En la Edad Contemporánea, las principales potencias homicidas han sido Europa (bajo el imperialismo que la llevó, desde el siglo XIX, a masacrar y explotar a tantos pueblos), Estados Unidos interviniendo criminalmente en América Latina y Asia (organizando guerras prolongadas, golpes de Estado y dictaduras asesinas) e Israel, que, desde su fundación, inició una campaña etnocida contra las gentes de Palestina y por el control del territorio.

La ONU es un satélite de estos poderes, una instancia servil medio cómica y medio patética. Cuando se funda, una buena parte de los territorios del mundo eran “colonias” de los países europeos y, por lo tanto, no estaban representados ahí. Cuando se enuncian los tan cínicos Derechos Humanos, los habitantes de esos territorios ocupados tampoco pudieron pronunciarse, para cuestionar algunos y añadir acaso otros.

La capacidad de matar del Estado de Israel, apoyada por los Estados Unidos y consentida por la ONU y la Unión Europea, es enorme.

Estamos en la época de la estadística, de las matemáticas, de los números; pero hay una cifra que no se difunde: ¿cuántas personas han muerto en los últimos dos siglos a manos de Europa, Estados Unidos e Israel, sobre todo en África, América Latina y Asia?

Es el trípode de la muerte, no cabe duda.

Primo Levi, prisionero judío en los campos de exterminio nazis, anotó en “Los hundidos y los salvados” algo que me afectó para siempre, refiriéndose a los carceleros alemanes: “No eran monstruos. Tenían nuestro mismo rostro”. Los definió como funcionarios corrientes. Hannah Harendt, en “Eichmann en Jerusalén. Ensayo sobre la banalidad del mal” concluyó que este nazi, diseñador del transporte de los judíos a Auschwitz, no era una persona clínicamente enferma, psíquicamente deforme, sino algo peor, lo más temible: “un hombre normal”, como todos nosotros. Obedecía y se plegaba a los designios del Estado, sin discutir la moral del sistema, como la mayoría social de los norteamericanos, de los europeos y de los ciudadanos de Israel.

Como no creo en la continuidad histórica, no voy a decir que “las víctimas de ayer se convirtieron en los verdugos de hoy”, pues los judíos que propician y respaldan las atrocidades de estos días ya no son los supervivientes de Auschwitz y, en un sentido profundo, “son otros”, constituyentes y constituidos por un Estado. Pero sí diré que esa organización estatal y los partidarios de esta ofensiva genocida en Palestina se están comportando, desde hace tiempo, de un modo estrictamente fascista. Pareciera que, al lado de la Torá, tienen en su mesilla de noche “Mi lucha” de Hitler. Han convertido la franja de Gaza en un campo de concentración y no se puede descartar que pronto mute a campo de exterminio. Se bombardea un hospital y se mata a más de quinientas personas: es el Horror, que diría J. Conrad.

Y nosotros, los europeos, nos hemos erigido en cómplices del etnocidio, pues seguimos apegados al Capitalismo hegemónico, expansionista e invasivo, basado en la docilidad de las poblaciones y en la persecución de la Diferencia, sustentador de tres necedades mayúsculas: la producción, el consumo y el consentimiento de la pseudo-democracia liberal. Somos los hermanos del Horror, me parece.

www.pedrogarciaolivo.wordpress.com
Alto Juliana


Todo Estado es una potencia criminal
Pero algunos lo son más…

No es antisemitismo decir que el Estado de Israel está perpetrando un etnocidio….
Cada día nos despertaremos con cifras de muertos en Gaza.

Y va a seguir así.

Europa es un contable que saca cuentas de la guerra y mide hasta el rendimiento politico-económico de sus palabras. Cinismo superado a sí mismo.

Ahora mismo, mientras miles de privilegiados en nuestra área se toman una cerveza en una terraza, mueren niños bajo los bombardeos de un Estado insuperablemente fascista. Con el apoyo occidental.

Y va a seguir así.

Creo que es la hora de un negacionismo absoluto, de un decir NO a lo establecido, de un escupirle en el rostro al Demofascismo europeo y norteamericano, de reinventar nuestras vidas para no sabernos cómplices de tanto horror.

Dar la espalda de una vez al Estado y al Mercado.

El problema no está en el morir, que nos va a suceder a todos. El problema está en el vivir, para no sustentar nuestros días, obedientes y consumistas, demencialmente conformistas, en pilas de cadáveres como las de Gaza.

«Sabes, cuando el sol se pone, se pone completamente rojo y luego desaparece. Pero me dice el corazón que ese sol no se pondrá jamás». Lo decía Yvonne en «La Chinoise», película de J. L. Godard, refiriéndose al Estado, aunque fuera rojo por comunista.

El Estado mata fuera y robotiza dentro.

www.pedrogarciaolivo.wordpress.com
Alto Juliana de Sesga, en Ademuz

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