
107. El libro “Enfermos de información. De cómo el torrente mediático está saturando nuestras Vidas” de Todd Gitlin lamenta la atronadora cacofonía causada por el «torrente incesante de imágenes, sonidos e historias», propia de la sociedad de la información. La información hoy es el nuevo nombre de la propaganda, ya que es seleccionada, interpretada y servida según exigentes criterios constituidos a partir de la razón de Estado, de las apetencias de los poderes intelectuales y del bien de la gran empresa, a los que se sacrifica la objetividad, veracidad, pluralidad e imparcialidad, que los medios dicen respetar pero no lo hacen y nunca lo harán. Los colosales flujos de información
que caen sobre el desventurado sujeto medio, a menudo sin que él los demande, en la actualidad
tienen como resultante mas obvia anular en éste la capacidad de pensar y juzgar de manera independiente,
no permitiendo que tenga un solo instante para cavilar, como debe hacerse, en silencio y
en soledad.
Tal masa de información no aporta nada, o casi nada, de positivo al individuo, en quien
el pomposo derecho formal a una información verdadera anula el fundamental derecho a pensar
por si mismo, a partir de su propia experiencia directa, con los datos proporcionados por ella y por
la de sus iguales. Lo que necesitamos es reflexión, mucho más que información, por lo que hemos
de negarnos como sujetos «hiperinformados» para afirmarnos como sujetos reflexivos. En una sociedad
libre no ha de haber lugar para los monstruosos aparatos de información-aleccionamiento
que hoy padecemos, que deben ser sustituidos por los procedimientos de la democracia, asentada
en la asamblea, y por la minimización de la masa de información, para hacer a esta respetuosa con
la libertad de conciencia y al mismo tiempo útil.
Para ello, es el pueblo políticamente organizado el
que ha de constituir y mantener un nuevo orden informativo.
Sobre estas materias véase también
“La sociedad persuasora. Control cultural y comunicación de masas”, de M. Roiz.
Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).
“Enfermos de información”
Me parece un poco desfasada esta forma de pensar, y mas aplicable a la «era televisión» que a la «era internet».
En la era internet, cada cual es capaz de filtrar lo que quiera y hacer caso a lo que le interese, y a lo que no, pues no.
Y también es capaz de proyectar o retransmitir su propia selección de información. Esto es un proceso verdaderamente democrático, totalmente ajeno al control de masas, y con el que este último no puede luchar de ninguna manera.
Ciertamente si estoy de acuerdo con el articulo en que esto hay que hacerlo desde una posición reflexiva, pero creo que la abundancia de información no es perniciosa en si misma: Es la falta de reflexión lo que ocasiona el problema.
Por el contrario, la abundancia de información, para aquel que es reflexivo de partida, significa una forma óptima de acceso a la realidad lejana, en tiempo y espacio.
No se puede enseñar a reflexionar: Eso es algo que cada uno aprende por si mismo, a base de desengaños o errores.
Ni podemos enseñar a reflexionar, los que queremos que la gente reflexione, ni tampoco los que quieren que la gente no reflexione, pueden evitar que esta lo haga de motu propio.
internete
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PD: La abundancia de información puede marear o provocar vértigo, pero el vértigo o el mareo se pasan, y por lo general la gente termina aprendiendo a lidiar con ellos.
De hecho diría que la abundancia de información, mas que marearnos lo que está haciéndonos es que aprendamos a separar el grano de la paja, cada vez con mayor precisión.
Quizá el problema (por esto me gusta tanto el nombre y estilo de esta web), sea que «una vez que aprendemos a filtrar, ya lo hacemos de forma automática y ultrarápida, lo que suele adolecer de falta de reflexión».
La información nunca sobra: Lo que sobra son las prisas y el filtrado rápido, cómodo e incosciente.
¡Que queremos resolver todos los problemas de un plumazo, como si fuera muy sencillo!
“Enfermos de información”
Discrepo de esa cualidad que otorgas a “cualquiera en esta era” de filtrar la información y quedarse con lo bueno desechando el resto. Si tal cosa fuera así no viviríamos en una sociedad tan absurda en la cual la mayoría de la gente se comporta de acuerdo a parámetros que no resisten el más mínimo juicio lógico.
Yo opino que el adoctrinamiento hoy es mayor que nunca. En otras épocas lo llevaban a cabo a base de censurar parte de la realidad. Hoy siguen haciendo eso de alguna forma pero sobre todo utilizan la sobresaturación de información, la cual vuelve insensible e indiferente a la gente ante las mil canalladas de las que se entera cada día.
Por lo que leo, estamos de acuerdo en que en esta sociedad de la velocidad, la información y el espectáculo falta silencio y falta valorar el tiempo necesario para pensar, para estar con uno mismo, para hacer examen de conciencia, para contemplar, para todas esas cosas que posibilitan que seamos individuos con ideas y sentires propios y no números de las estadísticas y balances contables.
A mí la reflexión del artículo, como en general todas las del libro, me resulta bastante bien encaminada.
“Enfermos de información”
No creo que podamos definir estos años como «era internet» sin caer en una simplificación de la realidad. El texto habla de una realidad mucho más amplia: el vendaval de información que nos sacude no lo hace sólo a través de la red.
Comparto la opinión de que la abundancia de información no es perniciosa por sí misma, aunque sí puede traer diversos problemas como la erudición enfermiza o la sobresaturación.
La vida de casi todos los que leemos esta web se ha desarrollado en una época en la que, incluso antes del desarrollo de internet, se podía acceder a más imformación de la que podíamos procesar. ¿Alguien ha leído todos los libros de la biblioteca de su pueblo? De este modo, desde hace tiempo existe la posibilidad de que a alguien se le nuble el entendimiento y se dedique simplemente a almanezar datos en su pobre cabecita.
La característico de los últimos años quizá no sea que tenemos mucha más información disponible (si sólo sé contar hasta 100, ni abarco el 101 ni el 500 000), sino la velocidad a la que ésta nos llega. Esto es lo que dificulta que podamos reflexionar: no existe un momento sin novedades ni interrupciones. Salgo al centro de mi ciudad pensativo y me interrumpe una llamada al móvil, leo un artículo en la wikipedia y antes de acabar el primer párrafo ya he ido a tres enlaces distintos (y en cada uno de ellos a otros tres), leo El código da Vinci y hablo con una amiga por el messenger… y no es nada fácil lidiar con todo esto, y lo peor de todo… nos educa en lo inmediato y en lo simultáneo: todo lo contrario a lo reflexivo.
Por otra parte, intento rebatir la idea de que en internet se produce un flujo de información democrática que escapa del control de masas. Sí, es cierto que aquí hay un pequeño espacio para gente que quiere expresar sus opiniones, para grupos que quieren publicar sus canciones, para la contrainformación; pero también que el poder tiene muchísimo más espacio que nosotros y que,mientras antes la gente dedicaba más tiempo a observar la cotidianeidad por sí misma, ahora devora gustosa y pasivamente lo que youtube, hotmail o la web de Tele5 ofrecen.
Saludicos a tos.