, Rusia ha penetrado de norte a sur y de este a oeste del continente africano gracias a los servicios que ofrece Wagner a gobiernos locales débiles o inestables, como el de la República Centroafricana, que ahora dependen tanto de esos servicios de seguridad como del suministro de armas rusas y del respaldo político del Kremlin, que ha logrado atraerlos a su órbita y alejarlos de la occidental.

“Desde 2006, hubo un nuevo acercamiento entre Rusia y África, y Putin se dio cuenta de que África era importante y es cada vez más importante, sobre todo para una Rusia aislada y que ha perdido la orilla norte del Mediterráneo”, explica a elDiario.es la investigadora sénior del Brookings. Sin embargo, nunca ha estado “en el interés de Rusia mandar a sus propias fuerzas armadas a África, porque tendrían que someterse a escrutinio y habría enfrentamientos continuos con otras tropas de (miembros de) la OTAN” presentes sobre el terreno.

La presencia de soldados occidentales, no ha impedido que Wagner haya penetrado en algunas zonas. Es el caso de Níger, donde Estados Unidos ayuda al Ejército local en la lucha antiterrorista y cuyo Gobierno es el principal receptor de ayuda estadounidense en África Occidental.

En el continente, el grupo Wagner ha cometido incluso más atrocidades de las que han salido a la luz en el conflicto de Ucrania. Esos abusos “han sido posibles porque son mercenarios y están acostumbrados a actuar así, y además, en África sabemos que los derechos humanos, de las mujeres o de los niños no están a la orden del día, por lo que (los mercenarios) se aprovechan” de ese contexto, afirma Saini. Y se muestra muy convencida de que “no pueden ser sustituidos por soldados rusos, sino por otros mercenarios”.

Otras compañías de seguridad privadas rusas operan en África, pero “no están tan organizadas como Wagner” ni pueden sustituir al grupo en estos momentos, en opinión de Saini, quien señala que “en muchos casos es una cuestión de dinero”. Rusia puede “coger a otro grupo que ya está sobre el terreno y ayudarle a pagar mejor a los mercenarios, que del grupo Wagner pasarían a este posible futuro grupo”.

Esta semana Putin ha admitido por primera vez que el Grupo Wagner está “totalmente” financiado por Rusia. En declaraciones recogidas por la agencia rusa Tass, el presidente ruso detalló que “sólo entre mayo de 2022 y mayo de 2023, el Estado pagó a la empresa [propietaria] Wagner 86.262 millones de rublos (unos 900 millones de euros) por salarios de los combatientes y pagos de incentivos”.

Los mercenarios asesoran, entrenan y combaten del lado de gobiernos africanos, pero el propio Gobierno ruso se beneficia de las concesiones que obtienen a cambio para explotar recursos naturales (oro, petróleo, diamantes, uranio, etc.), de contratos comerciales y del acceso a puntos estratégicos como puertos o bases militares. Wagner u otras compañías de seguridad privadas han actuado todo este tiempo en África sin “responsabilidades” respecto a los derechos humanos, tal y como destaca Saini en un informe de 2022 publicado por Brookings.

Los mercenarios también aportan información de inteligencia a Moscú y defienden sus intereses sin la involucración directa del Gobierno ruso, que no ha tenido que responder a la actuación de estos combatientes a sueldo, sanguinarios en muchas ocasiones. “Si Rusia hubiera querido enviar a África a sus propios soldados, lo hubiera hecho antes”, dice la investigadora italiana. “El modelo de Wagner es ganador en África, ¿para qué cambiarlo?”.

Los lucrativos negocios de Wagner

El Kremlin, de forma directa o a través de Wagner, ha tenido acceso a los recursos naturales de África en los últimos años, lo que ha ayudado a su economía, sobre todo después de que Occidente impusieran sanciones a Rusia por la anexión de Crimea en 2014. Pero el propio grupo mercenario, Prigozhin y sus empresas se han enriquecido en África, y los países donde operan necesitan de sus servicios para hacer frente a grupos rebeldes o terroristas y a otros enemigos.

Es el caso de Sudán, donde Wagner ha apoyado al líder de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), el general Mohamed Hamdan Dagalo, alias ‘Hemedti’, que desde mediados de abril se enfrenta a las tropas del Ejército sudanés para hacerse con el control absoluto del país. El propio Hemedti ha amasado dinero y poder gracias a la explotación de minas de oro.

A mediados de 2020, Washington sancionó a M Invest, una empresa de Prigozhin, por sus actividades en Sudán, “que destacan la correlación entre las operaciones paramilitares de Rusia, el apoyo para el mantenimiento de regímenes autoritarios y la explotación de recursos naturales”, según el Departamento del Tesoro. M Invest era “una cobertura” de Wagner, que había ayudado a suprimir las protestas populares contra el expresidente Omar al Bashir, que estallaron en diciembre de 2018. En 2017, M Invest había obtenido concesiones para explorar minas de oro en Sudán, bajo el mandato del dictador, de acuerdo con el Gobierno estadounidense.

