El Cultural

Revoluciones de papel
A finales de noviembre de 1976 la revista Triunfo dedicaba
un artículo a la aparición de nuevas revistas teóricas.
El artículo se titulaba «Y ahora los mensuales». Se decía
en él que a las revistas ya existentes (Sistema y Zona
Abierta
) se habían añadido Taula de canvi,
Teoría y Práctica, El Cárabo, Negaciones
y El Viejo Topo. El artículo apunta que se estaba entonces
ante un fenómeno tan previsible como necesario porque desde
hacía años un conjunto creciente de profesionales había
ido acumulando información y teoría sin poder ofrecerla
y contrastarla mediante un canal periódico adecuado. Los semanarios,
Triunfo entre ellos, habían colaborado en la medida
de sus posibilidades, pero el autor del artículo entendía
que era necesario un espacio propio. 1976 es el momento de la eclosión
de estas publicaciones. Anteriormente no habían podido ver
la luz proyectos con unos propósitos político-culturales
tan claros. En los años sesenta y principios de los setenta
la única manera posible de formular planteamientos de ruptura
con lo que era el franquismo en España (y también con
lo que representaban las sociedades capitalistas occidentales) fue
escribir desde el extranjero, en la clandestinidad o en el encubrimiento.
Basta con pensar en revistas con una clara línea política,
como lo habían sido Realidad, Nuestra Bandera
o Cuadernos del Ruedo Ibérico, editadas en el exterior
y distribuidas clandestinamente en el interior. Pero también
en Primer acto o Nuestro Cine. En este caso, se trataba
de revistas legales dedicadas al teatro y al cine, que aportaban reflexión
crítica sobre lo que las obras ofrecían, sobre lo que
se podía ver y lo que no, sobre la propia sociedad.

Manuel Vázquez Montalbán, a principios de octubre de
1976, presenta en Triunfo la aparición de Taula de
canvi
con un texto que lleva por título «Teorizad, teorizad
malditos». Define la revista como la primera plataforma unitaria de
la izquierda catalana de la posguerra. Esta consideración parece
que no es compartida por toda esta izquierda y Vázquez Montalbán
concluye su texto explicando un reproche: En el transcurso de la
«copa de whisky escocés» o de «naranjada con burbujas hispanoamericana»
que se ofreció al final del acto, la profesora de la Universidad
Autónoma, Ángeles Pascual repartió gacetillas
anunciadoras de otra revista de reflexión teórico-política,
titulada El Cárabo. Para orientarme me dijo: «También
es una revista unitaria, pero de la izquierda no revisionista. No
me lo tomé como una indirecta
.

El Cárabo, tenía como director-periodista a Joaquín
Estefanía y reunió un conjunto de intelectuales vinculados
principalmente a la Organización Revolucionaria de Trabajadores
(ORT), partido que pretendía seguir el ala revolucionaria del
Movimiento Comunista Chino y combatir el revisionismo del PCE. No
obstante, fue un proyecto que quería vincular tres líneas
de la izquierda, una marxista-leninista, otra trotskista y la consejista
o autónoma. Como representante de esta última encontramos
a Joaquín Jordá, quien participaba en el proyecto de
Teoría y Práctica con otros miembros más
o menos vinculados al movimiento de la autonomía obrera. Era
una publicación de EDE (Equipo de Estudio Reunidos, S.A.),
sociedad presidida por Ignacio Fernández de Castro, que llevaba
por subtítulo «La lucha de clases analizada por sus protagonistas».
Buscaban dar voz a diferentes colectivos en lucha y ofrecer materiales
que presentaran la actividad que se estaba desarrollando, en muchas
ocasiones, al margen de partidos y sindicatos. Salvador Aguilar, Antonio
Aponte y José Mª Vidal Villa, profesores de la Universidad
de Barcelona vinculados a la revista, pusieron en marcha la edición
española de la Monthly Review, publicación de
referencia para buena parte de la izquierda norteamericana. La titularon
Revista Mensual/Monthly Review para indicar que presentaría
traducciones de la edición madre y también aportaciones
originales. Aparecería en mayo de 1977. Ese mismo año,
alrededor de Manuel Sacristán, surgiría el proyecto
de Materiales, más tarde mientras tanto (1979),
por personas más o menos vinculadas con el PCE y el PSUC.

Este es un breve esbozo del panorama de las publicaciones teórico-políticas
con las que se vinculaba a El Viejo Topo. Pero en su interior
había otras almas, también participaba de otro ámbito
en auge: el representado por cabeceras como Star, Ajoblanco
u Ozono. Pese a las significativas diferencias existentes entre
ellas, todas se sitúan en lo que podríamos denominar
la crítica de la cultura y de la vida cotidiana. Ozono,
aparecida también en 1976, aportaba gran cantidad de contenidos
centrados en las distintas manifestaciones artísticas (literatura,
música, cine, teatro…) acompañados de posicionamientos
políticos. Antes, en 1974, ya habían aparecido Star
y Ajoblanco, proyectos que fueron creciendo con el paso de
los números. Revistas reconocidas como culturales aunque, hablando
con propiedad, lo suyo era la subversión de la cultura. La
censura no tardó mucho tiempo en darse cuenta. Star
inició su andadura como un espacio para poder publicar cómics
y fue incorporando contenidos que la llevaron al underground
y la contracultura. Star y Producciones Editoriales, su empresa
editora, contribuyeron a emerger creaciones que tanto podían
circular por las calles de Barcelona, como llegar de los Estados Unidos.
Ajoblanco pasó por diferentes periodos (contracultural,
libertario…). Por encima de todo, como explicó Ramón
Barnils, fue el intento de gentes jóvenes que intentaron aprovechar
el vacío que se produjo en vigilias de la muerte de Franco
y que duró hasta la instauración de la democracia parlamentaria.

