La fotografía, como la historia, es bastante conocida.

En junio de 1936 Hitler presidió la botadura de un barco en los astilleros de Hamburgo. De entre todos los trabajadores y trabajadoras presentes, solo uno no levantó el brazo en el saludo fascista, sino que los mantuvo cruzados. Se trataba de August Landmesser, un joven trabajador de 26 años que hasta hacía poco había pertenecido al partido nazi, al que se había afiliado para conseguir trabajo y del que había sido expulsado por mantener una relación sentimental con una judía, Irma Eckler, con la que el año antes había tenido una hija, Ingrid.

Tras la toma y publicación de esta fotografía, trató de huir junto a su pareja y su hija, siendo detenidos en la frontera de Dinamarca. A la madre, que estaba embarazada de nuevo, la enviaron junto a la niña a un campo de concentración, donde dio a luz a Irene, su segunda hija. Después la madre murió en un campo de exterminio.

A August Landmesser se le aplicaron las leyes de Núremberg, por las que fue acusado de «deshonrar a la raza», obligándosele a romper la relación con su esposa, Irma. Dado que se negó, se le envió a un campo de concentración, de donde salió en 1941 para ser enviado al frente del este, donde se pierde su rastro en 1944. Se le declaró fallecido en 1949.

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Sus hijas Ingrid e Irene (a esta última no llegó a conocerla), sobrevivieron a los campos. En 1996 Irene reconoció la foto y dio a conocer la historia.

A una pregunta hecha ante el Parlamento Europeo, El Tribunal Supremo de Casación de Roma dictaminó, el 19 de enero de 2024, que un saludo fascista no se considera ilegal a menos que ponga en peligro el orden público o promueva el resurgimiento de ideologías fascistas.

Fuente: https://www.facebook.com/photo/?fbid=9171260076243878&set=a.353015061401801

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