Daniel Enrique Lucero es un niño de escasos nueve años de edad, como a cualquier infante le gusta elevar cometas y comer helados. A diferencia de sus amigos, a él si le gusta asistir a la escuela para hacer dibujos y jugar en el recreo con sus compañeritos aunque sea sentado sobre el césped por cuanto su condición física le impide correr, brincar o saltar. A primera vista es un niño como cualquiera. Pero no lo es por la sencilla razón que hace dos años le diagnosticaron cáncer en el tórax, lo que le ha obligado a penosas y dolorosas intervenciones médicas que no le permiten llevar una vida sosegada y tranquila.

Su madre, una humilde mujer clasificada en el estrato uno del sisben, debe batallar cada día para sostener a sus tres hijos de escasos nueve, ocho y cinco años. En muchas ocasiones ya la han corrido de los pequeños cuartos que debe arrendar por la sencilla razón que sus ingresos son insuficientes para cubrir los gastos que el cuidado y mantenimiento de sus hijos requiere. Pero no se rinde y es preferible aguantar un poco de hambre y frio a tener que soportar el llanto de su pequeño Daniel ante los terribles y tortuosos dolores propios de su enfermedad.

Los vecinos de Sandra, madre de Daniel, se solidarizaron con este pequeño y su familia y, de puerta en puerta, o de emisora en emisora, evocan una ayuda para impedir mayores sufrimientos en la pequeña humanidad de Daniel. Y es que la verdad sea dicha, cuando tocaron nuestra puerta con un papel en sus manos no podíamos dar crédito a lo que leímos. Hace tres meses y por cuarta vez las entidades prestadoras de salud le suspendieron el servicio medico por cuanto se alega falta de recursos económicos, como lo denuncian en un arrugado papel de tanto pasar de mano en mano, “Le han suspendido tres veces el tratamiento, alegando falta de recursos económicos en las entidades del negocio de la salud, entre CONDOR y el HOSPITAL INFANTIL de Pasto. Una de esas tres veces que le suspendieron el tratamiento la enfermedad se complicó. En este momento el tratamiento ESTA SUSPENDIDO POR CUARTA VEZ”.

He tenido la poco agraciada fortuna de acompañar a este niño y su madre por las diferentes emisoras de mi ciudad. En cada expresión que sale de su boca confieso que se me desgarrara algo dentro del pecho y que debo morderme los labios y la lengua para no proferir maldiciones contra estas entidades prestadoras de salud que no se compadecen del dolor y el llanto de un niño de nueve años que además de ser castigado por la injusticia social y vivir en un barrio pobre y marginal donde ni siquiera existe el servicio de agua o alcantarillado, debe afrontar la indolencia de unas entidades y una sociedad que lo abandonan a su triste suerte de niño pobre y enfermo.

Duelen en verdad estos hechos de nuestra patria. Y lo peor es que este no es un caso aislado. En la misma situación de Daniel pudimos observar a más de una docena de niños que sobrellevan su enfermedad en silencio y el recurrente abandono estatal y social. Niños que jamás podrán ser en nuestra patria. Niños que deambulan con su dolor a cuestas en espera de un milagro que nunca ocurrirá y que mueren en el silencio de unas lagrimas humildes en el seno de un hogar enlutado ante la impotencia de querer hacer algo y no tener ni las fuerzas ni los recursos para hacerlo. Niños que sueñan con la vida en el infierno de su propia muerte. Niños para quienes no existe una mano amiga, salvo la de su madre lavandera o su padre alcohólico o drogadicto. Niños condenados a no ser en una patria que no se preocupa por su futuro salvo en algunas ocasiones cuando las entidades, iglesias o instituciones de beneficencia quieren hacer protagonismo invocando y evocando la caridad cristiana que no es otra cosa que la aceptación resignada de la injusticia social.

Tal vez para Daniel ya sea tarde. Pero tal vez no lo sea. Y está contemplando la posibilidad de una última esperanza, viajar a Cuba donde se asegura un tratamiento gratuito para tratar de controlar su cáncer. Y es ahí donde usted y yo podemos hacer la diferencia. Su madre y un grupo de amigos están seguros que en esa isla encontrará la posibilidad de una recuperación. Triste acudir a la caridad publica, pero en Colombia es la única opción que le queda a quien no tiene padrinos o amigos en las altas esferas del poder. Es posible que este niño aun pueda ser, como también es seguro que de llegar a ser, jamás olvidara en su memoria la triste etapa de su vida en que para pretender ser en nuestra patria tuvo que mendigar a la sociedad y al Estado colombiano lo que por derecho propio le pertenecía. Ojala llegue a ser y el titular de esta nota sea una equivocación en la memoria colectiva.

peobando@gmail.com

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One thought on “El niño que no podrá ser”
  1. El niño que no podrá ser
    Y dinero hay, para las armas y el trafico de droga. Me parece increible. Cada vez me parece más increible este mundo en el que vivimos.

    Y luego critican a Cuba. Cuando Cuba siempre ha tenido los mejores medicos.

    Os deseo mucha suerte. Que pena tanto sufrimiento y tantos niños que sufren. Pero hay buenas personas, como usted.

    Un abrazo fuerte,

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