El proyecto zapador
El Viejo Topo había solicitado su inscripción
como revista cultural ya en 1974, pero no fue aceptada. Se les había
respondido entonces que una revista de esas características
podía tratar temas relacionados con las artes plásticas,
con la música y, siendo muy generosos, con la literatura, pero
que la filosofía y la sociología eran otra cosa. Estaríamos
hablando entonces de una revista política encubierta. Claro
que sí: El Viejo Topo quería ser una revista
política, en la acepción más amplia que pudiera
tener el término. En ese momento casi todo era política.
Por eso, cuando pudo aparecer, en sus páginas se habló
de teatro, cine, literatura, comunicación, filosofía,
sexualidad, psiquiatría…

El primer número de El Viejo Topo apareció el
mes de octubre de 1976. Al incidir en estas dos direcciones que se
han señalado, la de la reflexión política y la
de la crítica de la cultura y la vida cotidiana, ofrecía
propuestas rupturistas desde diferentes ámbitos, no estrictamente
el de las formaciones políticas. El espectro era mucho más
amplio; iba en consonancia con la trayectoria de los tres fundadores
de la revista. Claudi Montañà había participado en proyectos
como Fotogramas, Star, o Ajoblanco. Miguel Riera
y Joseph Sarret, compartían una editorial, la Mandrágora,
dedicada, principalmente a la filosofía. Riera, después,
pondría en marcha Iniciativas editoriales para poder editar
la revista Vibraciones, idea de Àngel Casas. Esta pequeña
empresa editorial también es la que pondría en circulación
algunos tebeos herederos de Rrollo, de Nazario, Mariscal y
compañía, después El Viejo Topo. Luego
vendría Butifarra!, revista de humor, cómic y
crítica social, y en 1978 Transición, revista
de análisis en el ámbito de las ciencias sociales. En
Iniciativas editoriales también habría espacio para
colecciones de libros como Ucronía o Los libros de El Viejo
Topo. La actividad editorial fue alta, muchos proyectos y muy diferentes
pasaron por sus manos, siempre ligados a la contestación y
la propuesta. Por ejemplo, el volumen de homenaje a la revista El
Papus
después del atentado sufrido o el libro dedicado
a la Assemblea de Treballadors de l’Espectacle de Barcelona y al Don
Juan que hicieron en el Mercat del Born.

El Viejo Topo no fue una revista de grupo, no respondía a las
directrices de una organización política, no hubo un
consejo de redacción que actuara como tal, era un espacio de
encuentro abierto. Era una revista de iniciativas para la nueva sociedad
en construcción y en ella confluyeron personas que en esos
momentos no estaban juntas en otros lugares. Este es un aspecto esencial
del proyecto.

Hay un segundo aspecto que debemos tener presente y que también
diferencia el proyecto: la difusión que logró la revista.
La difusión nos señala la aceptación que podían
tener los contenidos que transmitía. Podemos tomar como referencia
los datos de la Oficina de la Justificación de la Difusión
(OJD) que controlará la revista durante un año y medio,
entre mayo de 1977 y octubre de 1978. En este tiempo los ejemplares
de difusión han ido aumentando, con algún altibajo,
para pasar de 20.386 a 25.768 mensuales. La media es de 23.900 ejemplares
vendidos de cada número. Si nos fijamos en el número
de subscriptores, veremos que la cifra no deja de aumentar, de 519
a 1.909. De las revistas referidas anteriormente sólo Ajoblanco
podía moverse en estos números y superarlos, las demás
disponían de cifras bastante más modestas. Si nos fijamos
en los semanarios de información política, veremos que
Triunfo, en 1977 tenía una media de 63.306, Cuadernos
para el Diálogo
en 1978, antes de cerrar, llegó
a casi 60.000, y Destino en 1977 está en 33.344. Empezaba
la época de los nuevos semanarios de información general,
Cambio 16 en 1976 llegó a su máxima difusión
con casi 350.000 ejemplares. En 1978 llegaría el máximo
para Interviú más de 700.000 ejemplares. En 1979,
el top lo marcaría Pronto con más de 900.000
ejemplares de muchos de sus números. Si nos fijamos en la prensa
diaria podemos ver que El País tiene una difusión
media entre 1976 y 1979 que está cerca de los 140.000 ejemplares,
La Vanguardia, cerca de los 200.000, Mundo diario, alrededor
de los 45.000.

El Viejo Topo, en el último mes controlado por la OJD,
octubre de 1978, está en 25.768 ejemplares. Será, seguramente,
el momento álgido de la difusión de la publicación.
La cifra irá bajando para situarse alrededor de los 17.000
en el momento de su desaparición. El número del que
se hizo una mayor tirada fue el que coincidió con las jornadas
celebradas en el Pueblo Español de Montjuïc, en Barcelona,
los días 29, 30 de septiembre y 1 de octubre de 1978. Las jornadas
del I encuentro El Viejo Topo, que tenía por lema «Para
cambiar la vida».

