
…mientras el terrorismo paramilitar campea por las instituciones del estado. … …han mantenido el poder mediático y contribuido a colocar al estado y los gobiernos al servicio del poder económico…
BOLETIN Nº 122
ROMPIENDO LA MORDAZA
UNA ALTERNATIVA DE OPINION
Mantener el poder por encima del padecimiento humano, ha sido polìtica comùn de las familias tradicionales que dominan a Colombia.
Si el cuento de pinocho se hiciera realidad en el gobierno de La Seguridad Democrática y sus funcionarios, tendríamos personajes de las familias intocables que han manipulado el poder, explotado nuestro país y masacrado nuestro pueblo, con kilómetros de narices con los que podríamos medir nuestro territorio de oriente a occidente y de norte a sur. El ministro de defensa es uno de esos personajes, cuya estirpe ha monopolizado los medios de comunicación al servicio de la oligarquía más criminal del mundo, con los cuales han engañado y mentido por siglos al pueblo colombiano. Los Santos son una de esas familias que con artimañas han mantenido el poder mediático y contribuido a colocar al estado y los gobiernos al servicio del poder económico de la oligarquía pro imperialista que se apodera de las riquezas naturales, las tierras, bienes de la nación y la fuerza del trabajo de obreros y campesinos. No hay mayor crimen que silenciar la verdad señor ministro de defensa, es usted quien no tiene la mínima autoridad moral para hablar de engaño y manipulación, porque usted representa el ministerio de mayor escándalo y compromiso en la ejecución del genocidio que ha desangrado y continua desangrando nuestro humillado pueblo, el sol no se tapa con un dedo y la verdad que aún permanece oculta con desespero pretenden callarla, poco a poco saldrá a la luz pública, para demostrar al mundo el alto nivel de terrorismo de estado con que las familias tradicionales que dominan a Colombia, han ostentado su poder.
Esa mascara moralista e hipócrita, mediatizada con una falsa Seguridad Democrática y una caricatura de Estado Comunitario, montado en un sofisma de distracción de una guerra para pacificar el país, alcanzó el engaño para dos periodos de gobierno. Pero la verdad se impone y la máscara empieza a rodar por el suelo develando el verdadero rostro; la tradición macabra de mantener el poder por encima del padecimiento humano. Sale a flote que la guerra demencial fue contra el pueblo, el paramilitarismo fue una política de Estado y de gobierno, el narcotráfico es el instrumento para financiar la guerra sucia paramilitar contra el pueblo y permeo el poder político institucional, y la gran verdad de trasfondo; un holocausto colombiano con el solo propósito de facilitar la privatización de nuestra riquezas y bienes a favor de grandes conglomerados económicos. Y, es justamente el inevitable derrumbe de estas macabras políticas, las que cubren de pánico a los escuderos de Uribe, que también aspiran a ser presidentes cabalgando sobre el terror y la mentira, en el caso de que al patrón se le empantane o desista de la intensión de eternizarse en el poder. No es gratis enfilar la carga de infamias, señalamientos y estigmatización a todo el que tenga iniciativas alternativas para buscar la paz o al menos un acuerdo humanitario de intercambio de prisioneros, para el régimen son una amenaza que califica sin vacilar de filósofos del terrorismo o frente de intelectuales al servicio de la guerrilla.
El pueblo, personalidades progresistas, políticos demócratas, e intelectuales; sí deben contribuir con iniciativas alternativas por encima de la terquedad, soberbia y plan electoral del gobierno, que montado en el manejo del dolor y sufrimiento de los prisioneros y familiares, mantiene su inamovible discurso guerrerista para sacar dividendos políticos, en su afán de eternizarse en el poder y continuar esas políticas represivas genocidas. No solo no hay voluntad, sino la debilidad es evidente, cuando el propio Uribe, codiciosamente mediante sus instrumentos mediáticos, lanza advertencias a los cuatro vientos y trata de engañar al pueblo demostrando que tiene ganada la guerra contra la insurgencia armada y el narcotráfico, con su Seguridad Democrática, mientras el terrorismo paramilitar campea por las instituciones del estado. Los colombiano y colombianas por la paz, es una iniciativa legal y legitima, que ha contribuido a traer esperanza y alegría a muchas familias, y marca una posibilidad de búsqueda de caminos de entendimiento por fuera del marco de la guerra. Debe continuar sumando fuerza y voluntades, no solo por el intercambio de prisioneros, sino ideas para salir del estado policial y represivo constituido en el país, donde la juventud es la mayor víctima y se educa a través de la fuerza, con toques de queda, torturas y asesinatos, como los ejecutados por la policía en Saravena, los falsos positivos y los recientes quemados en Bogotá; hechos que ya son comunes a toda las fuerzas militares del estado, a si el régimen pretenda mostrarles transparencia y limpiarles la imagen como los héroes de la patria.
Departamento de Arauca, Colombia Febrero 12 del 2009
ROMPIENDO LA MORDAZA POR LOS DERECHOS DEL PUEBLO, OPINEMOS NO CALLEMOS