
Guerra Eterna
Esta vez nadie se mostró horrorizado. La vicepresidenta Fernández de la Vega, tampoco. Quizá porque no estaban por ningún lado en el aeropuerto de Barajaslas cuatro mujeres del príncipe Sultán, príncipe heredero de Arabia Saudí y ministro de Defensa.
Tampoco había rastros de los millones en sobornos recibidos a cuenta de las compras de armamento, gestionadas por el imperio de Sultán.
Por algo le llaman «el sultán de los ladrones»