Con la perspectiva del tiempo y una mirada más global, a los
dos aspectos diferenciadores que hemos visto, diversidad y difusión,
habría que añadir uno más: la correlación
existente entre lo que estaba ocurriendo en la sociedad española
y lo que aparece en sus páginas. El Viejo Topo no nos
permite seguir el día a día de la España de 1976
a 1982. No es una revista de actualidad semanal. No nos enteraremos
de la negociación de la Constitución, por ejemplo. Tampoco
es una revista teórica especializada, de grupo, que nos permita
reseguir detalladamente la introducción de determinados conceptos
y planteamientos. Pero funciona a modo de termómetro para conocer
el grado de la movilización de la ciudadanía, de su
participación. Existe la tendencia a presentar las revistas
y entender el papel de los intelectuales que colaboraron en ellas
como productores, generadores de pensamiento, agentes autónomos
capaces de incidir en la sociedad. Hay una fascinación por
lo emergente, aquello que brilla, lo que se identifica con cierta
exclusividad. Deberíamos, también, realizar un análisis
en el sentido inverso: ver cómo los intelectuales, las revistas,
son resultado del activismo de la ciudadanía. Las páginas
de El Viejo Topo nos muestran la efervescencia que existió
durante 1976 y 1977 y como fue descendiendo durante el 1978. A partir
de 1980 se inicia otro periodo de crecimiento con las movilizaciones
antinucleares y antimilitaristas. No existe desajuste entre lo que
se expresa en la revista y lo que circula por la sociedad.

El Viejo Topo es relevante por el trabajo intelectual que elaboró,
pero no debería ser analizada a partir de la historia de los
intelectuales que se preocupa, esencialmente, de su vida, milagros
y conflictos. Entiendo que la tarea realizada por estos trabajadores
tiene sentido en la medida que es expresión de un substrato
del que ellos participan, que los nutre. Ellos colaboran a hacerlo
presente. Su trabajo no tiene sentido si no podemos saber de qué
es expresión y qué repercusiones tiene. Su tarea adquiere
toda su significación en el momento que puede ser leída,
pensada y discutida.

Una antología interpretativa
La revista publicó en su primera época, entre octubre
de 1976 y junio de 1982, 69 números mensuales y 17 extras.
Al plantearse la elaboración de una antología las posibilidades
eran múltiples. Una opción, tal vez la más rigurosa,
si se pretendía recorrer toda la vida de la publicación
en su primera época, hubiera sido, de acuerdo con criterios
estadísticos, elegir una muestra representativa del universo
que son los contenidos de la revista. No ha sido la opción
que aquí se ha seguido: ésta es una antología
interpretativa. La selección es en ella misma un análisis
de lo que fue la revista en su primera época, sabiendo que
también fue muchas otras cosas que no están aquí
recogidas. Se ha considerado que lo más relevante era atender
a cómo se concretó la propuesta inicial de los impulsores
de la revista: «Un topo viejo, metáfora de subversión
y experiencia. Paulatina excavación de galerías subterráneas,
lenta y minuciosa destrucción de los cimientos de una sociedad
absurda. Labor acaso estéril: ¿quién sabe si por las
venas del ídolo corre ya tan sólo barro seco?»
Se
buscaba acabar con una sociedad y empezar a construir una de nueva.
Nada de reformas, ruptura.

La antología está centrada en dos momentos de la historia
de la primera época de la revista. El primero, entre 1976 y
1978. Son los meses de la efervescencia, del todo es posible.
Encontraremos aportaciones vinculadas a la izquierda de la izquierda,
al movimiento feminista y al homosexual, a los colectivos que denuncian
los instrumentos de control social como pueden ser la cárcel
o la psiquiatría, al cine o al teatro: propuestas para el aquí
y el ahora, reflexiones sobre un pasado que sirve de referente o consideraciones
a partir de la situación internacional. El todo es posible
se respira por todas partes, se está haciendo política
desde muchos lugares. En este sentido, considero especialmente relevantes
los textos de la sección de teatro. Son muy ilustrativos de
la movilización existente en la profesión. El segundo
momento, a partir de 1978 hasta 1982. La ruptura ya no es posible,
aparecen nuevas problemáticas, se reconsideran los idearios
y, a partir de los años ochenta, empiezan a emerger nuevas
contestaciones centradas en el ámbito ecologista y pacifista.
En la revista, estas movilizaciones no tendrán la presencia
que tuvieron los posicionamientos rupturistas durante el 76 y el 77.
Su implantación en la sociedad no tiene el mismo alcance y
la revista también ha cambiado. No obstante vuelven a emerger
las actividades, en este caso nuevas iniciativas, del topo viejo en
su lenta y minuciosa tarea.

