
La Iglesia católica no debe seguir llamándose cristiana. ¿Qué diría Jesús de Nazaret si viniera de nuevo en esta época a la Tierra y viera lo que la Iglesia ha hecho de la obra de Su vida?
Jesús enseñó el amor a los enemigos y el pacifismo: «Quien tome la espada, bajo la espada morirá». Sin embargo, los Papas de Roma, como monarcas absolutos de los Estados Pontificios, a menudo han conducido ellos mismos a la guerra y han participado en guerras civiles. Los Papas una y otra vez han provocado y apoyado guerras, instigando a pueblos enteros a luchar unos contra otros, por ejemplo: los bizantinos contra los ostrogodos, los francos contra los longobardos, los normandos contra los Hohenstaufen y viceversa. En el siglo XVII el Vaticano estimuló ardientemente la guerra de los Treinta Años en Alemania, y en 1914 el embajador del Vaticano en Viena incitó a los Habsburgo contra los serbios en la Primera Guerra Mundial.
Poco antes de la Segunda Guerra Mundial el Papa Pío XII dio a conocer a Hitler „ que «liberaría a Alemania de cualquier tipo de condenación si combatía a Polonia». (según el historiador alemán Karlheinz Deschner, en su libro Un siglo de la historia de la salvación, Tomo 2, pág. 41 de la edición en alemán). Curas castrenses católicos a ambos lados del frente enviaban a los soldados a la batalla con la «bendición de Dios». El Vaticano apoyó a todos los dictadores fascistas y derechistas en Europa y en Latinoamérica. El cardenal católico alemán Frings fue el primero que después de la Segunda Guerra Mundial exigió el rearme de la República Federal Alemana.
Sacerdotes católicos participaron en forma decisiva en el genocidio de los fascistas croatas contra los serbios ortodoxos de 1941 a 1943, en las sangrientas batidas en Argentina de 1976 a 1983 y en el genocidio por parte de los hutus a los tutsis en Ruanda en 1994.
Jesuitas de importancia justificaron incluso la construcción de armas atómicas, y con ello aceptaron estar de acuerdo con la exterminación de pueblos enteros.
El Papa Juan Pablo II dijo durante la guerra del Golfo, en 1991: «Nosotros no somos pacifistas». En 1995 él hizo un llamamiento a la «guerra justa» en Bosnia. Y el Papa actual, cuando aún era el cardenal Ratzinger, pocos meses antes de su elección rechazó el pacifismo como algo «no cristiano». ¡Es decir que él rechazó a Cristo!. El Vaticano en la actualidad sigue justificando la pena de muerte en su catecismo.
Extracto de la demanda presentada ante el Triunal de Friburgo (Alemania) por Dieter Potzer y otros contra el Arzobispado de Friburgo.
Cristianos libres por el Cristo del Sermón de la Montaña
en todas las culturas de todo el mundo
Email del Autor: alfredschulte2009@gmail.com
Página web del Autor: http://cristo-o-iglesia.de
http://www.vozalmundo.com
Erich Fromm comenta esta foto…
“La Iglesia, casi desde sus comienzos, se adaptó a un orden social (entonces era el feudalismo y hoy día es el capitalismo) que exigía para funcionar la obediencia estricta de los individuos a las leyes, sirvieran éstas o no a sus verdaderos intereses. Cuan opresivas o cuan liberales son las leyes y cuáles son los medios para su cumplimiento son cosas de poca importancia en relación con el problema capital: la gente debe aprender a temer a la autoridad, y no sólo a los policías que «hacen cumplir la ley» con sus armas. Este temor no basta para salvaguardar el funcionamiento adecuado del Estado; el ciudadano debe internalizar este temor, y transformar la obediencia en una categoría moral y religiosa: el pecado.
La gente no sólo respeta por miedo la ley, sino también porque se siente culpable si desobedece. Este sentimiento de culpa puede quedar superado por el perdón que sólo la misma autoridad puede otorgar. Las condiciones para este perdón son: el arrepentimiento del pecador, su castigo, y al aceptar el castigo someterse de nuevo.
La secuencia es:
1.- pecado (desobediencia) 2.- sentimiento de culpa 3.- nueva sumisión (el castigo) 4.- el perdón, lo que es un círculo vicioso, ya que la desobediencia produce un aumento de la obediencia.
Sólo unos cuantos no se dejan intimidar. Prometeo es su héroe. A pesar del cruel castigo que le aplicó Zeus, Prometeo no se sometió, ni se sintió culpable. Él sabía que quitarles el fuego a los dioses y dárselos a los humanos era un acto de compasión; él desobedeció, pero no pecó. Como muchos otros héroes del amor (mártires) de la especie humana, rompió la ecuación entre desobediencia y pecado.
Sin embargo, la sociedad no está formada por héroes.
Como las mesas sólo fueron servidas para una minoría, y la mayoría había de servir a los fines de la minoría y sentirse satisfecha con lo que le dejaban, hubo de cultivar la idea de que la desobediencia es pecado. El Estado y la Iglesia la cultivaron, y trabajaron juntos, porque ambos debían proteger sus jerarquías. El Estado necesitaba de la religión para tener una ideología que fundiera la desobediencia y el pecado; la Iglesia necesitaba creyentes a los que el Estado hubiera disciplinado en la virtud de la obediencia. Ambos aprovecharon la institución de la familia, cuya función era educar a los hijos en la obediencia desde el primer momento en que mostraran voluntad propia (generalmente, por lo menos, desde el inicio del control de esfínter). La voluntad propia del niño debía quedar doblegada para prepararlo para su ulterior funcionamiento adecuado como ciudadano.”
Erich Fromm, ¿Tener o ser?, 1976
PD: ¡¡ Libertad para Amadeu Casellas !!