
Fernando B.
Diagonal
La reciente cumbre nuclear estuvo marcada por nuevas advertencias a Irán por sus planes atómicos. Sin embargo, el arsenal nuclear israelí, secreto hasta las denuncias de Vanunu, continúa siendo un tabú.
El físico nuclear israelí Mordechai Vanunu volvió a ser noticia cuando el 29 de diciembre de 2009 fue detenido por la policía israelí por “hablar con extranjeros”. Vanunu, técnico nuclear en la central de Dimona, opuesto a las armas de destrucción masiva, reveló la existencia del programa de armamento nuclear israelí al diario británico The Sunday Times. Las fotografías que aportó, examinadas por expertos nucleares estadounidenses y británicos, confirmaron las sospechas sobre el carácter militar del programa nuclear israelí.
Envuelto en el más absoluto secretismo, hasta la fecha el Gobierno israelí nunca ha reconocido la posesión de armas nucleares. Sin embargo, las fotografías de Vanunu, tomadas en la central nuclear de Dimona, en el desierto del Neguev, permitieron estimar el arsenal atómico israelí en un número que oscila entre 75 y 400 cabezas nucleares. Las revelaciones de Vanunu se publicaron el 5 de octubre de 1986. Cinco días antes, había sido secuestrado en Italia por agentes del espionaje israelí. Según la versión dada por el Mossad, The Sunday Times intentó corroborar la identidad del ‘topo’ a través de contactos israelíes, y de este modo los servicios de inteligencia israelíes se enteraron de que un antiguo técnico intentaba revelar secretos sobre el programa atómico de Israel. Así, una agente del Mossad le llevó engañado desde el Reino Unido a Roma, donde Vanunu fue drogado, secuestrado y llevado en secreto a Israel. Después de ser juzgado por traición y espionaje, fue condenado a 18 años de cárcel, 11 de los cuales los pasó en confinamiento solitario. Preguntado si en algún momento se barajó la posibilidad de ejecutar a Vanunu de forma extrajudicial, el entonces jefe del Mossad, Shabtai Shavit, declaró a la cadena australiana ABC: “Sí, pero no lo hicimos porque un judío no hace eso a otro judío”.
Desde que cumplió su condena por traición en 2004, Vanunu ha sido detenido en múltiples ocasiones. El Gobierno israelí le tiene prohibido hablar con extranjeros y abandonar el país, y ha impuesto severas restricciones en los movimientos de Vanunu dentro de Israel, lo que ha llevado al antiguo técnico nuclear a solicitar asilo político en diferentes países, con escaso éxito.
En contraste con el rechazo de la sociedad israelí, Vanunu es considerado un ejemplo por numerosas instituciones y figuras públicas internacionales, como es el caso del físico y premio Nobel de la Paz Joseph Rotblat, que le propuso en repetidas ocasiones para el mismo galardón, o los estudiantes de la Universidad de Glasgow, que le eligieron rector en 2004, según informó BBC.
Un oasis nuclear en Oriente Próximo
F.B.
La ambigüedad y el secretismo han sido la constante en todos los gobiernos israelíes. Hasta Ehud Olmert, en un lapsus, reconoció que tenían la bomba.
Según diferentes estudios, Israel posee entre 75 y 400 cabezas nucleares, lo que lo convierte en el único país de Oriente Medio en poseer este tipo de armamento. El hermetismo que rodea al programa nuclear israelí, cuyos inicios se remontan a los años ‘50, impide conocer las dimensiones exactas del arsenal. Con ayuda de Francia y Reino Unido, Israel construyó la central nuclear de Dimona, en el desierto del Neguev, que en 1965 se encontraba operativa y en condiciones de producir plutonio al nivel requerido para uso militar.
David Ben Gurion, uno de los padres del Estado de Israel y primer ministro entre 1948 y 1963, declaró que la central nuclear tenía “fines exclusivamente pacíficos”. Pero los hechos irían haciendo insostenible esta afirmación. Desde entonces, los líderes israelíes han mantenido una política de “ambigüedad nuclear”: convertido en tema tabú, nunca se ha reconocido ni tampoco negado la existencia del arsenal atómico. Esta política de imprecisión se vino abajo cuando el primer ministro Ehud Olmert declaró, en una entrevista con la cadena alemana N24 en diciembre de 2006, que “Irán aspira a tener un arma nuclear como Estados Unidos, Francia, Israel y Rusia”. Tampoco se tiene evidencia de la realización de pruebas nucleares por parte de Israel. Sin embargo, en septiembre de 1979 el satélite estadounidense Vela, diseñado para detectar explosiones nucleares, registró un destello al sur del océano Índico. Una comisión investigadora en EE UU, encargada por el presidente Carter, estableció que no había evidencias suficientes para confirmar o desmentir el origen del resplandor, aunque en un principio se atribuyó el destello a una prueba atómica. Sin embargo, Aziz Pahad, viceministro de exteriores de Sudáfrica en el Gobierno de Nelson Mandela, reconoció en 1997, en una entrevista con el periodista israelí Yossi Melman en el diario Haaretz, que el fogonazo detectado por el satélite Vela fue “una prueba nuclear” llevada a cabo por Israel y Sudáfrica. Según Pahad, “el tema nuclear era secreto, y se han destruido muchos documentos, pero quedan muchos informes que prueban la relación entre los dos países”.
Desde entonces, y gracias a su abultado gasto militar (7,3% del PIB, el sexto país en gasto militar según CIA World Factbook), Israel ha desarrollado la capacidad de lanzar sus armas nucleares desde tierra, con silos subterráneos que albergan los misiles Jericó, con un alcance de más de 11.000 kilómetros, capaces de alcanzar cualquier punto de África, Europa y Asia; desde el mar, con submarinos clase Dolphin de fabricación alemana; o desde el aire, con cazabombarderos F-16 y F-35 de fabricación estadounidense. Según el veterano periodista Seymour Hersh, Israel también tendría capacidad para miniaturizar una bomba que cupiese en un maletín.
Monopolio nuclear
En posesión de la bomba, Israel se ha concentrado en mantener la “superioridad nuclear” en Oriente Medio. Así, su objetivo ha sido evitar que otros países de la región desarrollasen capacidad nuclear, mediante sabotajes, ataques militares y acciones encubiertas del Mossad. Como ejemplos: la destrucción del reactor nuclear de Osirak (Iraq) en 1977, o el bombardeo de una instalación siria, en 2007, donde, según el diario Washington Post, se estaba construyendo una planta nuclear con asistencia norcoreana.
Hasta ahora, el uso del arsenal nuclear ha quedado descartado salvo en cuatro supuestos. Según publicó el politólogo Scott Sagan, en Planeando lo impensable: cómo las nuevas potencias usarán las armas nucleares, el aparato de Defensa israelí estableció en los años ‘60 las líneas rojas que, de cruzarse, llevarían a Israel a utilizar su arsenal:
1) Una penetración exitosa por parte de los países árabes en el territorio israelí posterior a la guerra de 1949.
2) La destrucción de la Fuerza Aérea israelí.
3) Bombardeo de saturación o ataques con agentes químicos o biológicos sobre ciudades israelíes.
4) El uso de armas nucleares contra Israel.
Estos planteamientos fueron formulados por primera vez por Ben Gurion, aunque no se concretarían hasta la llegada al poder de Levi Eshkol, a mediados de los ‘60. Según el historiador Avner Cohen, era la posibilidad de un ataque por parte de una coalición de países árabes lo que llevó a los dirigentes israelíes a desarrollar el arma atómica, de modo que Israel tuviese un “último resorte”, oficialmente denominado “Opción de Sansón”.