En 1976 se piensa que la ruptura puede estar cercana. Los motivos
y los indicios sobran, tanto en España como fuera. A finales
de 1976 se celebra el XXVII congreso del PSOE donde se habla mucho
de la transición. De la transición al socialismo, obviamente,
concretamente al socialismo autogestionario. Distinguen tres etapas:
1) Transición del Estado fascista a un Estado de libertades
públicas de democracia formal. 2) Transición del Estado
de democracia formal a un Estado en el que la hegemonía corresponda
a la clase trabajadora, manteniendo y profundizando las libertades.
3) Transición de un Estado de los trabajadores a una sociedad
sin clases, del socialismo pleno, en la que la totalidad de los aparatos
de poder sea sustituida por la autogestión a todos los niveles.
Sin ir tan lejos, Convergencia Democràtica de Catalunya, reclama como
imprescindible una planificación que defina los objetivos fundamentales
de la economía del país en función del desarrollo
económico y del progreso social. Defiende la democracia económica
a partir de la socialización de los medios de producción.
Tiene como objetivo prioritario una más equitativa distribución
de la renta. La Unión de Centro Democrático, todavía
en 1978, habla de la necesaria intervención pública
en una economía de mercado para lograr la distribución
más igualitaria de la renta, la riqueza y el poder social.

La percepción de que la ruptura será posible se mantiene
en 1977 y empieza a cambiar durante 1978, cambian los ojos con los
que se ve el hoy y el mañana. La ruptura ya no es posible.
Lo podemos ver claramente en la evolución de los contenidos
en la revista. A partir de 1978-79 lo que veremos es la descomposición
de esta izquierda que no ha obtenido representación parlamentaria,
que ha visto decrecer su presencia pública. Los espacios de
la lucha se van cerrando. Entre diciembre de 1976 y diciembre de 1978,
España pasa de una dictadura a una monarquía parlamentaria.
El 15 de diciembre de 1976 se aprueba la Ley por la Reforma Política
y el 6 de diciembre de 1978 la nueva Constitución. Este proceso,
con Pactos de la Moncloa incluidos, esta dominado por la palabra «consenso»,
más concretamente por los que la usan, por los «consensuadores».
Se extiende la aceptación de lo sucedido. El Viejo Topo,
pese a desencantos y descontentos, con cambios, continuará
siendo un lugar de encuentro para las iniciativas que buscan transformar
la sociedad.

Son años de cambios importantes, no únicamente en España.
En mayo de 1975 la Comisión Trilateral (fundada en 1973 por
David Rockefeller y constituida por representantes de los estados
de tres partes del mundo: Estados Unidos y Canadá, Europa y
Japón) celebrará una reunión, participada por
Jimmy Carter entre otros, en la que muestra su preocupación
por el posible acceso al gobierno de Francia e Italia de coaliciones
de izquierda con partidos comunistas. Concluyeron con medidas para
limitar lo que esto podía suponer para la Alianza Atlántica
y hicieron propio el informe realizado por Samuel Huntington relativo
a la crisis de la democracia. Entre sus propuestas para evitarla:
Convertir los Parlamentos en órganos más técnicos
y menos políticos. Personalizar el poder para estimular la
identificación de los ciudadanos y reducir sus exigencias de
participación. Hacer de los partidos órganos de gestión
más que de discurso político; suprimir las leyes que
prohíben su financiación por las grandes empresas, y
sumar la financiación desde fondos públicos. Medidas,
que por un camino o por otro, se han acabado imponiendo en democracias
como la española.

A mediados de los setenta hay temor por las movilizaciones que se
están desarrollando en diferentes lugares del planeta con un
claro componente revolucionario. Pero a finales, la cosa ha cambiado.
Eso afecta a la transición española, a las diferentes
izquierdas existentes en el panorama internacional y lo podremos ver
en la revista. Afectará también a El Viejo Topo.
Es un momento en el que se juntan dos procesos de múltiples
repercusiones. Primero, el llamado mundo occidental está girando
a la derecha, Margaret Thatcher y Ronald Reagan son la personificación
de este proceso y dos de sus grandes difusores. Se inicia una nueva
época que entre sus fundamentos tendrá la desaparición
del Estado de todo aquello que pueda hacer una empresa privada que
obtenga beneficios y la desaparición de la sociedad, lo que
existen son individuos que tienen el deber de ocuparse de sí
mismos. Hubo una época en la que las reivindicaciones de mayor
libertad, igualdad o capacidad de decidir, que podían surgir
de las sociedades, parecían ir con los tiempos, a favor del
viento. Ahora ya no. Este giro no afecta únicamente por arriba,
afecta transversalmente las sociedades occidentales.

Segundo proceso: se harán presentes diferentes problemáticas
que desde hacía unos años se venían planteando,
especialmente las relacionadas con la supervivencia del planeta ante
las crisis ecológicas y militares, también en este caso,
no sólo en España. De la unión de estas dos realidades
surge una doble necesidad para aquellos que no han girado con el mundo
y se encuentran en los márgenes o sus alrededores: Replanteamiento
de los propios idearios incorporando las nuevas problemáticas,
luchas que son continuación e innovación, y búsqueda
de otras maneras de hacer política. La constatación
de que el parlamentarismo no es capaz de ofrecer una respuesta satisfactoria
lleva a otras maneras de hacer política. La emergencia de movimientos
sociales como el ecologismo o el pacifismo, vienen a mostrar los caminos
que siguen aquellos movimientos de contestación que no son
atendidos y buscan que exista el debate político, el espacio
público. Entre 1978 y 1982 la revista nos mostrará la
presencia que empieza a tener en la sociedad las posturas ecologistas,
antimilitaristas y pacifistas. Es el momento del inicio de las movilizaciones
antinucleares y contra la OTAN.

A través de las páginas de El Viejo Topo llegó
mucho de lo hecho, dicho, discutido en el mundo. Hay que destacar
la traducción de artículos publicados en revistas extranjeras
y las entrevistas con filósofos, políticos o escritores
del panorama internacional. Pero en la selección prima la voluntad
de presentar qué se estaba haciendo y debatiendo en España.

