
Tortuga y El Sacre, no obstante se empeñan en mantenerlo, y ayer mismo se realizó por parte de este último colectivo un taller para enseñar a jugar a gente nueva. Nota de Tortuga.
Cultura e identidad. Diversas tradiciones, aunque arraigadas, tienen un origen incierto. En Elche se pueden enumerar algunas muy populares. El sarangollo es un juego de cartas que todo ilicitano conoce pero que pocos juegan. Muchas modalidades de este juego se conocen, pero la ilicitana, podría perderse en el tiempo de no fomentarse entre la juventud.
JAVIER MARTÍN
El sarangollo es un juego de cartas autóctono de la ciudad de origen incierto. En Elche es ampliamente conocido y se ha convertido en una tradición para aquellos que lo practican, que cada año son menos. De hecho, el Club Ilicitano de Sarangollo Cantó (CISAC) lleva cuatro años intentando crear una escuela que fomente este juego intergeneracional, ya que en un futuro, de seguir así, su práctica se extinguirá.

Por desinterés o por desconocimiento son pocos los jóvenes que practican este juego. De hecho, en uno de los torneos anuales celebrados en el Bar Cantó, hace ya 17 años, tres jóvenes de 30 años cada uno fueron los ganadores y establecieron el récord de la tripleta ganadora más joven. Hoy día no sólo no se ha superado este registro, sino que dadas las circunstancias actuales en que la tripleta más joven ronda los 40 años, se antoja imbatible.
El 27 de octubre el Bar Cantó acogerá el XXX torneo de sarangollo. Antes, durante los días 12 y 13 se hará un maratón-trofeo con el fin de que se animen varios grupos a jugar y conozcan esta seña ilicitana. Apolo Pleguezuelos, presidente del CISAC apuntaba que «entre los 84 socios del club hay un chaval de 17 años que juega con su padre, es el único joven. También nos encantaría que se unieran mujeres, ya que ahora mismo no hay ninguna. Lo que intentamos desde hace 4 años es crear una escuela taller, donde enseñar sin ánimo de lucro a la gente joven. El fin es que no se pierda este juego, que se ha convertido en una tradición ilicitana».
Leopoldo Vellerino y Pedro Antonio Cartagena, vicepresidentes de la asociación, incidían en la misma línea. «De 48 equipos que teníamos cuando creamos el club, nos hemos quedado en 24». También apuntaban la necesidad de que colaboren los organismos municipales, ya que «aún hay instituciones que promueven el sarangollo, pero muchas peñas han desaparecido. Si nos dan la licencia que solicitamos para crear una escuela, podremos transmitir nuestros conocimientos y la tradición».
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