
(Por A. Yihad). Crónica del acto de presentación celebrado en el Ateneo de Madrid.
La Idea ante la presentación del último libro de Carlos Taibo “Su crisis y la nuestra”. Profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid. El cambio climático, la cuestión energética, el agotamiento de recursos, la imposibilidad de crecimiento continuo, el aumento de la población, son aspectos de una crisis ecológica a la que no se la pueden dar más largas. Añadida a la tragedia de tres cuarta partes de la humanidad que vive en la penuria, la situación requiere planteamientos globales y de total radicalidad.
Según Taibo, el fin de la era cíclica del capitalismo tiene también sus consecuencias positivas, ya que afloran movimientos sociales alternativos, pero la crisis permite sacar adelante además otras consecuencias. Los empresarios aprovechan este momento para quitarse de encima la mano de obra que hubieran querido quitarse antes. Así, en el 2008 hubo unas declaraciones de representantes de organismos internacionales que aseguraban que “La crisis viene dada por el cambio climático” o “No llegaremos a los objetivos del milenio”.
Pero todo esto era visible antes de la crisis y se utiliza para sacar a la luz temas evidentes. Por ejemplo, en 1997 hubo una propuesta del PNUD de gravar con un 4% las fortunas de los más ricos del planeta, lo cual salvaría los problemas en la educación, sanidad, hambre… en unos 10 años hubieran obtenido 400.000 millones de dólares. El autor del libro propone una reflexión comparando la cifra de los gastos de drogas anuales (400.000 millones de dólares), la cifra de las maquinarias represivo militares (1.300.000 millones de dólares) y la cifra de los gastos publicitarios (1 billón de dólares). En Octubre de 2008 con el respaldo del que sería el Presidente de los EE.UU, Obama, de la noche a la mañana aparecieron dos veces la cifra que el PNUD pretendía recaudar en 10 años, para salvar a un puñado de instituciones financieras.
Taibo nos recuerda que hay datos sólidos que hacen ver que la crisis genera procedimientos muy hábiles para reprimir derechos y libertades en todos los ámbitos. Aunque también permite abrir los ojos a quienes los tenían dormidos hasta el momento. El proceso de darwinismo social militarizado consiste en proteger los recursos escasos en provecho de una minoría de la población mundial. Hecho que en la UE se refleja con las medidas represivas que afectan a los inmigrantes y que beben también de un proceso de esta naturaleza.
Taibo nos explica en qué consiste la Teoría del decrecimiento, que implica un marco general dentro de un debate global. No sustituye lo hecho hasta ahora, sino que agrega lo hecho en el pasado permitiendo abrir un nuevo frente de lucha. Cualquier proyecto anticapitalista debe contemplar tres puntos: el decrecimiento, la autogestión y el anti patriarcado. El crecimiento no genera necesariamente cohesión social, ahí tenemos el ejemplo de China. Hoy, el agotamiento de los recursos naturales y el expolio de los recursos humanos y las materias de los países más empobrecidos, este expolio privará de estos recursos a las generaciones futuras. Sin embargo nos ofrecen un modelo de vida esclavo, en el que más felices seremos cuantas más cosas materiales tengamos.
Según Taibo, el proyecto de decrecimiento reclama unos principios y valores nuevos. Reducir el consumo, la primacía de la vida social frente a la lógica del consumo, reparto del trabajo, el retorno a la lógica global, la recuperación de lo local, la democracia directa, el ocio creativo, la autogestión, la sencillez y la sobriedad. Un proyecto social, ecológico y solidario. Frente al capitalismo inmoral, excluyente y explotador. Esta es la lógica de la tradición libertaria y de la ecología radical, que desde hace tiempo vienen haciendo. El desarrollo de sectores económicos que respeten el medio natural, ajustando los niveles de producción y consumo al respeto del planeta, ya que las certezas sociales para las generaciones futuras están desapareciendo. Si no acabamos decreciendo frente al capitalismo global del que formamos parte, el hiperconsumo tiene poco que ver con la felicidad.