La izquierda de la izquierda

Bajo la denominación «la izquierda de la izquierda», utilizada
por la revista, se sitúan los individuos y colectivos que se
encontraban a la izquierda de la línea seguida por el PCE-PSUC y PSOE. Pese a las diferencias existentes y a los encontronazos que
podían tener en otros lugares, sus intervenciones parecen estar
orientadas por la búsqueda de puntos de acuerdo. Hay la voluntad
de construir una sociedad que permita a los ciudadanos que hasta ahora
han sufrido la opresión de una dictadura y del sistema económico
capitalista gestionar su propia vida. Las maneras de poner esto en
práctica podrán ser diferentes pero hay unos principios
compartidos. Parece que no hay modelos claros a seguir. No están
de acuerdo con las democracias capitalistas de su alrededor. La Republica
Federal Alemana, que se presentaba como la máxima representación
del occidentalismo, se descubre como un estado represivo. Se discuten
las posiciones eurocomunistas que se imponen en Francia, Italia y
España. El eurocomunismo no era la respuesta, tampoco la URSS.
En abril de 1977 se publica un dossier para analizar el estalinismo.
Hay acuerdo entre gentes de diferentes tendencias para criticarlo
por la represión ejercida, por su expansionismo y por su economicismo.
Algunos hablan directamente de capitalismo de Estado.

El eurocomunismo no es la solución, tampoco la URSS y su bloque,
¿entonces? Aquí, como en Francia o Italia, habrá quien
mirará hacia China. El primer número de El Viejo
Topo
coincide con la muerte de Mao. No se llega a preparar un
número especial y se decide postergarlo para un poco más
adelante. Eso sí, toda la página 2, la contraportada,
está dedicada a su efigie. Sería en el número
5, del mes de febrero de 1977, cuando se incluirá una topoteca
(dossier) dedicada a Mao y a la China del momento. Aquí, como
en Europa, hay un debate entre aquellos que entendían que en
China se estaba produciendo un intento grandioso de llevar a las masas
a asumir un papel autónomo en la organización de la
sociedad y los que veían una lucha entre cúpulas de
poder que instrumentalizaban a las masas. Entre los críticos,
se apunta algo que visto desde hoy parece muy evidente, la escasa
información disponible.

No hay modelos claros a seguir, pero parece que hay acuerdo en la
necesidad de ir más allá de la democracia formal pon
la consideración de que las elecciones no son la democracia.
En junio de 1977, ante las elecciones generales, la topoteca lleva
por título «Parlamentarismo y/o revolución». Se buscan
alternativas a la democracia representativa que se está imponiendo.
José Maria Vidal Villa explica que su primera reacción
es no participar. No se han cumplido las principales reivindicaciones
para poder realizarlas: legalización de todos los partidos,
amnistía total, auténtica libertad de reunión,
asociación, manifestación, expresión y huelga.
Además, no se ha podido poner en cuestión la forma concreta
de estado. Constituye delito cuestionar la monarquía. Y en
delito incurrió la revista al ilustrar la portada del mes de
abril de 1977 con una bandera republicana. La policía procedió
al secuestro de la revista. No sería el único problema
con la censura. No se puede admitir la represión que envuelve
a las elecciones pero se quiere aprovechar el proceso, en línea
de lo hecho por otras fuerzas políticas europeas como la Ligue
Communiste Revolutionaire o Democrazia Proletaria. No se trata de
buscar la potenciación del propio partido por una vía
electoralista. El objetivo sería organizar una campaña
orientada a dar a conocer las luchas en curso, a hacer difusión
de las reivindicaciones populares. Desde posiciones anarquistas se
es más contundente, José Elizalde, plantea que votar
es dimitir de la libertad individual y comunitaria.

El anarquismo había sido el protagonista de la segunda topoteca,
noviembre de 1976. Santi Soler, Luis Racionero o Eduardo Subirats,
con sus diferencias, planteaban luchar contra todo poder, incluso
el de los que se llaman a sí mismos revolucionarios y crean
estructuras rígidas que oprimen la ciudadanía. La revista
es un lugar de encuentro entre personas que desde diferentes posiciones
pueden compartir posicionamientos de base y el diálogo entre
marxistas y anarquistas es fructífero: Antonio Gramsci, Karl
Korsch, Rosa Luxemburg, Anton Pannekoek y los consejos pueden ser
territorio común. Hay una crítica rotunda a la democracia
formal que se está configurando y a aquellos que la hacen posible,
partidos y sindicatos, traicionando las propuestas revolucionarias
de las que en su momento participaron. En esta línea la autonomía
obrera es la última propuesta rupturista que se desarrollará
en las páginas de la revista. En el número 24, septiembre
de 1978, se le dedicará un dossier. A partir de aquí
crisis del marxismo y crisis de la militancia. La Ruptura ha desaparecido.