Esta misma semana, Estados Unidos ha impuesto sanciones a dos empresas mineras con base en la República Centroafricana, una de ellas vinculada y otra controlada por Prigozhin. Esas empresas están involucradas en “negocios ilícitos de oro para financiar al Grupo Wagner para mantener y expandir sus fuerzas armadas, en Ucrania y en África”, dijo en un comunicado el Departamento del Tesoro. También impuso sanciones a un individuo “clave” en las operaciones de las unidades de Wagner en Mali.

“El grupo Wagner financia sus operaciones brutales, en parte, explotando los recursos naturales en países como la República Centroafricana y Mali”, denunció EEUU.

El aumento del poder económico y militar de Wagner en África va de la mano de estrategias cuestionables, tal y como ha advertido The Sentry: “Mientras Wagner continúa expandiéndose a otros países -Burkina Faso es el ejemplo más reciente y Chad su próximo objetivo en África Central-, es probable que el grupo siga empleando estrategias que han tenido éxito. El uso de la propaganda y el terror psicológico como arma de guerra se ha visto en varios países africanos en los que ha establecido su presencia, en particular, Mali y la República Centroafricana”.

El Diario


La Wagner bajo el sol africano

Guadi Calvo
Fuentes: Rebelión

Aparentemente resuelta la rebelión del Grupo Wagner del último fin de semana (Ver: Rusia, un día que no estremecerá al mundo), una de las primeras preguntas que surgieron es cuál será la suerte de la empresa de Yevgeny Prigozhin en los países africanos donde está operando. Y particularmente en Mali, donde su presencia comenzó a finales del 2021 tras el fin de la Operación Barkhane, el gran fracaso del ejército francés que después de diez años debió retirarse dejando tras de sí una estela de acusaciones que le responsabilizan de haber permitido la expansión de los grupos terroristas que decía iba a combatir. A consecuencia de ello y a los abusos cometidos por los militares franceses contra la población civil de ese país, a lo que hay que sumar la matanza de Bounty en la región de Mopti -una aldea bombardeada por la aviación francesa donde fueron masacrados unas 25 civiles en marzo del 2021- ha reverdecido con mucha fuerza, fundamentalmente en Mali, pero también en Burkina Faso, Chad y Níger, el dormido sentimiento de odio y desprecio que las excolonias profesan a su antigua metrópoli.

Quizás cinco o seis días sean muy pocos para una evaluación profunda del control de daños que se tiene que hacer tras la aventura del fin de semana de Prigozhin y sus muchachos y qué consecuencias inmediatas puede provocar en el futuro cercano en Mali y en la República Centroafricana (RCA), donde los mercenarios rusos operan desde 2018, y en Libia, donde una importante dotación de la Wagner se encuentra desplegada en el este del país asistiendo al general Khalifa Hafther, y que según los últimos informes no se habrían producido movimientos extraños.

Algunos dicen que los mercenarios de Prigozhin están teniendo presencia en la guerra civil sudanesa, pero no hay información corroborada al respecto, mientras que posiblemente se detengan las avanzadas negociaciones que tenían con las juntas militares que gobiernan Burkina Faso y Ghana. Más allá de los planes de negocios de Prigozhin habrá que profundizar la mirada en Mali, el país más comprometido por el terrorismo wahabita, que en el continente africano se ha transformado en un mal crónico que no para de crecer.

Tanto el Jamāʿat nuṣrat al-islām wal-muslimīn (Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes o JNIM), tributarios de al-Qaeda como el Estado Islámico del Gran Sáhara (ISGS), la khatiba más activa del Daesh global, no solo resistieron a las operaciones francesas, sino que incrementaron sus acciones en el norte de Mali y se expandieron a Burkina Faso generando miles de muertos y cerca de tres millones de desplazados. Y también en Tillabery, la región del este de Níger donde sus khatibas, aprovechando la porosidad de la triple frontera (Burkina Faso, Mali y Níger), operan a su antojo. Además de que estos grupos terroristas ya alcanzan a operar en las naciones del Golfo de Guinea teniendo particularmente a Togo cómo su principal objetivo en ese litoral.

