
Esto que vemos aquí es la imagen de un torero y en ella se especifican las diferentes partes de su indumentaria. Bien es verdad que el traje del grabado carece de un detalle imprescindible porque forma parte de él del mismo modo que las heces son consustanciales un colector: la sangre. Y es que aunque el matador – otra denominación que recibe este sujeto y que le viene pintiparada – salta limpio a la arena del ruedo, se va empapando con ella durante la faena a la vez que su víctima la va perdiendo por sus pavorosas heridas.
El torero se cree un artista, sin embargo no pinta ni compone, su musa sólo engendra tortura. Se piensa un sublime hacedor de cultura, pero en vez de escribir teatro o novelas sus manos le sirven al fin para matar lentamente. Le fascina que le llamen «maestro», y si le califican de «héroe» probablemente llegará al clímax de su envanecimiento, mas las lecciones que imparte contienen demostraciones prácticas de violencia y su heroicidad consiste en ensañarse con una criatura atemorizada y
debilitada. Dice respetar y amar al toro, pero ese mismo animal que aparentemente es la niña de sus ojos, saldrá arrastrado del ruedo y transformado en un cadáver porque él, sí, él que jura venerarlo, lo habrá asesinado derrochando saña y sin ahorrarle
un solo instante de sufrimiento.
Su sonrisa suele dibujar un rictus de falsedad, en sus ojos brilla constante un
ramalazo de odio, sus palabras se visten con una sobrecogedora carga de cinismo y es
un personaje tan hambriento de gloria como ávido de dinero, de esos a los que jamás
les detiene el precio que otros hayan de pagar con tal de conseguir aquello que
ansían.
¿Inteligencia? posee la justa para encontrar un apoderado que piense por él.
¿Ignorancia? la suficiente como para traicionarse y dejar al descubierto su
verdadera calaña cuando se le calienta la boca. ¿Empatía? ninguna. ¿Egocentrismo?
todo, absolutamente todo el que podamos imaginar. ¿Sensibilidad? la misma que
embargaba a Nerón tocando la lira mientras planeaba el asesinato de su madre.
De vez en cuando y asegurando la presencia de todos los medios posibles, participa
en actos solidarios en forma de entrega de cheque. Lo habitual es que los
destinatarios del dinero sean organizaciones para la protección de los niños, que ya
se sabe que de ese modo conmueve más la estampa. Hitler pensaba que las fotografías
en blanco y negro servían mejor para la propaganda de su régimen, sin embargo se
tomó varias con pequeños que después fueron coloreadas porque entendía que así eran
más apropiadas para mostrar su «lado humano». Con sus variantes, pero la estrategia
no es nueva. ¿Le importa al matador la infancia? Ni un poco, no alberga el menor
escrúpulo en deformar sus mentes e intentar transformarlos en acólitos de su
siniestro ministerio, así que lo del talón es puro márketing ideado por el apoderado
espabilado de antes, un hombre portador de las luces que el torero sólo cobija en su
traje.
Le cautiva pronunciar palabras como valentía, dignidad, honor, nobleza, batalla o
enemigo. Aquel lo escuche sin saber nada más acerca de lo que encarna, podrá creer
que se trata de un guerrero corajudo luchando a brazo partido contra temibles
adversarios y se sentirá embelesado ante la retórica de tan épico personaje. La
realidad es que esa contienda se trata de una partida amañada en la que se sabe de
antemano cuál es el que morirá, y toda esa gallardía en boca se le escapa por los
pies apresurados cuando sus manoletinas huyen despavoridas hacia el burladero,
mientras su cuadrilla irrumpe para salvar a la figura de la embestida de la
«bestia». Pero, ¿no era un combate de igual a igual?
Cada sociedad, cada época, tiene sus criminales. Algunos nuevos y otros heredados.
Uno de los que la nuestra ha recibido como legado es este personaje llamado torero,
y si bien las canalladas enquistadas en el tiempo han percibido para su continuidad
bula de interés económico, lúdico, cultural o de cualquier otra naturaleza, que la
perversión también sabe ataviarse de chaqué, siempre llega un momento en el que
alguien le arranca esa prenda y queda al descubierto la inmundicia que se venía
ocultando.
Esa hora ha llegado para el torero y por eso incluyo un grabado y no una fotografía
en este texto, porque no tardando mucho su existencia vivirá en las páginas de las
enciclopedias, en las secuencias de las filmaciones o en la imagen de una
instantánea, pero en los alberos el viento de la justicia y de la razón habrá
borrado para siempre la última huella del miserable que quiso vender sus crímenes
como arte, cultura y heroicidad. Sin embargo la sangre de sus víctimas habrá de
permanecer indeleble en la memoria colectiva, porque olvidar es perdonar, y puede
haber indulgencia y hasta reconocimiento hacia quien abomina de sus actos pasados y
los abandona voluntariamente procurando restañar el daño que causó, pero no para el
que jamás sentirá compasión hacia sus muertos.
Julio Ortega Fraile
@JortegaFr
Delegado de LIBERA! en Pontevedra
www.findelmaltratoanimal.blogspot.com
El torero, una aproximación a su figura
Si fueran valientes, en lugar de masacrar toros indefensos (esto es una constatacion estaditica: Mueren miles de toros por cada torero muerto en la «fiesta»), tuviera los huevos para intentar masacrarme a mi desnudo y desarmado en la arena (contra su espada, capote y leotardos), cambiaría la opinión que me merecen.
internete
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PD: Claro que lo mismo la espada terminaba metida en el orificio anal de un ser humano indecente…
El torero, una aproximación a su figura
Callate pobre diablo, si no te gustan los toros no los veas y ya! Tonto de mierda y la espada metetela tu en el ano que buena falta te hace
El torero, una aproximación a su figura
Símplemente comenta que no te agradan las corridas de toros y deja de adornar tu antipatía. Escribes como cronista taurino. La lídia del toro es milenaria y sólo pocos (muchos de ellos no se encuentran en lo tendidos necesariamente) la entienden y la sienten. Es un encuentro de voluntades y un juego de pulsiones. La vida contra la muerte.