La voz de las mujeres
Hoy, al reconstruir la historia del movimiento feminista, se conmemoran,
con toda justicia, las luchas por la anticoncepción, por el
derecho al aborto o en contra de la penalización del adulterio.
Otras luchas no están tan presentes pero eso no quiere decir
que no hayan tenido lugar. Hubo mujeres que, desde organizaciones
políticas de izquierda, desde asociaciones de mujeres, desde
donde fue posible, intentaron luchar para construir una sociedad diferente.
El feminismo se unía con otros movimientos en lucha y el socialismo
fue durante bastante tiempo una condición necesaria. Alexandra
Kolontai abre la presencia de las mujeres en la revista. En el número
1 su figura inaugura una sección denominada «Estampa», dedicada
a presentar personajes históricos relevantes. Laura Tremosa,
quien firma la semblanza, destaca de ella que fue una mujer revolucionaria
y feminista capaz de no imitar los modelos e ideales de una sociedad
patriarcal y competitiva. La compara en este aspecto con otra mujer
fundamental para buena parte de la izquierda de la izquierda, Rosa
Luxemburg. Las dos no estuvieron al servicio de la revolución,
sino de las mujeres y los hombres que lucharon por una nueva sociedad.

En el número 4, enero de 1977, los grupos feministas se hacen
presentes en la revista. Bajo el título de «Política
y sexo. El feminismo en España» se reproduce una mesa redonda
organizada por la revista en la que habían participado seis
organizaciones del estado. En su conjunto, estas organizaciones se
muestran preocupadas por los problemas de la mujer sin abandonar los
del conjunto de la sociedad. Piensan que el socialismo no comportará
la inmediata liberación para la mujer, pero es una condición
necesaria. Se declaran fundamentalmente interclasistas porque se dirigen
a todas las mujeres, pero la Asociación Democrática
de la Mujer y el Frente de Liberación de la Mujer priorizan
a la mujer proletaria. Coinciden en la necesidad de abolir la institución
familiar o reformarla para conseguir unas relaciones libres e igualitarias.
Entienden que los anticonceptivos deben ser legalizados y pagados
por la Seguridad Social. En lo referente a la prostitución,
domina la disyuntiva entre el deseo de la desaparición de esta
práctica y la necesidad de escuchar las reivindicaciones de
las mujeres que se dedican a ella e incluirlas en la Seguridad Social.
Los grupos presentes en esta mesa comparten posición en una
de las discusiones relevantes en el interior del movimiento, están
a favor de la doble militancia, en asociaciones feministas y en partidos
políticos. No obstante, destacan el papel que debe tener la
mujer en su lucha y tienen presente la poca sensibilidad de los partidos
de izquierda por sus problemas.

Lidia Falcón, representa la opción defensora de la militancia
única. En el número 9, junio de 1977, aparecía
una entrevista realizada por Ana María Moix. Se presenta su
trayectoria en el ámbito político y el perfil bibliográfico.
Desde la Organización Feminista Revolucionaria trabaja para
la constitución del Partido Feminista. Entiende la mujer como
una clase, una clase enfrentada al hombre. Las mujeres, a su parecer,
han olvidado sus intereses de clase y han luchado por los de sus compañeros
ya fueran proletarios, campesinos o burgueses. Este debate se agudiza
pensando en las primeras elecciones generales de 1977. En el número
10, julio de 1977, se publica un dossier elaborado por Laura Palmés,
Assumpta Soria y Amparo Tuñón que recoge las posiciones
de diferentes asociaciones. Mujeres Autónomas considera que
las elecciones han sido un montaje. Nunca ningún partido ha
asumido una de sus reivindicaciones y poco antes de los comicios se
han acercado para conseguir su voto. Defienden una lucha fuera de
los partidos, fuera del sistema patriarcal y machista. Mujeres Autónomas
se presenta como organización de vanguardia hecha por las mujeres
al margen de los partidos, abierta a alianzas con el proletariado
revolucionario. Colectivo Feminista también entiende que la
lucha de las mujeres tiene que producirse fuera de los partidos y
proponen la organización de colectivos de base en los puestos
de trabajo y les preocupa llegar a contactar con las amas de casa
que no tienen lugares de encuentro. La Organización Feminista
Revolucionaria, de acuerdo con otros grupos, defiende directamente
el boicot electoral al considerar que se trataba de unas elecciones
antidemocráticas: no se cuestionaba qué tipo de gobierno
se quería y no había amnistía para los delitos
de la mujer. Vocalías de Mujeres, reconocía el oportunismo
de los partidos que habían asumido reivindicaciones feministas,
pero defendía votar un partido obrero pensando en un programa
global. Ya sean partidarias de la doble militancia o no, sus posiciones
son claras. Hay que ir más allá de lo que han hecho
los partidos políticos, pero esto no implica que la lucha se
centre en una cuestión de derechos, se quiere construir una
nueva sociedad.

A finales de 1978 encontramos el cambio en los contenidos relacionados
con el movimiento feminista. La ruptura también ha desaparecido
de su horizonte, desparece de sus intervenciones. Se producen variaciones
en los planteamientos del movimiento y en sus agentes. El protagonismo
de los colectivos decae, las asociaciones, las vocalías ya
no tienen la presencia de 1976, 77 o 78. Ahora en la revista el peso
de los feminismos lo sustentan autoras, Victoria Sau, Sacramento Martí,
Carmen Elejabeitia… Los debates giran alrededor de la sexualidad,
la maternidad o el patriarcado. La lucha contra el patriarcado casi
no deja lugar a la lucha contra el capitalismo. Sacramento Martí
cuestionará que el feminismo haya identificado bien los motivos
de su marginación y opresión en el artículo «Las
mujeres en busca de su enemigo», en agosto de 1981. El Viejo Topo
reflejó buena parte de la riqueza del movimiento feminista
existente. Se empieza con los primeros grupos de lucha en un momento
de eclosión, durante los años 1975 y 76, en el marco
del año Internacional de la Mujer, de las Jornadas de la Liberación
de la Mujer y de Les Jornades Catalanes de la Dona. Y se acabó
con los diferentes posicionamientos teóricos que convivirán
a principios de los ochenta. En septiembre de 1980 se publica el Extra
número 10 donde se pueden encontrar nuevos debates que están
surgiendo alrededor de los conceptos femenino y masculino, y del llamado
feminismo de la diferencia. Un debate emerge con fuerza después
de las II Jornadas Estatales de la Mujer en Granada, diciembre de
1979.

