En julio de 1986, la Generalitat Valenciana declaraba Parque Natural al sistema formado por la laguna de L’Albufera, con 2.500 hectáreas, y todo su entorno húmedo, principalmente 14.000 ha de arrozales. Con un total de 21.000 ha, quedaba protegido un espacio de gran importancia ecológica, incluido posteriormente en la lista de humedales de importancia internacional del Convenio de Ramsar, y designado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y Lugar de Interés Comunitario (LIC) bajo las directivas europeas relativas a la conservación de las aves silvestres y a la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres.

Uno de los problemas más graves a los que se enfrentaba el Parque en el momento de su creación era la fuerte degradación de las aguas de L’Albufera, causada por los aportes masivos de aguas residuales urbanas, industriales y agrícolas procedentes de toda la cuenca (véase Cuadro 2). Casi veinte años y un plan de saneamiento integral después (nueve depuradoras y sus correspondientes redes de colectores), la laguna continúa siendo un sistema hipertrófico dominado por las cianobacterias, con fondos anóxicos, un zooplancton empobrecido y sin macrófitos sumergidos, y que sigue recibiendo entradas excesivas de materia orgánica y de nutrientes inorgánicos (compuestos de nitrógeno y fósforo, principalmente), junto con vertidos directos todavía sin depurar de origen urbano e industrial, además de efluentes tratados procedentes de estaciones depuradoras. Con todo, la clave para entender el actual pésimo estado de salud ecológica del humedal y el nulo efecto en la calidad de sus aguas de la red de saneamiento puesta en marcha, hay que buscarla en su balance hídrico: en la reducción en los últimos 25 años, cifrada en más de un 70%, de los aportes hídricos procedentes del río Júcar, precisamente las aguas que están en el origen de L’Albufera “moderna” (véase Cuadro 1).

Si la reducción de los aportes del Júcar a L’Albufera está detrás del mal estado ecológico del humedal, el futuro se presenta aún peor. Está previsto que estos aportes se reduzcan todavía más con la futura entrada en funcionamiento de las infraestructuras de modernización de los regadíos tradicionales de la Acequia Real del Júcar, que pasarán a ser atendidos mayoritariamente mediante riego por goteo, y, por tanto, dejarán de aportar retornos al humedal. Además, el polémico trasvase Júcar-Vinalopó amenaza con detraer más caudales de un río que, como se ha visto, cada año tiene menos agua para aportar a la Acequia Real del Júcar y a L’Albufera.

El futuro de L’Albufera: un plan de sostenibilidad hídrica
El diagnóstico está muy claro: el Parque Natural de L’Albufera se encuentra en una situación hídricamente insostenible, condenado a desaparecer como humedal funcionalmente vivo. Y muy lejos del objetivo de “buen estado ecológico” de todas las aguas europeas que establece la Directiva Marco del Agua para alcanzar en 2.015, lo que significa recuperar no sólo la calidad físico-química sino también -y este es uno de los aspectos más novedosos e importantes de la Directiva- la estructura y funcionalidad ecosistémica de todas las aguas continentales.

Cambiar esta situación requiere de una apuesta clara por un plan de sostenibilidad hídrica del parque natural, que establezca como principal premisa que L’Albufera necesita un caudal de agua limpia que asegure unas adecuadas tasas de renovación, y que mantenga la vinculación del humedal con el río Júcar, a través de su Acequia Real. Es necesario establecer cual es la cantidad de caudal mínimo que se necesita tanto para garantizar estas condiciones como para conseguir unos niveles de calidad en el agua aceptables. Y habría que atender a estas demandas con la mayor urgencia. Paralelamente, las actuaciones en materia de saneamiento y depuración deberían orientarse a dotar de tratamiento terciario a todas las depuradoras del sistema y a naturalizar estos efluentes mediante filtros verdes, de modo que pudieran incorporarse al humedal.

Alcanzar estos objetivos supone volver a una laguna con aguas claras y un sedimento oxigenado, sin crecimientos explosivos de cianobacterias y con una buena cobertura de macrófitos sumergidos. Supone una laguna que recupere buena parte de su biodiversidad y que junto con el arrozal que la rodea, ofrezca a las gentes que la pueblan una mejor calidad de vida. Y también supone legar a las generaciones futuras siquiera un pálido reflejo de L’Albufera que fascinó con su belleza y proverbial riqueza de especies a Blasco Ibáñez y a otros tantos escritores, historiadores y científicos de siglos pasados. El premio bien merece el esfuerzo.
Mario Jiménez es delegado de SEO/BirdLife en la Comunidad Valenciana. Para más información,
——————————————————————————————————

Cuadro 1. El origen de L’Albufera de aguas dulces.
Las aguas del río Júcar, llegadas a través de la Acequia Real del Júcar y de los regadíos de Sueca y Cullera, son las que han creado y mantenido el humedal que hoy es el Parque Natural de L’Albufera. Carles Sanchis, en su excelente tesis doctoral Evolució històrica del regadiu i canvi ambiental en l’espai hidrològic de L’Albufera de València (Facultat de Geografia i Història de la Universitat de Valencia, 1998) documenta perfectamente la transición a L’Albufera de aguas dulces, que se inicia en el siglo XVII y queda definitivamente consolidada con la construcción de la segunda sección de la Acequia Real del Júcar, en el siglo XVIII. A partir de este momento, grandes volúmenes de agua del río Júcar son derivados cada año en dirección a la laguna, de los cuales tan sólo una pequeña parte son consumidos por los cultivos, incluido el arroz, que se van extendiendo por el entorno de aquella. El enorme volumen de “sobrantes” transforma la primigenia albufera salobre conectada con el mar, sin apenas vegetación acuática, en un sistema somero de agua dulce dominado por densas praderías sumergidas de macrófitos y extensos carrizales, y caracterizado por un potente caudal continuo de agua dulce de calidad óptima. La abundancia y calidad de estos “sobrantes de riego” son las dos condiciones que permiten la coexistencia de un sistema natural de alta biodiversidad y de una agricultura, el arroz, y una pesca prósperas.

Cuadro 2. La crisis de contaminación de L’Albufera
Hasta finales de los sesenta del pasado siglo, L’Albufera todavía se encuentra bastante próxima a su óptimo ecológico de aguas transparentes y extensas formaciones de macrófitos acuáticos. La biodiversidad es todavía elevada y el grado de antropización del paisaje muy bajo. A partir de esa fecha comienzan a hacerse patentes los efectos de los vertidos de origen urbano e industrial y de los plaguicidas usados en los cultivos, asociados estos últimos a la adopción del sistema de siembra directa (con semilla) en los arrozales. En 1972 desaparecen bruscamente las praderías de macrófitos sumergidos de la laguna y comienza un vertiginoso proceso de degradación de las aguas de L’Albufera. Los dos factores claves en este proceso son la ausencia de un sistema de saneamiento y depuración en la casi totalidad de municipios que rodean al humedal y un coeficiente de dilución cada vez menor en las aguas de la laguna, como consecuencia del descenso en los aportes hídricos procedentes del Júcar.

Para más información:
Mario Giménez Ripoll

Delegado de Valencia SEO/BirdLife

Estació Ornitològica L’Albufera

Avda. Los Pinares 106

46012 VALENCIA (España)

Tel./Fax +34 961 627 389
móvil 629 672 602

Email: valencia@seo.org