Gonzalo Romero

Asociación Cultural Candela

Tomado de La Haine

Se llama Najwra Malha y su vida y su existencia, sus quehaceres, sus esperanzas y hasta sus agobios y depresiones nos habrían pasado totalmente desapercibidos si no hubiese sido porque las gentes que gobiernan el Instituto de Pozuelo de Alarcón, provincia de Madrid, donde ella acude a ser instruída, han decidido que la prohíben entrar al susodicho espacio instructor con su velo puesto sobre su cabeza. La presidenta de este tinglado extraño llamado Comunidad de Madrid ha declarado que ella cree, junto a sus amiguitos del Partido, que este pañuelo es un elemento de diferenciación y discriminación que es malo fomentar…

Sí, la Aguirre cree
, que el pañuelo de Najwra es un riesgo para la sociedad. Esta señora es creyente, aunque yo creo que profesa una fe extraña, aunque muy común. Una fe que no le toca la conciencia ni le hace menear una sola pestaña ante los millones de parados echados a la puta calle por los dueños del cotarro a quien ella sirve. O ante las decenas de muertos en el curro en empresas que incumplen elementales medidas de seguridad.

Una fe que le templa la conciencia y le anestesia cada noche. Una fe muerta y descompuesta para que no muestre la menor vergüenza por ser cómplice y encubridora de una mafia de estafadores públicos que se han llevado nuestro dinero… Profesa una fe que, por cierto, también cubre parte del rostro de mujeres monjas e incluso las prohíbe celebrar la santa misa o tener relaciones sexuales (mejor dejemos esto de lo del sexo en el catolicismo ultramontano, que no está el horno para ciertos bollos)… Pero, te cuento, Najwra, que estos otros velos son nuestros. Tu velo, sin tú quererlo, ha dado una patada en el avispero de su moral descompuesta. Y, aunque nunca te lo dirán, deberían agradecértelo porque les has dado de “comer” en sus abrevaderos, porque así aprovechan para ver quién agita más el gallinero ante las próximas elecciones. Han creado un problema en “su orden público y privado” donde no lo había. Mira por dónde tu velo no tapa tus bellísimos ojos, Najwa, pero con él se han escondido sus vergüenzas y lavado sus porquerías Aguirre y compañía.

Y tu velo nos ha servido también para saber cuán bello es mirar a Fátima, Latifa, Mainar y Nadia, tus amigas que se han puesto un pañuelo para decirte que están contigo y que no estás sola… Si aquí hubiese una escuela pública de verdad, entonces te permitirían ir con tu velo y dentro, en la comunidad educativa, vivirías un proceso tan enriquecedor y tan hermoso para ti y tus compañer@s, que cuando tuvieses que ir decidiendo cómo vivir siendo adulta, pudieses seguir con tu pañuelo o quitártelo, en virtud, también, de lo que hubieses aprendido allí dentro.

De momento, Nawjra, si es que te sirve de consuelo, algunos todavía sabemos distinguir lo que es un espacio educativo de un sumatorio de horas tristes de obligado cumplimiento, para moldear el lenguaje e ir preparando el terreno del “sí señor, lo que usted mande”.