El Senado estadounidense ha puesto fin a la prohibición de efectuar perforaciones en un refugio natural en Alaska que se extendía durante cuatro décadas. Bajo el argumento de que reducirá la dependencia americana del extranjero, el Senado ha aprobado el proyecto con 52 votos a favor y 47 en contra.

El Senado da luz verde así a la petición del Departamento del Interior para comenzar la venta de los contratos de explotación de la llanura del Refugio de Vida Salvaje Nacional del Ártico en un plazo que se prolongará durante los dos próximos años.

El Parque (ANWR, en sus siglas en inglés) fue creado en 1960 para, 20 años después, expandirse hasta alcanzar la extensión actual, unos 79.380 kilómetros cuadrados.

Esta inmensa área alberga dos áreas de Investigación de la Naturaleza y tres ríos (el Sheenjek, el Wind, y el Ivishak) designados ‘salvajes’, que están bajo las leyes de protección medioambiental estadounidenses. Pero el problema está en el Área 1002, una gigantesca extensión de planicies en la costa del norte de Alaska donde se han encontrado bolsas subterráneas de petróleo y gas, pero que también sirven de refugio a las manadas de caribúes del Ártico Central y Porcupine, así como otras especies consideradas en peligro de extinción.

En 1980, el Congreso estadounidense encargó un estudio sobre las posibilidades de explotación petrolífera de la zona y su posible impacto medioambiental, pero a día de hoy, el debate sobre la conveniencia o no de esas excavaciones continúa. Mientras el Gobierno da luz verde al proyecto, organizaciones ecologistas aseguran que las especies de la zona dependen del mantenimiento del ecosistema para su superviviencia.

Las organizaciones ecologistas denuncian que las perforaciones petroleras traerían consigo la proliferación de carreteras en una zona hasta ahora virgen -sólo se puede llegar por avión a muchos de los sitios- mientras que los animales como caribúes, osos, alces y aves migratorias verían su hábitat alterado por la presencia humana y las construcciones de infraestructuras para dar soporte a las instalaciones petrolíferas.

Y no sólo los animales están en peligro. Los 7.000 miembros de la comunidad indígena Gwich’in viven en una docena de aldeas itinerantes en medio del Área 1002, junto a las manadas de caribúes que suponen su medio de vida. «Estos animales son nuestra principal fuente de comida, ropa, herramientas y calzado, y son el centro de nuestra cultura», aseguró uno de los jefes de las tribus. «Las manadas de caribúes que viven en esta zona son casi sagradas para nosotros, no podemos permitir que nos las quiten», denunció.

Según los estudios realizados por el servicio de Pesca y Naturaleza de EEUU, abrir esta reserva natural a las excavaciones petrolíferas tendría un gran impacto en los caribúes de Porcupine, reduciendo en más de un 50% su índice de natalidad, y desplazando las manadas muy lejos de los asentamientos de las tribus Gwich’in.