La imagen de Aznar, reunido con su corte de admiradores aplaudiéndole la última de sus gracias, al anunciar que todo el mundo sabe que en Iraq no había armas de destrucción masiva y que él también lo sabe… ahora, es la imagen de la mayor ignominia hacia el pueblo que se manifestaba contra una guerra que nació inmoral y que hoy es una vergüenza colectiva de los que la mantienen.

Pero, además, las palabras de Aznar son una gran mentira, porque ahora Iraq está lleno de armas de destrucción masiva, y no me refiero únicamente a las que ha llevado allí la “mayor potencia militar del mundo”; las armas que destruyen diariamente y de forma masiva al pueblo iraquí son el odio religioso y el odio étnico que ha encendido la coalición internacional a las órdenes de Bush y Blair, con la palmadita en la espalda del tipo que hace unos días sonreía ufano ante los suyos, diciendo que no fue bastante listo para saber que no existían las armas.

El señor Aznar es un cínico, porque él sabe, como sabíamos millones de personas en todo el mundo cuando salimos a la calle, que lo que en Iraq se buscaba no eran armas sino petróleo, como dijo el hermanísimo de Florida, cuando habló en su visita a España de las “enormes ventajas” en el reparto. Y los Tribunales Internacionales deberían tomar buena cuenta de este cuarteto de las Azores, porque lo que ha quedado demostrado es que provocaron una guerra sin tener las pruebas que esgrimieron para justificar la invasión.

¿Puede realmente el señor Aznar y los que le apoyaron y le siguen aplaudiendo, dormir con la conciencia tranquila, al ver las decenas de personas que cada día son destrozadas en las ciudades de Iraq por esas armas de destrucción masiva que ahora sabe que no existían? O miente ahora o es un inmoral, o ambas cosas.

Ya es hora de que alguien en su partido, que se declara oficialmente defensor de la religión católica, exija pedir perdón públicamente, no a los que pedíamos que la agresión no se produjera, sino a las palabras del fallecido Papa Juan Pablo II, que pidió que no se siguiera por la senda de la guerra. ¿Tampoco eso lo conocían?

Desgraciadamente las armas de destrucción que hay ahora en Iraq no se desactivarán cuando la ocupación termine y los atentados dejen paso a la convivencia. Una vez olvidado del resto del mundo, en Iraq quedará encendida la hoguera del rencor entre las facciones que se han destrozado durante estos años por el fanatismo religioso y del odio étnico entre musulmanes y kurdos. Y esas también son armas de destrucción masiva, señor Aznar, para que usted lo sepa… ahora. ¡Que duerma en paz!-

José Julio del Olmo

Ecologistas en Acción de Albacete