Ecologismo y pacifismo
Pep Subirós, quien será director de la revista entre
1980 y 1982, publica en el número 31, de abril de 1979, «Del
socialismo científico al realismo utópico». Reclama
la vigencia y la necesidad urgente de la utopía. Entiende que
los posibilismos que se ha aceptado defender no aportan nada. En un
mundo, ya en 1979, donde hay suficientes alimentos y bienes de subsistencia
para toda la población, incluso se han de destruir regularmente
contingentes para mantener los precios, la utopía debería
ser posible. Hay quien está trabajando para ello. Se fija en
sectores del movimiento obrero, incluso al margen del sindicalismo
establecido, y en lo que considera los dos movimientos más
fecundos, con futuro y anticapitalistas, el feminismo y el ecologismo.
En esta línea profundizará en el texto que escribirá
como presentación del Extra número 11, dedicado a Vieja
y nueva política
. Subirós planteará que es
en los movimientos sociales, todavía no institucionalizados,
donde la situación es más rica. Entiende que podemos
estar ante el lento surgimiento de una nueva izquierda, poliforme
y policéntrica, en la que la formulación de los contenidos
va por delante de lo organizativo. Una izquierda en la que se están
uniendo los que resisten con los que llegan.

La posición representada por Subirós no será
compartida por todos aquellos que están circulado en ese momento
por las páginas de la revista. Jorge Mª Reverte y Ludolfo Paramio
en su texto «Por otra izquierda (ni nueva ni vieja)», en el mismo
extra, harán un retrato de lo ocurrido después de las
elecciones que se han sucedido y una propuesta. Consideran que los
resultados han sido suficientemente evidentes, todas las organizaciones
políticas (OIC, MC, PTE, ORT, LCR…), que han intentado ir
más allá del PSOE y el PCE, no han recibido el apoyo
de los electores; posteriormente han ido perdiendo la poca presencia
que podían tener. Para Reverte y Paramio, la situación
es clara. Es un momento de descenso de la militancia, desencanto,
y repliegue hacia la vida cotidiana, en el que las cosas tampoco son
fáciles para el PSOE y el PCE. La apuesta debe ser por el reformismo
positivo. Se ha de iniciar un proceso que implique a la gran mayoría
de la población, es necesaria la unión del PSOE y el
PCE. No se puede esperar nada de los movimientos que están
surgiendo con reivindicaciones parciales: Las mujeres hablan de
feminismo como alternativa aislada y constituyen movimientos que no
tienen nada que envidiar a la IV Internacional por su capacidad de
fraccionamiento, nacen múltiples grupos ecologistas que desaparecen
como guadianas y vuelven a reaparecer de tanto en tanto armados algunos
de pistolas y explosivos y algunos otros (para completar el panorama
multicolor) con las doctrinas del ecologismo autoritario de Harich;
los homosexuales luchan por su cuenta, decididos a no olvidar que
los rojos no les querían antes ni en pintura, y los conciertos
de los Ramones muestran un público que reúne mitad y
mitad al más escogido lumpen y a los más escogidos leninistas
o ex-leninistas. Si se avanza poco en la construcción de una
alternativa socialista hay que reconocer que el país se pone
divertido para los que no sufren al tiempo los dos principales fenómenos
de la actualidad (la separación de las parejas y el desempleo)
.

Ante una misma realidad diferentes maneras de superarla. Las posiciones
de Subirós, por un lado, y Reverte-Paramio, por el otro, evidencian
las diferentes sensibilidades que en un momento determinado se encontraron
enla revista. Lo que representaban Paramio y Reverte no estuvo en
los inicios del proyecto ni lo estaría al final. Veremos como
será desde posiciones ecologistas y pacifistas, desde donde
se recuperará el empuje inicial para continuarla tarea del
topo, socavar todo aquello de despreciable que tiene esta sociedad.

En el ejemplar de enero del 1979 encontramos un artículo de
Francisco Fernández Buey titulado «Apuntes para un debate sobre
el ideario comunista. Su punto de partida es una observación
repetida por diferentes científicos: hemos entrado en una nueva
fase de la historia de la humanidad donde peligra la continuidad de
la existencia del ser humano. Commoner, Goldsmith, Meadows, Dumont,
Manshoilt o Heilbroner son algunos de los investigadores que han alertado
sobre los peligros de la crisis ecológica para la supervivencia.
Desde la perspectiva comunista, Fernández Buey, considera que
nuestra civilización incluso antes de pudrirse por el lado
social puede finalizar en una catástrofe natural, o por la
combinación de los dos factores. El asumir los avisos provenientes
de una parte de la comunidad científica, tiene enormes repercusiones
para todos, también para el ideario comunistas y otros idearios
emancipatorios. Entra en crisis la idea de progreso fundamentado en
un crecimiento ilimitado de las fuerzas productivas y en la existencia
de recursos materiales ilimitados. El ecologismo, que había
tenido una mínima presencia desde los orígenes de la
revista, empezaba a disponer de aportaciones serán más
significativas.