Mientras Bamako, días antes del estallido del conflicto en Rusia con la Wagner, había exigido al Consejo de Seguridad de la ONU, la retirada de los 13.000 mil hombres de la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de la ONU en Malí (MINUSMA) la que para el Gobierno del país africano, encabezado por el coronel Assimi Goïta, no solo también ha fracasado tras diez años de presencia, sino que al igual que la Barkhane, según el coronel Goïta “es parte del problema y alimenta las tensiones entre las distintas comunidades del país”. Las cuales se están saldando con muertos y la destrucción de sus unidades productivas, grietas aprovechadas por los muyahidines, que están arrastrando a sus filas a los más jóvenes

Dada la gravísima situación de seguridad que viven casi todos los países del Sahel, a lo que se suma la carrera hacia el golfo de Guinea, que se articula con la de otras naciones donde el terrorismo se ha convertido en pain quotidien, en algunos casos desde hace más de una década como sucede en Nigeria o en la República Democrática del Congo (RDC) o en otros países donde se ha instalado hace pocos años, como en Mozambique, además de continuar de modo intermitente, como en Uganda, donde después de años de silencio a mediados de junio produjo un sangriento ataque a una escuela que dejó 41 muertos, la mayoría de ellos estudiantes (Ver: Uganda, la feroz máscara del terror).

Mientras tanto en otros países asolados por el terrorismo wahabita, las fuerzas extranjeras alentadas por Naciones Unidas, como en Somalia, han comenzado el proceso de retirada, la Misión de Transición de la Unión Africana en Somalia (ATMIS, por sus siglas en inglés), compuesta por efectivos de Uganda, Kenia, Djibouti, Eritrea y Egipto, acaban de entregar tres bases al ejército somalí para que éste se hagan cargo de continuar sus operaciones contra al-Shabbab, la poderosa franquicia de al-Qaeda en el Cuerno de África que ha obligado, en secreto a voces, al incremento constante de la presencia norteamericana, por ahora limitada a operaciones aéreas y de inteligencia.

La peligrosa herida que pudo haber generado la aventura de Prigozhin deberá ser curada con urgencia por Moscú, mientras el Kremlin siempre ha sostenido que la colaboración con Mali siempre ha sido de Estado a Estado y la Wagner solo han actuado como tercerizada, por lo que, adelantándose a cualquier conjetura, el canciller ruso Sergei Lavrov, en recientes declaraciones, aclaró que la rebelión de Wagner “no afectará a la relación entre Moscú y sus amigos africanos” y que el trabajo que la empresa estaba realizando en Mali y República Centroafricana de dar entrenamiento a las tropas locales se seguirá llevando a cabo.

Lavrov también aseguró que en el marco de la inestabilidad, que puede incrementarse a consecuencia de la confusa situación de la Wagner, continúan los avances para la Segunda Cumbre del Foro Económico y Humanitario Rusia-África, para la Paz, la Seguridad y el Desarrollo, que se realizará en la ciudad de San Petersburgo a finales del próximo julio.

Los muyahidines saben de qué se trata

Cómo para recordar que ni Occidente, ni Rusia pueden dar un portazo y abandonar a los coroneles de Bamako, ni a sus vecinos, para que resuelvan solos la cuestión de la guerra contra el terrorismo, el martes por la noche milicianos del ISGS asaltaron las aldeas de Gaena y Boya, en la provincia de Gao, en el norte de Mali y ejecutaron al menos a 17 personas además herir a una decena y secuestrar a otros seis aldeanos. Algunas fuentes locales atribuyen el hecho a los enfrentamientos entre el ISGS y elJNIM,

Si bien la MINUSMA solo se limitaba a brindar seguridad y asistencia sanitaria en Bamako y otros grandes centros urbanos que no suelen ser blanco de los rigoristas, la fuerza de las Naciones Unidas que se retirará en las próximas horas del país contribuía a disuadir las acciones terroristas, aunque para muchos locales la MINUSMA dejaba hacer en áreas donde no estaba comprometida la exigencia de la Junta de Transición de Malí para la retirada de estos efectivos, que se han visto envueltos en varios escándalos, el último y más resonante la detención de unos 50 militares marfileños que llegaron fuertemente armados y sin autorización al aeropuerto de Bamako bajo el amparo de la MINUSMA, lo que la inteligencia malí interpretó como un intento de desestabilización. Finalmente el escándalo, solo diplomático, se terminó saldando con tensas negociaciones entre Mali y Costa de Marfil.

El Gobierno malí se enfrenta en este momento a una extraña circunstancia, ya que todavía no se resuelve el destino de los entre 1.000 y 2.000 efectivos de la Wagner, que en Mali brindan asesoramiento y entrenamiento. Pero existe otra realidad que es más acuciante para los hombres del presidente Goïta, saber si Moscú podrá seguir suministrando municiones y piezas de repuesto para sus armas, ya que de no poder hacerlo, prácticamente la totalidad de las operaciones de las Fuerzas Armadas de Mali (FAMa) se verían significativamente afectadas, por lo menos hasta que el flujo, en manos del Grupo Wagner, pueda ser restablecido.

Por ahora nada ha cambiado bajo el sol africano, pero se sabe que esa situación puede variar en horas, según el Departamento de Estado encuentre la manera.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

Fuente: https://rebelion.org/la-wagner-bajo-el-sol-africano/

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