No sólo por una atroz sequía sino también por guerras in­testinas…

Por otro lado, un 34 por ciento de los adultos estadounidenses son obesos, el 17 por ciento de los niños son obesos también, y un 10 por ciento de los bebés están gordos y rollizos. Pero es que España no le va a la zaga. La obesidad infantil en España supera ya a la re­gistrada en Estados Unidos debido a que el ritmo de vida, los ali­mentos elaborados y la falta de ejercicio físico provocan que «los jó­venes estén más enfermos que los adultos» y tengan «más di­abetes, más hipertensión y cardiopatías». Lo dice el cirujano y di­rector del Instituto de Obesidad (IOB), el doctor Adelardo Caballero. Otro estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que el 65 por ciento de los españoles tiene sobrepeso (dos de cada tres), mientras que en 1998 rondaba el 35 por ciento.

Ahora la dieta de adelgazamiento de un nutricionista francés, Pie­rre Dukan, viene para salvarnos y hace furor entre multitud de espa­ñoles y principalmente de españolas. Están entusiasmadas, y hasta las periodistas se entregan a ella y hacen propaganda de ella en la televisión. Ya veremos qué nos dicen pasados los meses o los años sobre los resultados que esa dieta, como de otras, ha causado en su sistema endocrino. Dukan dirá, claro, que él no tiene la culpa, que su obligación profesional es proporcionar un método de adelgaza­miento rápido y vender muchos libros… Los y las que quieren adel­gazar vertiginosamente dirán que se lo pueden costear y que quie­ren estar más guapas (no hablan de estar más sanas). Y los adora­dores del capitalismo dirán que la vida (en el capitalismo) es así, que se mueran los pobres, y que aquí lo que importa es estar presenta­bles. Todos, de una manera u otra, compinchados…

¡Qué necios tiempos y qué necias poblaciones que obvian el racio­cinio asociado al instinto refrenado que aconsejan el peso ideal a base de no comer demasiado y hacer ejercicio moderado! Pero ¿qué cosas en esta sociedad alocada se libran de la necedad?

Si cuando los filósofos hablaron de “la razón” se hubieran perca­tado de que justamente de racionalidad el ser humano tiene muy poca, hubieran hecho más humildes al común de los mortales. Cuando ellos y otras corrientes del prag­matismo sitúan al humano en el centro del universo y hacen del an­tropomorfismo una escuela que empieza en el cristianismo y termina en el psicoanálisis y simila­res, hacen el ridículo. Pues ridículo es -aparte de trágico- el agravio comparativo que podemos establecer entre unas comunidades humanas que se atiborran, y otras que se mueren de hambre por causas naturales combinadas con guerras fomentadas por las otras sociedades para mejor saquear a esos po­bres paí­ses sus riquezas.porque no cuentan con ghadaffis o chávezes quelas defiendan. ¿Responde esto a la racionalidad? ¿No serán la técnica simple y llana que los animales desarrollan para de­predar? ¿Tiene algo que ver esto con la razón?

Estamos de acuerdo en que sólo usamos un dos por ciento de las capacidades del cerebro. ¿Quizá sea esta la causa por la que unos mueren de hambre, pudiendo evitarse, mientras otros mueren de ansia, sobrepeso y obesidad?

No se empeñen. No nos distinguimos apenas del resto de las es­pecies vivientes. La diferencia está en que mientras el ave no se jacta de saber de volar, miles de vacuos discursos arrancan necias ovaciones todos los días.

Mucho ha de tener que ver todo esto con que ambos países, Es­paña y Estados Unidos, practican el capitalismo más feroz. Estados Unidos porque lo inventó, y España porque como quien dice, acaba de estrenarlo. El caso es que a ninguno de los dos no se les cae la cara de vergüenza haciendo dietas arriesgadas para la salud, como ahora la Dukan de moda, mientras enormes porciones de humani­dad no tienen siquiera un pedazo de pan porque los obesos y los que hacen dietas se lo han quitado de la boca.

Jaime Richart

Kaos en la Red