La presencia del ecologismo estuvo estrechamente relacionada con las
actuaciones en contra de la nuclearización del planeta. Se
unían el ecologismo y el pacifismo. No únicamente en
España. En noviembre de 1980 se publicó el texto, quizás,
más representativo de la CND (Campaign for Nuclear Disarmament),
«Protestar para sobrevivir». Su autor el historiador y destacado activista
a favor del pacifismo y la desnuclearización E. P. Thompson.
Le preocupan las repercusiones, para las sociedades, de la amenaza
nuclear. Los sectores más fuertes y vigorosos se corresponden
con aquellos vinculados a la producción bélica, se utilizan
las tecnologías más avanzadas, desviándolas de
un uso pacífico y productivo que pudiera reducir las desigualdades
de este mundo. Se promueven programas expansionistas de la insegura
energía nuclear mientras que la investigación en las
energías seguras provenientes del sol, el viento o las olas
se desprecian. En el ámbito político, la amenaza de
este estado de violencia latente permanente y las crisis periódicas,
llevan a la ampliación de las funciones de seguridad del estado,
a la intimidación de la disidencia interna y a la imposición
del secreto y del control de la información. En 1980, tres
décadas de miedo mutuo y hostilidad permanente se han introducido
en nuestra cultura y nuestra ideología.

Otros textos de Thompson y del movimiento que él representaba
llegaron a las páginas de El Viejo Topo. Por ejemplo
una entrevista con Ken Coates, director de la Fundación Russell.
Sus palabras nos ayudan a ver las dificultades de la aceptación
de las posiciones ecologistas. Se le pregunta por qué el movimiento
a favor del desarme parece ignorar el problema de las centrales nucleares.
En su respuesta reconoce que miles de personas participan en ambos
movimientos, como también hace la Fundación. Pero, en
la búsqueda del máximo consenso no se ha querido importunar
a aquellos que aceptan las centrales atómicas. Unos cuantos
meses antes, Joaquín Jordá llevaba a las páginas
de la revista una entrevista con G. Montesano, de Autonomía
Operaia, en Italia. Defendía que la lucha contra las centrales
debía salir de lo que llamaba la trampa de la ecología.
Estábamos en los orígenes de la consolidación
del movimiento y en determinados sectores cuesta hablar de ecologismo,
del mismo modo que cuesta hablar de pacifismo.

En España la posible entrada en la OTAN dinamiza la actividad
de los grupos antinucleares. La lucha contra el ingreso de España
en la OTAN, el militarismo y la energía nuclear concentran
buena parte de los últimos esfuerzos de El Viejo Topo.
La evidencia más clara de ello es el extra número 15.
Se pretende ofrecer materiales para ayudar a entender la actual escalada
armamentística en el mundo. Desde la Coordinadora Anti-OTAN
de Catalunya se dedica una especial atención a la situación
española con el deseo de generar una dinámica de contestación
similar a la existente en Gran Bretaña, Alemania, Holanda o
Italia.

1982 fue el último año de vida de la revista, la mayoría
de las publicaciones que compartieron propuestas y kiosco ya habían
desaparecido. Diferentes motivos llevaron a esta extinción
que contribuyó a la transformación del ecosistema: descontentos
y desencantos, crisis internas, endeudamientos, desarrollo de la prensa
diaria y los suplementos… El Viejo Topo puso fin a su primera
época, pero volvería once años después
en la misma línea, atendiendo a las propuestas emancipatorias
que surgen de la sociedad.

Miradas desde el hoy
Cuando hoy se echa la vista atrás para hacer historia de lo
que fue la lucha contra la dictadura y por una nueva sociedad, ya
se empieza a ir más allá de las figuras de la alta política.
Poco a poco, y el trabajo que queda por hacer es mucho, en esa historia
empiezan a tener presencia obreros, estudiantes, sectores de la iglesia,
asociaciones de vecinos, feministas, intelectuales… No obstante,
a las reticencias existentes para incorporar a estos protagonistas
de la historia en el relato de los hechos, hay que añadir otra
práctica que debemos salvar. Cuando aparecen en el relato,
si se les deja hablar, hay la costumbre de doblarlos. Es como aquel
actor o actriz que tiene muy buena imagen pero mala voz. En este caso,
lo que ocurre es que no acaba de interesar lo que decían. Únicamente
interesa su contribución al final feliz, a la democracia realmente
existente en España desde 1978. No se atiende a la diversidad
de sus propuestas, de sus objetivos, que en muchas ocasiones, poco
tenían que ver con la democracia representativa, la monarquía
parlamentaria, y el capitalismo. La historia de la revista El Viejo
Topo
es, entre otras cosas, una parte de la historia de aquellas
ideas, de aquel activismo, de las personas y los colectivos que las
encarnaron.

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  1. El Viejo Topo (1962-1982): Cuando la participación es la fuerza.
    140.000 ejemplares vendidos del libro de la noche a la mañana del gran federico jimenez losantos

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